EN LA CASA MORISCA TAMBIEN SE CELEBRA LA NAVIDAD


San Miguel y todos los Santos han pasado, nos encontramos en el último mes del año 1940. Diciembre es un mes especial, con él decimos adiós a un año que se nos escapa mientras nos asomamos a un esperado y venturoso año nuevo.

Hoy veinticuatro de diciembre no es un día cualquiera, se respira alegría y concordia, el vecino parece más cercano y el enemigo lo vemos menos malo.

Pronto se oye ese ruido metálico de cerrojos y pestillos que anuncian la apertura de la taberna “La Mancha Chica”. El abuelo Miguel parapetado detrás de su barra espera a la devota clientela, entretanto se frotá enérgicamente las manos para entrar en calor.

Con el frio metido hasta el tuetanos cruzan el umbral los barrenderos  –buenos dias Miguel, hace un frio que pela, sírvenos unas copillas de aguardiente seco -que sean de Machaquito y bien colmá. También es parada habitual del sereno, con ojos soñolientos y ronca voz pide una copa de coñac, trata de recuperar esas calorías que le ha arrebatado la larga y gélida noche en vela.


Hace unos meses que el abuelo ha dejado su trabajo en la fábrica de ladrillos de Jun, su puesto se lo ha cedido a su hijo mayor “Miguelico”, éste pertenece a una nueva generación más modernizada, no acudirá al trabajo andando, se desplaza a lomos de una bicicleta de segunda mano, adquirida a buen precio. La subida la seguirá haciendo a pie, pero en llano y cuesta abajo estos artilugios dan muy buenas prestaciones.


Esta mañana han desfilado por la taberna, como todos los años, los barrenderos, el cañero, el cartero, el sereno y cómo no, el guardia de la porra. Feliciando las Navidades con una artesal tarjetilla, reclamando a nuestro abuelo un generoso aguinaldo. Miquel cumple con la costumbre e incluso invita a un aguardiente al personal.

La tradición del aguinaldo en Granada, se remonta al mismo acto de la toma de la ciudad, ya en 1542 la reina Isabel la Católica regaló como aguinaldo al Papa Alejandro VI una reproducción en plata de la Alhambra. En sus orígenes, el aguinaldo, es un regalo que hace el poderoso al humilde en el Año Nuevo, posteriormente evoluciona hasta convertirse en un donativo hacia los que nos prestan un servicio regular durante el año.


Pero durante los años de posguerra, éste se había convertido en una auténtica plaga, donde cualquiera pretendía obtener pingües beneficios. Había gente que durante este tiempo quitaba la campanilla de la casa e incluso algunos repartían esquelas de su propio entierro para librarse de esta lacra.
La tarde de Nochebuena es una fecha muy importante para nuestro abuelo, parece que se transforma, como el protagonista de la obra de ficción del Dr. Jekyll, nuestro antepasado se desdobla, el que durante todo el año ha sido ejemplo de hombre serio, cuerdo y parco en palabras, experimenta un giro de trecientos sesenta grados, transformándose en una persona jovial, ocurrente, divertida y extrovertida, compartiendo su alegría con todo el mundo.
Hoy, lo primero que hizo fue encargarle a Angelito, el hijo del dueño de las bodegas “la Mancha” proveedor oficial de vino de la taberna “la Macha Chica”, dos garrafas de cinco arrobas de buen tinto.
A las cinco de la tarde la puerta de la taberna se cierra a la clientela, organizándose una gran fiesta de puerta a dentro. Con premura llama a la abuela Mercedes, -localiza a todos los vecinos de la finca morisca  y dile que todos están invitados a vino y a lo que se tercie en la Mancha Chica. -Que hoy es Nochebuena y tenemos que estar contentos,- pues nace el Niño Dios. El abuelo se dirije al almacén donde  guarda una nutrida colección de zambombas .

 

 

 

 

 

 

Los vecinos van llegando a la taberna armados de panderetas, almireces y botellas de anís, que son los instrumentos adecuados para estos menesteres. La fiesta se va animando, se cantan villancicos tradicionales y también los otros, “los picantes” que son los más celebrados. El abuelo se coloca un cacharro con agua en frente y periódicamente moja su mano, consiguiendo que se deslize sin problemas por el carrizo de su zambomba. Arrancado un sonido atronador que acompaña a ese reiterativo estribillo propio de los villancicos. No para de tocar y cantar. Blande una sonrisa tan amplia, que deja verse el oro de sus dientes postizos. El vino va menguando y el ambiente se va caldeando, los cantes, la risa, los zapatazos y el alboroto se multiplican, parece que la casa morisca y sus moradores se hubieran vuelto locos.

La tarde declina, todos recuerdan que hay que prepararse para la cena más importante del año, de una manera ordenada van abandonando esta amena reunión. Mercedes hace una hora que se subió a la casa, está preparando con la ayuda de las hijas mayores la cena de Nochebuena. Cuando asciende el abuelo, cansado por el cante y el vino que aturde su cabeza, la mesa ya  está puesta, la observa y se le escapa una franca sonrisa, va a celebrar esta gran noche con sus seres más queridos, reunidos todos en paz y armonía, ¡pobre Miguell, la paz y la armonía de tu familia no durara toda la vida, con el tiempo el odio y la envidia ha de llegar!
Se comienza a servir su manjar, riquísima sopa de picadillo con pan frito y trocitos de huevo duro, para continuar con pollo al ajillo, así como morcilla especial, salchicha, un poco de queso de cerdo y boquerones en vinagre, todo regado con un vino de la mancha para los mayores y sifón para los demás. Y de postre un dulce a elegir, entre un rosco de vino, un mantecado o un manchego, también habrá una copita de menta, anís, o ponche, comprado a granel en las bodegas la Castellana. Brindarán para que “el año que viene estén todos juntos”. A los pequeños, se les dejara mojar los labios. Y después de este festín el abuelo vuelve a coger su zambomba, e invitaba a los presentes a que le acompañen cantando los villancicos de siempre, que esa alegre noche resuenan con más fuerza que nunca.


A las doce de las noche se oye el repiqueteo de las campanas de Santa Isabel y demás parroquias del barrio. Hasta la campana de la Vela se deja oír. Todas redoblan alocadamente, por el nacimiento del niño Jesús, llamando a los feligreses a Misa del Gallo, en  casa no hay tradición de acudir a esta tempranera misa, pero sí se asoman a la reja y ventanas para ver a la gente, que con zambomba y panderetas en mano van cantado villancicos por las calles, hasta altas horas de la madrugada.

Era tal la pasion que nuestro abuelo tenía por la zambomba, que me veo en la obligación de ilustraros sobre aquel instrumento que tanto gustaba a los granadinos de los años cuarenta.
En vísperas de Navidad las zambombas ya estaban listas en todas las cacharrerías de la capital, exhibiendo con orgullo los chillones colores de sus adornos de papel rizado
La zambomba está estrechamente unida a la historia de Granada, donde el raído instrumento se fabrica desde los tiempos más remotos. Los árabes la empleaban en sus fiestas y zambras, y después de la Reconquista esta industria “típicamente persa” se utilizó con fines distintos, como el de acompañar el canto de villancicos de Nochebuena.
Son muy pocos los alfareros que en los años cuarenta se dedican a su fabricación. La historia de la zambomba comienza en los pueblos de Otura y Monachil, cercanos a Granada, donde únicamente se hace el cono truncado de barro cocido. Las piezas se traen luego a la capital, a la cuesta de San Idelfonso concretamente, donde viven muchas familias dedicadas por entero a completar el instrumento, o sea, cubrir las piezas de barro con el clásico pellejo de conejo y colocarle el carrizo de junco, que irá de mano en mano para alegrar esa Nochebuena tan profundamente cristiana y hogareña.

Hasta hace muy pocos años se fabricaban las zambombas en el Albayzín, pero los pueblos de Otura y Monachil acabaron ganándole la partida. El trabajo se realiza con gran rapidez y siguiendo la antigua costumbre de los árabes, se moldea a mano el barro de arcilla para conseguir el casco, una vez secos al sol y cocidos después los cascos, son traídos a la parroquia de San Idelfonso, donde la labor es completada por los miembros de la familias que viven en este barrio, siendo las mujeres las encargadas de la parte decorativa: colocación de rizos, cascabeles y florecillas de papel de color, en la que hacen gala de un depurado gusto artístico y una gran habilidad.
La zambomba a pesar de su traza ordinaria, es un instrumento entrañable, e insustituible en las navidades granadinas.

Desde la Casa Morisca os deseamos:

FELIZ NAVIDAD Y UN PROSPERO 1941

Manuel Vicente Prados.

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2 respuestas a EN LA CASA MORISCA TAMBIEN SE CELEBRA LA NAVIDAD

  1. De nuevo entro a comentar en este blog, que ya he empezado a recomendar a amigos, especialemente albayzineros. Me encanta lo que voy leyendo.
    Una pregunta: ¿a qué se refiere eso de que el abuelo Miguel iba a ver llegar malos tiempos?
    Otras:el puesto de zambombas, ¿es en Puerta Real? ¿Y la imagen del bar, en qué casa morisca?

    Un cordialísimo saludo y muy feliz 2012.

    AG

    • mivipra dijo:

      Estimado Alberto, primero disculpas. Pero en nuestro descargo, te diré que como somos varios administradores, el uno por el otro te hemos dejado sin respuesta. Nuestro abuelo Miguel es el patriarca de la saga que vertebra el blog y es hilo conductor de muchas de sus entradas. La saga a lo largo de la historia irá experimentando distintos avatares que nos conducen a una situación actual, en la que la tercera generación se encuentra en pleno litigio en relación a la denominada casa morisca, cuestión ingrata y dolorosa que aveces traen las herencias. El puesto de zambombas lo has ubicado correctamente, efectivamente es la Puerta Real de España. Y por último el bar pertenece a la casa Morisca sita en la Calle Pilar Seco nº cuatro. Espero haber contestado en forma adecuada a las preguntas que planteabas, recibe un cordial abrazo y de nuevo disculpas por la dilación.

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