LOS FANTASMAS DEL ALBAYZÍN


Los que ya peinamos canas, nos acordamos de aquellas frías noches de invierno, cuando reunidos al calor de la familiar mesa camilla no dejábamos de temblar con esas historias de miedo que con gran misterio contaban nuestros mayores.

Hoy como ayer, los integrantes del fabuloso grupo “Somos Albayzineros” nos volvemos a reunir en torno a nuestro amigo y colaborador Jesús Expósito Marín, para escuchar con atención, esa extraña historia de miedo con la que nos quiere regalar.

                                     

                                              LOS  FANTASMAS DEL ALBAYZÍN

Las calles estrechas, sinuosas y empinadas que se entrelazan y retuercen, formando un perfecto laberinto, los puntos de luz distantes, dejando grandes zonas de vía en penumbra, la baja luminosidad de las farolas y un empedrado fuertemente irregular hacían del barrio en las frías y lluviosas madrugadas de invierno un lugar poco grato para el tránsito y por eso todo el mundo a esas horas, en el Albayzín granadino procuraba ir acompañado si era menester tener que salir.

En aquella España de postguerra algo triste, fuertemente religiosa, timorata, inocentona y crédula, donde los imaginarios seres de ultratumba adquirían presencia física y certificación jurídica pudo ocurrir esta historia verdadera.

-“Que noche de perros hace comadre, daría dineros por estar en mi cama calentita”. Quien así habla es Paquilla, que como todos los días laborables se desplaza desde el Camino Nuevo de San Nicolás hasta la calle Gumiel de San José, a casa de Encarna y allí esperan la llegada de Juani para marchar juntas a la sede de la compañía de la luz en la Plaza del Carmen, donde trabajan como limpiadoras. Mientras Encarna se prepara para la marcha llega Juani: -“Vaya nochecita que hace niñas, ha dejado de llover pero ahora se está echando encima una niebla que no me veas, ir a trabajar esta noche no está pagao con . Cuando ya están listas cierran la puerta con llave y bajan las escaleras en silencio, al cruzar el quicio de la puerta de la calle las tres se persignan automáticamente diciendo;-“ala vamos que no hay más remedio”.

Comenzaron a bajar la cuesta despacio pues efectivamente la niebla no dejaba ver a unos metros, al pasar ante una hornacina de la Virgen de las Angustias, que hay al final de la Calle del Almirante se cogen del brazo tan fuerte que hacen exclamar a Encarna: ¡qué jindama tenemos eh! El eco de sus pisadas les hace volver la vista de vez en cuando, llegando a la Cruz Verde el aullido desaforado de un perro rasga la noche y Juani exclama,-“ozú comadres, hoy nos va a pasar de to… lagarto, lagarto”.

Lo poco que quedaba de Calderería iba a ser un páramo solitario y cenagoso, llegaron al recodo que forman el Carmen de los Cipreses y la Cuesta de San Gregorio, al bajarla se abren a ambos lados sendas calles, una baja a Plaza Nueva y la otra sube a San Miguel Bajo. Entonces lo vieron, era fuerte, grande y pesado y un lienzo blanco lo cubría totalmente, agitaba sus largos brazos como palas de excavadora, y un grito apagado salía de su boca, mientras que de una de sus manos parecía salir una luz mortecina, la figura se aproximaba a grandes zancadas.

Sí, no había duda se dirigía a su encuentro pero no las encontraría, en un primer momento nadie se pudo mover, era como si hubieran sido clavadas al suelo, pero pasados unos instantes, ¡Sálvese la que pueda! Empezaron a correr con desesperación dejando objetos en su huida, un paraguas por aquí, un bolso por allá, unos pañuelos y hasta alguna zapatilla. En su loca huida tomaron direcciones diferentes, una Calderería arriba, otra en dirección a Plaza Nueva y la última hacia los Grifos de San José, todas esperando que de un momento a otro aquel ser pavoroso se presentara ante ellas de improviso. Muertas de miedo, heladas de frío y exhaustas vagaron por las calles vacías hasta que a eso de las seis de la mañana el sereno encontró a Encarna, que le contó con voz entrecortada lo sucedido. Éste se echó las manos a la testa, se puso la cabeza entre las rodillas y exclamó,-“¡qué barbaridad Dios mío, que barbaridad!”, y así le dijo a Encarna que había encontrado a Pepillo el mudo en el paredón recobrando el resuello pues había sufrido una indisposición transitoria, y ayudándolo lo acompañó hasta el obrador de el Coronel, donde éste trabajaba y allí le contaron lo siguiente.

Pepillo, había ido a Plaza Nueva a una farmacia que estaba de guardia pues su jefe estaba aquejado de un fuerte dolor de muelas, al volver a la mitad del camino se había sentido tan indispuesto que se sintió desfallecer, y así corrió al encuentro de la salvación, llamando la atención agitando estridentemente las manos, pues tres mujeres venían cuesta abajo. Llevaba puesta la bata blanca de faena y un saco blanco de harina vacío en la cabeza para protegerse de la fina lluvia, incluso la linterna que llevaba coincidía con la luz mortecina que Encarna decía haber visto. Y ahora que el sereno tenía las dos versiones de la historia para él estaba claro lo que realmente había ocurrido y así se lo hizo saber a una de nuestras protagonistas.

-Sereno “pero ves mujer, si los fantasmas no existen”.
-Encarna “y usted, qué ha de saber”.
-Sereno “te lo digo yo que es verdad, que no existen, y ahora cómo encontramos a las otras dos”.
-Encarna “no se preocupe por como corrían seguro que ya estarán en su casa bajo llave”.

Al día siguiente, Domingo, amaneció como si fuera un día de primavera, frío pero raso como un pandero y conforme pasaban las horas el sol se fue haciendo fuerte y así las tres comadres se fueron juntas a la Venta el Loro a disfrutar de un hermoso día de campo, y vaya si lo disfrutaron, como si nada hubiera pasado.

 

El lunes en el periódico local en la página de sucesos se podía leer a tres columnas esta noticia: la noche pasada en plena Calderería se fraguó un extraordinario robo en un establecimiento conocido y muy popular de productos cárnicos. Presentado al efecto in situ uno de nuestros redactores dijo al volver a nuestro director, que no habían dejado embutidos ni para un bocadillo.

Firmado: Jesús Expósito Marín

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Una respuesta a LOS FANTASMAS DEL ALBAYZÍN

  1. Ignacio Diaz Molero dijo:

    Historia preciosa y creo que acertada en su situación; yo que tantas veces he subido y bajado a deshoras por todo su recorrido desde plaza Larga hasta Plaza nueva por Caldereria,Cuesta S, Gregorio y demas, me resulta una situación muy veridica y creible; bonito de verdad.

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