Personajes con solera de la gente albayzinera.


 

Los albaicineros somos muchos pero solo unos pocos quedan en nuestra memoria. Estos recordados vecinos son los verdaderos personajes del barrio. Suelen ser gente normal,  pero por su idiosincracia,  servir a la colectividad o tener mucho trato con la gente, han superado  el olvido estando siempre  en nuestro recuerdo. Miguel Vicente  colaborador  habitual  nos recrea  algunos de estos protagonistas que  muchos de nosotros conocimos.

Era ya una desesperación la que me producía el trabajo de zapatero remendón por su contumaz relajación, siempre te decía mañana me pongo a ello luego, se enfangaba en otras tareas y para ti no pegaba ni un sello. Eran montones de zapatos los que se amontonaban en tan escueta habitación, debía ser imposible saber de cada cual su ubicación. Por eso cuando le decías Eduardo ponte con lo mío que ya es de verdad que de lo que me dices no me fío. Te decía con mucho salero, no te preocupes que lo tengo ahí ¿no lo ves? Y tú le decías que ese mi zapato no es, entonces se levantaba ajustándose el delantal al que no le cabía una lámpara más y rebuscaba cada vez a mayor profundidad en los montones de zapatos, botas, botines que inundaban la escueta habitación hasta el último de sus confines.

Y seguía sin encontrar el de tú propiedad. Ya te ponías en lo peor, más él te decía que haya tranquilidad, que es que lo tengo a buen recaudo en la habitación de al lado ¡qué locura zapatera nadie ponía orden en la montonera¡ mi madre, Cándida, como lo conocía, me mandaba a mí para que lo vigilara a hacer de día, para ver si así lo conseguía, y yo me pasaba con Eduardo casi todo el día. Tenía el pelo rizado y de color panochado  y siempre un perro callejero dormitaba a su lado. Era curiosa la mesa de trabajo, entre los zapatos a medio arreglar, la navaja recortaora, las tenazas y las puntillas zapateras no cabía ni un solo colgajo. Se afanaba metiendo el zapato en la horma y martillearlo con maestría conseguía que el zapato adquiriera su forma. Lo mismo te arreglaba un contrafuerte que le echa medias suelas o le daba lustre a los botines de baile de las mozuelas. Unas tapillas para los tacones y un buen ajuste para los zapatos chancletones. Para él eran especiales clientes aquellos que del Sacromonte eran procedentes, pues les dejaba listos para el taconeo los zapatos de los bailaores y bailaoras que en las zambras se ejercían en el bailoteo. Sacaba por ellos unos buenos dineros y por lo mismo sus remiendos eran los primeros. Todo eso me contaba en las horas que allí pasaba, esperando que llegara la hora con resignación en que iniciara en mis zapatos su labor de remendón. Al final te decía vente mañana que me pongo con los zapatos se tu madre y de tu hermana. Qué arte tenía cuando te emplazaba par el siguiente día, más que artesano era un artista, que en alambre del engaño ejercía de malabarista.

Al día siguiente me tenía allí en la puerta presente, pero no había garantía de que por allí apareciera haciendo aun más larga mi espera. Pues tampoco tenía un horario, este zapatero remendón, poco cumplidor y bastante estrafalario. Abría cuando le daba la gana, y se encerraba por dentro cuando presentía que por su tardanza habría jarana. Yo, como su treta ya la conocía, aporreaba la puerta hasta que me la abría. Entonces me contaba la historia de cada cliente y así me tenía del barrio al corriente.

Los zapatos en aquella época no eran de temporada, mientras tuvieran arreglo en el tiempo perduraban, no había calzado perecedero mientras tuviera arreglo en el zapatero. De ahí los montones de calzado que Eduardo tenía por todos los rincones. Algunos seguro que ya no tendrían dueño al haber entrado éste en su eterno sueño. Cuando se veía asfixiado por tanto trabajo acumulado aparecía, otro zapatero remendón que se acoplaba en la mesa que justo en la esquina de la puerta de entrada se encontraba. Con qué placer inhalaba el olor de la cola y el pegamento cuando Eduardo lo utilizaba con fundamento. A pesar de la espera y desesperación hoy recuerdo con mucho cariño a aquel zapatero remendón. Tenía su taller justo en la cuesta de María la Miel.

 

Otro personaje singular que al hilo de lo anterior acabó de recordar quiero remembrar, es el de Pepico el de las inderciones o inyecciones que en barrio se lo conocía con sendas advocaciones, también Pepico el practicante, pero sólo así lo llamaba la gente importante. Su dispensario de encontraba en la Calle Panaderos, donde tanto como padre e hijo ejercía para todos los albaicineros.

 

La sala de espera  estaba en la entradilla justo el paso previo a que alguno de los banderilleros te pusiera la estocada a modo de banderilla. Justo en frente pasado una puerta en forma de arco había una carabela sobre su propio catafalco, qué susto  me daba que se sumaba al que ya de mi casa llevaba. En un infiernillo se desinfectaban las agujas para que padre o hijo realizaran su labor torera, de un certero estocazo en la nalga tenías clavado el estoque hasta la cruceta listo para que te inyectaran el medicamento de la receta. Ya tenías el culo lacerado en espera de que al día siguiente otro saetazo de Pepico el de las inderciones te diera nuevos motivos para tus aflicciones. Entre la aguja de la inyección y la mortal carabela te pasabas la noche a duermevela. Por esas agujas desinfectadas las nalgas de muchos albaiceros y albaicineras quedaron con pericia estoqueadas.

Y la tercera persona ya no debo tener en más espera, me retrotrae al Sargento Colomera. En el Albayzín del pasado siglo, sobre la década de los sesenta, había un personaje que a la chiquillería inspiraba el miedo que su figura representaba. Armado de un tricornio y un bigote imponente que a su porte le confería el enorme respeto que el mismo infundía a la chavalería, con un carácter rayano en la hilaridad aplicaba despóticamente la autoridad. Era de baja graduación, como Sargento Colomera lo conocía toda la población. Pero él se creía tan importante como si hubiera llegado en la escala de la Guardia Civil Comandante. Al que subscribe siempre provocó una gran turbación, cuando el Sargento Colomera hacía su aparición, era el momento de iniciar la retirada no fuera que dejara mi alma sincopada.  Para las madres era el mejor recurso para infundirnos susto, no os retiréis de la finca comunera y si así lo hacéis os encontraréis con el Sargento Colomera. No iba solo el representante dela Benemérita pues ante una situación hostil siempre había una pareja dela Guardia Civil.

Cerca de la casa morisca donde yo moraba estaba el cuartelillo de la Benemérita, haciendo esquina entre la calle del Aljibe de la Gitana y la placeta de las Minas, donde espetaban los guardiaciviles sus carabinas. Y no muy lejos estaba el cuartel de los Mascarones en la calle Pagés. Recuerdo como cuando se fue del Albayzín destinado en nuestra provincia a otro confín, que para la fiestas de San Miguel, en su procesión salía un burro junto a un personaje que del Sargento Colomera era su representación. Recuerdo como cuando se fue del Albayzín destinado en nuestro provincia a otro confín, que para la fiestas de San Miguel, en su procesión salía un burro junto a un personaje que del Sargento Colomera era su representación, nunca supe el significado de esta sutil alegoría y si algo más el burro pretendía.
Y como guinda del pastel no debería olvidarme del Coronel, grande, grueso, sujetaba sus calzones con unos tirantes que junto a su lustroso calvero lo investían como un auténtico señor de los de antes. Tenía su obrador pastelero en la calle Cascajal esquina con la Calle Bocanegra, donde hacía tartas y pasteles que quitaban el sentío a todo el barrio albaicinero, el Coronel vivía en el Carril de la Lona, en las viviendas que de la casa de la Lona eran adendas. Y ¿quién no recuerda a Antonio, el hoja? que cuando se emborrachaba, cosa muy habitual,no paraba de gritar hoja pelleja a modo de soflama o moraleja, este singular borrachín le dada al trinque y no tenía fin. Y que me decís de la Paquita, nunca he visto más gracia en un mariquita. Hasta que se cabreaba porque la chavalería tranquilo nunca lo dejaba. Con su bolso bajo del brazo atravesaba el Arco de las Pesas para hacer los mandaos sin ninguna pereza. Con qué arte y salero se atusaba el pelo. Y Jose el que ejercía por sus méritos singulares de policía, no le cabían al chiquillo más carnet en su bolsillo. En un pis pas te procedía a detener sin que nada pudieras hacer. Mis padres le tenían mucho cariño y por su bar Jose todos los días aparecía y un café mi padre le servía a este ilustre policía.
Son personajes singulares que a los albaicineros de aquella época su remembranza nos acompaña por todos los lares.

 

Miguel Vicente Prados.

 

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18 respuestas a Personajes con solera de la gente albayzinera.

  1. Enrique Yudes dijo:

    felicitaciones por la paguina,os voy a dejar algunos apodos simpaticos de gente del barrio:el Batato,chusmalacatea,cagarrache,cuatrotiros,colilla,cohetero,culotieso,curiana,bocarradio,bandurrias,enchufista,mollo,panduro,lagañas,mascota,maeras,pichirriqui,seisdedos,sietecasos,trueno,..pichele,pesico,sangremuerta,tresrales,veneno,perdigón,muñeqita,cojovela,chorrohumo,,jaulas……hay muchos más pero os dejo esos pocos

  2. olga dijo:

    por pura casualidad he llegado a la pagina… y me gusta haber leilo algo sobre Eduardo : mi abuelo. A día de hoy sigue vivo y viviendo… y quiero añadir que algunos de sus pares de baile terminaron en Japón por culpa de Mariquilla.Un abrazo .

  3. mivipra dijo:

    Olga, la vida tiene este tipo de casualidades, no deja de brindarnos nuevas oportunidades. Siento una enorme alegría de que tu abuelo Eduardo viva entre nosotros cada día. No fue para mi una persona indiferente en mi recuerdo le tengo reservado un rinconcito preferente, es un albayzinero que me alegro la vida con su sabiduría y su salero. Cuídalo, que personas como él son un tesoro y en lo afectivo valen más que el oro. Si puedes dale recuerdos de mi parte, le dices que soy el hijo de Cándida, la de la mancha Chica, que compartí con él parte de mi infancia más bonica.

  4. Emilio dijo:

    En esa fotografía que recoge este comenterio, creo que no es veraz a la memoria, pues ahí lo que había efectivamente, era una comisaría de la policía armada. El” cuartelillo” como se llamaba y que respondía ala benemérita se encontraba en las cuatro esquinas y, la salida del mismo con los arrestados se hacía por la cochera que daba a la calle de San Luis.

  5. Rosa dijo:

    soy otra nieta de eduardo el zapatero que esta mi abuelo aqui a mi lado. Dise que esta vivo y que a escuchado lo que has escrito y muchas gracias por acordarte de el porque el tambien se acuerda de ti. Tiene ya 92 años y los que le quedan. Tambien dise que a donde vives aora para ir a visitarte porque èl sube mucho por ayi. Recuerdos y besos

  6. rafael dijo:

    Me gusta, yo soy nieto de las aceiteras de plaza larga ,

  7. josé dijo:

    Hola:
    Leo con auténtico placer tu blog. Es encantador relacionar las piedras con las personas y personajes que las moldearony dieron sentido, no obstante la nostalgia a veces es realmente peligrosa. El eje Sargento Colomera (Guardia Cívil) y los Curas Peinado, entre la Casa de los Mascarones y El Salvador seguro que fue pintoresco, pero también una poderosa y efectiva máquina de represión. Su eficacia no evitó los castigos crudelísimos a inocentes, (incluso ancianos), y humillaciones públicas en ese maravilloso patio del Salvador destinadas a mantener la guardia alta que no excluyó niños de más tierna edad.
    Un saludo y mi más sincera gratitud.

  8. josé dijo:

    Por cierto Mivipra, yo he vivido en el Pilarillo seco fente al huerto Carlos, en la casa que Alberga la Mancha Chica. Esa casa, junto a su valor arquitectónico, urbanístico y paisajístico tiene una maravillosa rareza.
    En la era cristiana y Antes de que en época Carlos III se obligara a inhumar en el cementerio, era habitual, entre los humildes enterrar en el patio de la propia casa, pues bien en las columnas de Sierra Elvira del patio encontramos esgrafiados los nombres de quienes vivieron y murieron en la casa.

  9. pepe dijo:

    yo también encontré la pagina por casualidad y soy el bisnieto de pepico el de las indersiones y de vez en cuando e visto a mi abuelo (hijo de pepico el de las inderecciones) poner alguna que otra inyección

  10. juan luis dijo:

    hola yo soy hijo del Paco el del cobre que tenia la tienda la tienda a la salida del arco las pesas el, y el taller lo tenia ala entrada de la cuaesta la alcahaba en frentew del descanso.

  11. juan luis dijo:

    otra anecdota de Eduardo el zapatero, el local que tenia en la cuesta Maria de la miel era de mi padre Paco el del cobre, le llevabamos los palones para que nos los cosiera y se tiraban semanas y semanas el siempre tenia escusas pero era muy buena persona la mando un fuerte abrazo y que dure muchos años.

  12. juan luis dijo:

    Otra persona entrañable que yo recuerdo era un betunero que siempre hiba con la cara muy sucia y una boina solia entrar al descanso a beber vasitos de vino, y una vez los que habia en el descanso para reirse de el le dieron un cigaro mojado en gasolina y la brama fue un poco pesada y le quemaro la cara este betunero le llamaban LARU LARU.

  13. Josemi dijo:

    Me encanta leer relatos de la gente del barrio en este solo hay un error enlas minas estaba la comisaría de policía y en la calle pages en la casa de los mascarones estaba el cuartel de la guardia civil,josemi el hijo de Pepe el vinagre

  14. MANUEL dijo:

    Los albaycineros somos los mas umildes pero los mejores

  15. juan luis dijo:

    Hola Josemi, yo me acuerdo que tu padre trabajaba con Joseico y la Conchita de la leche y de tu tío Paquito y tu tía Encarna que buenos momentos en que nos conocíamos todos y aunque todavía hay mucha gente de entonces un abrazo Josemi espero que vivan tus padres

  16. mayte dijo:

    Me alegra ver que por fin habeis dejado el blog abierto a los comentarios, os aportaran mucha documentacion en los que van escribiendo las diversas anecdotas!!
    saludoss!!
    Mayte

  17. maria toro dijo:

    Me gusta mucho este blog,yo soy hija de María la de las bolas,que en los años 50,comerciaba con ests combustible para las hornillas.

  18. Javier Frías dijo:

    Conocí bastante a “Chusmalacatea” a mediados de los años 70. Era un hombre alcohólico que habitaba la noche del Albahicín, especialmente el Bar de Torcuato. Era el jefe natural de una pandilla de alcohólicos que se autodenominaban “La Chusma”. Por cierto, un miembro insigne de esta pandilla era “El hombre rana del Circo Price”, con sus bigotes amarillos. Recuerdo a “Chusmalacatea” como un hombre con una conversación intelegente y que no adolecía de la pesadez y la reiteración típica en los borrachos. Había sido Cabo Furriel en la “Mili” y eran dignos de ver los desfiles paramilitares que organizaba con los miembros de la “Chusma” por la actual calle Pagés. Cuando acabé la carrera en el año 1981 me fui de Granada y no he vuelto, pero recuerdo con nostalgia aquellas noches subrrealistas y nunca olvidaré a “Chusmalacatea”. Javier

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