Agua del Albayzín, tiendas sin fin


Después de la estupenda acogida de su anterior entrada “LOS MANDOS EN EL ALBAYZIN” y como lo prometido es una deuda, nuestro fiel colaborador Francisco Javier Vicente, continua haciendo sus compras por el barrio.

Siguiendo con la historia de “los mandaos” es lícito incluir un inciso. Mi intención es relatar lo que mi memoria es capaz de recordar; pueden existir algunos errores en cuanto al espacio y al tiempo, es casi seguro que algún negocio no se verá reflejado e incluso algún personaje sea obviado pero desde la perspectiva de este albaicinero convencido pido perdón por quién pueda verse omitido.
Siguiendo por la calle del Agua en dirección a la calle Pagés multitud de tiendas de comestibles se dejaban entrever. Por encima de Emilio y Elena se encontraba la tienda de los Molero. Era una tienda pequeña y como todas tenía su clientela particular. Las amas de casa eran muy fieles a sus queridos mercaderes, y en rara ocasión cometían una traición. El marido se llamaba Pepe y era un señor de mediana estatura y semblante serio proporcionado por un bigote bien cuidado. Ocurrente en el trato y en cierto modo simpático y buena persona. Su mujer cuyo nombre no recuerdo también atendía el negocio, esta circunstancia era la norma imperecedera de la pequeña y mediana empresa albaicinera, atendida por el matrimonio de forma complaciente, ayudados en mayor o menor medida por los descendientes. Así recuerdo parejas como Ángel y Conchita, Emilio y Elena y como no a Cándida y Manuel.


En la Acera de enfrente se encontraba la competencia, en un local de escasos metros cuadrados Aurelio nos atendía con experiencia y maestría. Su mujer, cómo no, participaba en el negocio familiar. A una temprana edad a Aurelio sus piernas ya le fallaban a causa de una artrosis generalizada. Era un hombre muy alto y apuesto con el pelo rizado y peinado hacia atrás al que bien le fue el pequeño negocio familiar. De este modo en épocas posteriores se permitió el lujo en la calle larga de San Cristóbal instalar un supermercado ejemplar. Era la época de los primeros supermercados, los Danis y Coviranes se adueñaban de nuestras calles. Recuerdo que tenían cuatro hijos, dos varones y dos féminas. Los varones estudiaban en el Colegio público Gómez Moreno y el mayor de ellos recuerdo que se fue a casar con la hija de otro personaje albaicinero sin par.

Unos metros mas arriba existía un negocio de chacinas y productos cárnicos en general. Era una tienda más especializada. En su escaparate no faltaba una careta de cerdo bien enjaretada. Las manos del cochino compartían estancia con unas buenas lonchas de tocino. El negocio lo regentaban un par de dependientes varones que mi madre denominaba “los chiquiticos” desconociendo el que suscribe con decoro el origen del apodo.
Haciendo esquina con la calle Pardo se encontraba la tienda de la Socorro a la que ayudaba en su labor mercantil su padre de forma muy gentil. De este no recuerdo su nombre pero Amigo se apellidaba y que se casó en segundas nupcias la mujer que regentaba la churrería que frente de su negocio existía.


Pero no todo en la Calle del agua eran tiendas de ultramarinos pues otras necesidades teníamos los vecinos. Para el personal infantil Juan el cojo y la Rizaica nos ofrecían buenas golosinas. Juan era un señor mayor que tenía en su tienda casi de . Su cojera no le impedía que su negocio atendiera. Toda clase de chucherías el te ofrecía. También vendía tabaco y en verano helados. Bollería de todo tipo también la trabajaba. Marcas locales como Dori, Zafra o Maritoñi vendía a raudales así como productos de otras empresas estatales, panteras rosas, megatones y cropanes. De buenos frutos secos también disponía y por último un buen surtido de deliciosas golosinas.


La Rizaica era una albaicinera colosal. Siempre enlutada su tienda regentaba. Aguantaba con paciencia estoica la algarabía de la multitudinaria chiquillería. Ante un niño nunca tenía un mal gesto a pesar de este merecerlo. Llamaba la atención la gran variedad de chucherías de la que ella disponía. Me causa gran satisfacción que a pesar del tiempo trascurrido el negocio siga allí establecido. Lo atiende “la chari”, que es una muchacha de mi edad, hija de la “rizaica” y que a pesar de tener otro carácter distinto al de su madre ha heredado su paciencia y agrado. Cuando con mis hijos paseo por el Albayzín acudo sin falta a esta tienda para que la chari me atienda y mis niños disfruten de las mismas chucherías de las que yo disfruté en su día.


A esta calle no le faltaba la alegría de una buena pescadería. Sin embargo la pescadería de más enjundia del barrio nazarí no se situaba aquí. Era en la calle Panaderos donde la Lolipregonaba su pescado a los siete vientos. La Pescadería de la calle del agua nunca tuvo una gran relevancia y los diferentes dueños nunca supieron competir con la situada a pocos metros de distancia.
En la misma acera se encontraba la lechería más frecuentada. Su dueña se llamaba Pepa, y viuda debía de ser pues a su marido no se le dejaba ver. Iba siempre enlutada y por su hija siempre se vio acompañada en aquel negocio de leche pasteurizada. La leche que más se consumía era la Puleva de boca ancha, que venía tapada por una chapa de hojalata.

Todavía recuerdo el sabor de aquella leche que venía precedida de una buena capa de rica nata. Para los domingos y fiestas de postín se compraba algún que otro pulevín, el de chocolate era el más preciado, por todos los niños codiciado. Los yogures no eran muy variados, el blanco y de fresa los más destacados. Danone, la marca más prestigiada, si bien también La lechera, Yoplait y Puleva presentes estaban.
Una buena Droguería en la calle también existía. Era la Droguería de los Ferrer. Este era un señor de buen porte, muy moreno y con el pelo muy anillado. Tuvo la mala suerte de enviudar a una temprana edad pero con valor y coraje a sus hijos sacó adelante. El mayor de ellos recuerdo que era un artista, con el óleo y los pinceles pintaba auténticos vergeles.
Llegando a la Plaza Larga a la derecha la Mercería de Lucas encuentras. Entre alguna que otra prenda de confección no le faltaba la cremallera, lazo ni botón. En la actualidad el negocio está cerrado si bien ellos en el Albayzín siguen morando.
Para el postre en la panadería de Fidel encontramos un buen soporte. Fidel y María eran los dueños de este negocio familiar que ofrecía magnificos productos además de un buen pan. En la esquina de la carretera de Murcia con la calle Pagés al matrimonio todavía se le suele ver. Pan calentito a todas horas del día te ofrecía la posibilidad de una merienda sin par acompañando con una buena onza de chocolate de Elgorriaga que de la libra se vendía separada. Para los días más especiales se recurría a unas magdalenas celestiales. El que suscribe con María una reyerta traía pues con una niña me confundía y mi madre Cándida se encargó sin vacilar del entuerto apañar.

Por último recordar que en un tiempo limitado el estanco también aquí fue instalado. El estanco albaicinero por Pepe regentado en una época en la calle del agua fue albergado. Pepe era una institución tanto en la Plaza Larga, calle del Agua y Pagés. Quién no ha comprado un buen cartón de tabaco o a las quinielas no ha jugado. Lo mismo te vendía un Celtas Cortos, un Goya, Ducados, o un Fortuna Mentolado. Todo tipo de sellos cartas y visados.

Hoy me causa alegría y satisfacción ver que el estanco en plaza Larga sigue en acción, ahora regentado por uno de sus hijos, Bernabé concretamente, gloria del fútbol granadino y una gran persona y mejor vecino.

Francisco Javier Vicente Prados.

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2 respuestas a Agua del Albayzín, tiendas sin fin

  1. josé dijo:

    Sigo con absoluta pasión tu blog. Me encantaría compartir contigo y con tus seguidores tres asuntos. está muy bien además que vincules el pasado y el presente. 1º El gracejo de la genial malafollá del barrio : ¿dónde más podríamos encontrar apodos como Compae Mihicas, Sangre Gorda, los Entreteníos… ( todo esto dicho con cariño y nostalgia por favor si ellos o los descendientes lo leen que no se enfaden)
    2º ¿No es incríble la cantidad de excelentes panaderías en el barrio ? Creo que deberían hacer esto famoso en el resto de la ciudad.
    3º Mi actual residencia fue una carbonería ¿no es extraordionario un negocio de es tipo en fecha tan reciente ?

  2. juan luis dijo:

    En la calle del Agua a la entrada en la esquina con plaza larga habia un bar pequeñito pero ponia unas tapas de almejas sateadas como no se las comia uno en ningun sitio, se llama el cafetin el dueño era Gabriel que arte tenia y siempre estaba lleno que ricas la almejas era yo niño y todavia las recuerdo con 56 años que tengo.que tiempos mas buenos.

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