“EL MISTERIO DEL CARMEN” (CONTINUACION)


Del aljibe del Rey salían dos acequias y un gran atanor (tubería árabe fabricada con barro vidriado). La situada al derecha, baja por el callejón de las Monjas, continua por el acueducto del  Arco de las Monjas,  dando agua al palacio real de Badis( Dar Al- Horra), Monasterio de Santa Isabel y termina en un atanor que nutren los aljibes de San Miguel y de San José.

 

La segunda acequia, se introducía dentro del Huerto del Carlos, llenando la gran alberca que este poseía, el agua embalsada  se utilizaba para regar  su  fructífera huerta. La acequia continuaba bajando  paralela a la calle Pilar Seco. A mitad de esta vía daba un ramal, que alimentaba un atanor, que  por medio de   un partidor surtía de agua a la casa señorial que hoy corresponde al número 4 del Pilar Seco.Esta  acequia terminaba en un habitáculo que existía en la esquina con camino Nuevo de San Nicolás.  A este recinto se le llamaba la Casa del Agua, debido a la pendiente del terreno y al estar el huerto en un plano superior, el agua corría a gran velocidad y salvaba  el  correspondiente desnivel,  mediante una imponente catarata que se podía observar dentro de casa del agua, del foso,  que siempre estaba cubierto de agua, salían dos grandes atanores, uno se dirigía a  la calle Almirante para bajar  hasta  la aljibe de la Cruz Verde y continuando por San Gregorio termina en la placeta de las Porras. Mientras el segundo toma el rumbo de la calle de la Tiña, para terminar el la placeta de Bravo.

 
En el albayzin árabe, solo las casas señoriales tenían derecho a agua  de la acequia de Aynadamar, que constaba en la escrituras de propiedad de la casa. La mayoría de las casas no tenían agua, se abastecían de los aljibes públicos, sacando el líquido elemento con pequeños cubos llamados acetres. También a estos aljibes se trasladaban las mujeres para lavar y enjuagar la ropa e  incluso las ponían a solear y secar.

A la mitad de la calle Pilar Seco, incluido en un cauchil  existía un partidor  y  por medio de atanor el agua llegaba a nuestra casa morisca.

Pepe el cañero era el encargado de retirar el sortador o tapón que cerraba la entrada del agua a la  casa morisca del abuelo Miguel, entrando  bajo el suelo del zaguán, hasta llegar el patio interior y discurriendo por lado oeste, llenaba una gran tinaja donde se almacenaba el agua destinada a la bebida, (situada donde hoy esta el lavadero). También llenaba una alberca, cuya agua se utilizaba para uso domestico, esta se localizaba  donde actualmente se encuentra el almacén del tío Pepe.

La cañería continuaba hasta llegar al patio del carmen, a la altura del piso donde vivía la tita Paquita, traza un ángulo recto para continuar paralelo a la fachada sur de la casa  (En recientes obras de restauración se descubrieron aquí los correspondientes atanores). De esta manera el agua llega al lavadero del carmen.

Almacenándose el preciado líquido en un gran aljibe, que aun hoy se pude observar, también llenaba un pozo y una alberca que servia para regar el huerto y jardín.
Posteriormente se añadió una nueva tubería que unía, el atanor principal, a su entrada en el carmen, con un depósito de agua que estaría localizado cerca de la entrada a la casa.

Desde este deposito, mediante una tubería de plomo y con su correspondiente bomba de presión, subía el agua al piso de nuestros abuelos, todo un lujo para aquellos tiempos.

Volviendo otra vez al aljibe del Rey, vimos  que también disponía un gran atanor, este cruzaba la plaza del Cristo de las Azucenas, y dirigiéndose a la izquierda  discurría a través  de una callejuela que hace dos centurias se llamo, la calle del Tesoro, la gran tubería  desembocando en la calle de María de la Miel, desciende por  esta vía para poder  abastecer el Aljibe del Gato y continuando  por la cuesta del Granadillo, finaliza en la placeta Almez.

La Calle del Tesoro, recibía este nombre, por la creencia popular de que al principio de esta calle, estaba situada la casa del  judío Ibn Negréela,  primer ministro del rey Badis. Personaje avaro que amasaba una gran fortuna. La tradición aseguraba que el fabuloso tesoro de este corrupto ministro, fue enterrado en estos lugares. Esta calle con tanta leyenda, quedo en englobada dentro del Carmen de la Concepción,  propiedad de la acaudalada familia Rodríguez Acosta, y de nuestra casa morisca. La citada callejuela fantasma, tenía una fuente o aljibe, que por suerte para los moradores de la casa mudéjar, quedó dentro de su propiedad.

 Si accedemos al callejón anexionado a nuestra finca, al final de éste, nos encontraremos con una rudimentaria cuadra, en cuya pared derecha podemos ver una especie de pilón, por donde manaba siempre  agua fresca. Fue el gran secreto, que con tanto celo guardaron nuestros abuelos. Nunca supieron por qué salía el agua por aquella pared. Pensaba que era  un embrujo  o cosas antiguas de  moros.


La casa morisca estaba tocada por la suerte, tenía agua permanente y gratis.
El uso del agua en Albayzín fue origen de grandes conflictos. En el periodo musulmán el rey o un alto funcionario de su corte, musulmán,  era el encargado de impartir justicia en temas de agua. En la época cristiana funcionó el llamado Tribunal de las Aguas, cuyo origen se remonta a 1501, estando en vigencia hasta bien entrado el siglo XIX. Debido al incremento de pleitos e incluso riñas mortales entre los agricultores y propietarios con derecho a agua. Las ordenanzas introdujeron severas sanciones a los infractores. El Tribunal de las Aguas,  desapareció con la desamortización de la primera mitad del siglo XIX, sus funciones fueron asumidas por la Comisión Municipal de Aguas y después por el Ayuntamiento.
Entre los oficios relacionados con el agua en el Albayzín figuraban los acequieros y cañero. Se trataba de personas de alta consideración. Pues eran refrendados por el Rey a propuesta del gobierno de la ciudad. Normalmente se trataba de moriscos o cristianos nuevos,  buenos conocedores de las conducciones y costumbres de las gentes. El cañero era la figura clave de este entramado, con su brazo arremangado que sumergían en los cauchiles, tomando el pulso húmedo a las tierras. Todavía hay muchas personas, que  los recuerdan, con sus largas y vibrantes medias cañas hurgando en los partidores.
Pepe nuestro cañero era un descendiente de esta estirpe, estaba orgulloso de su profesión, meticuloso y observador se hizo viejo estudiando y vigilando la casa morisca de Miguel, pero nunca fue capaz de descubrir el Misterio del Carmen
En el siglo XIX, la venerable antigüedad de este sistema de conducción, empezó a resentirse. Con el paso del tiempo esta autentica filigrana de ingeniería diseñada por los árabes, debido al paso del tiempo y la fragilidad del material. Hacia que cada día  fueran más frecuentes los problemas de suministro y de salud.
Durante siglos había funcionado con precisión este sistema de doble red de cañería para agua potable y desagüe, trazado y puesto en práctica por los árabes.
Pero el deterioro de este sistema dio lugar  a una “leyenda negra” sobre las aguas de Granada. Siendo causa de frecuentes  epidemias de tifus. Los largos años de  esta mala fama del agua granadina,  fueron cruciales en los auges de los aguadores, personajes simpáticos y populares. Bajaban el agua dela Alhambrao la traían del Avellano, en garrafas colocada  a ambos costados de sus burros.
¡” Acabaica de bajar la traigo ahora”!,
¡“Fresca como la nieve”!
!” De la  Alhambra, quien la quiere”!

En 1876 debido a la aparición de un gran brote de tifus, el Ayuntamiento aprueba un ambicioso proyecto de abastecimiento público de agua. Pero por motivos económicos, de contiendas y otros problemas no se pudo realizar.
Gallego Burín desde 1940, trabaja infatigablemente para solucionar este problema de una vez por todas
En 1950 el alcalde Burín. Podría estar orgulloso, pues finalizaba con éxito su empresa. El agua captada en la cuenca del Genil, circulaba por el albayzín con una calidad envidiable.
Al principio el agua no tenía bastante presión y mucha gente siguió utilizando los aljibes,  pero  años más tarde montaron un depósito en la muralla y ya hubo presión suficiente, solucionándose el problema de una manera adecuada.
Y la “leyenda negra” del agua de Granada quedo extinguida para siempre

El abuelo Miguel, acostumbrado a disfrutar de agua gratis durante más de dos décadas, se quiso adaptar a los nuevos tiempos, y realizo las pertinentes operaciones, para que este beneficio se prolongara hasta al juicio final (Los que hemos vivido en esta finca comprendemos claramente el enigma de estas frases).

FIN

Manuel Vicente Prados

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