LA DRAMATICA NOCHEBUENA DEL 1568


 

 

 La vieja casa morisca ha visto pasar muchas navidades, pero nunca olvidará aquella enigmática y fría Nochebuena del año 1568.

Habían pasado algunos meses de aquella reunión celebrada en una noble casa, cercana al convento de las Tomasas, donde fue nombrado por aclamación el nuevo rey de los moriscos granadinos, este importante título recayó en el carismático Abén Humeya, noble de gran linaje, descendiente de los mismísimos Omeyas. Converso a la fuerza, fue bautizado por el arzobispo Cisneros, con el nombre de D, Fernando de Córdoba y Valor, siendo por herencia de su abuelo Hernando, veinticuatro de Granada, caballero cubierto ante el Rey y principal de Granada. La misma noche que fue reconocido rey, marchó apresurado con sus partidarios hacia las Alpujarras, para desde allí preparar la rebelión de los moriscos.

—- Acordaron que la noche del 24 de Diciembre sería la fecha de la sublevación, se aprovecharían de la fiesta más importante para los cristianos, “estos estarían reunidos asistiendo a la misa de gallo”

Se planeó que el Alguacil mayor, Farax-Abén- Farax entraría en el Albayzín a media noche con seis mil monfíes de la Alpujarra bien pertrechados.

Los moriscos del Albayzin al oír la señal, deberían de reunirse con sus correspondientes capitanes. Siguiendo esta estrategia:

Miguel Acis, con las gentes de las parroquias de San Cristóbal, San Gregorio el Alto y San Nicolás, debían de acudir a la puerta de Fajalauza, portando un estandarte de damasco carmesí, con lunas de plata y flecos de oro.

Diego Niqueli, con las gentes del Salvador, Santa Isabel de los Abades y San Luis, con una bandera de tafetán amarillo, se concentrarían en la plaza del Abad y Miguel Mozagaz con los vecinos de San Miguel, San Juan de los Reyes, y San Pedro y San Pablo, enarbolando una banderola de damasco azul turquesado, se dirigirán a la puerta de Guadix

Lo primero que debían de hacer estos, es pasar a cuchillo a los cristianos que vivían en el Albayzín, y dejando una guardia en estos lugares, acometer después la ciudad por tres partes y al mismo tiempo la fortaleza de la Alhambra.

Los de la puerta de Fajalauza, debían de bajar al campo del Triunfo, por fuera de los muros, ocupar el Hospital Real, acometer la puerta de Elvira, entrar por ella matando a los cristianos que encontrasen, forzar la cárcel de la Inquisición, y soltar a los moriscos presos en ellas.

Los de la plaza de Abad debían de bajar por la cuesta de la Alhacaba, dando por la calle de la Calderería, y en la cárcel de la ciudad poner en libertad a los moriscos, y yendo después a la casa del Arzobispo y procurando prenderle o matarle.

Los de la puerta de Guadix debían de bajar por la ribera del Darro, acometer las casas de la Audiencia Real, y prender al presidente don Pedro de Deza, yendo después todos a reunirse a la plaza de Bibarrambla, donde debían de acudir también los ocho mil hombres del Valle de Lecrín, del partido de Orgiva y de la Vega.

La ciudad debía ser entregada al degüello, al saqueo y al incendio.

La tarde del 24 de Diciembre, Farax-Abén-Farax con seis mil monfíes, cumpliendo las órdenes del emir, emprendió la marcha sobre Granada. En el puerto de la Ragua había caído una gran nevada, estando tan difícil el paso de la sierra, que para llegar a media noche se vio obligado a elegir a los más prácticos en el terreno, los más hábiles, los más fuertes y con solo trecientos hombres tomaron a buen paso el camino a la ciudad.

Farax-Abén-Farax confiado en la gente del Albayzín y necesitando aprovechar el tiempo, creyó que le bastaba presentarse en el barrio con los trecientos monfíes que llevaba. Llegó a Granada a las una de la noche, entrando por un portillo que abrieron cerca de la puerta de Guadix.

Subió hacia la plaza de Abad, y llamó a los principales moriscos, con quien estaba concertado el alzamiento. ¿Qué es esto? les dijo, acabo de entrar en la ciudad y la encuentro tranquila, desierta, en silencio las calles y hasta la ronda metida en sus casas ¿Que pensáis hacer? Las Alpujarras se han levantado y en estos momentos los cristianos son degollados, incendiadas sus haciendas y vosotros estáis en silencio y acobardados.

Los moriscos principales respondieron: has venido tarde y con poca gente. El Farax, alguacil de los monfíes, enfurecido e irritado recorrió con sus cuadrillas los puntos más estratégicos del barrio, lanzando sus proclamas” –No hay más Dios que Alá y Mahoma su mensajero__”, venid, venid que ya ha llegado nuestra hora y toda la tierra de los moros esta levantada” llamando a sus moradores a la sublevación. Haciendo oídos sordos, nadie salio de las casas.

Los cristianos escucharon aterrados este pregón, porque temían lo que no sucedió. Que se levantasen los moriscos del Albayzin. Entretanto las campanas de la Colegiata del Salvador tocaban apresuradamente a arrebato, y empezaba a extenderse este toque a las torres de las demás parroquias.

Desesperado Farax, y viendo que ya amanecía, que nadie le ayudaba y que no llegaba el grueso de los monfíes, se decidió abandonar la ciudad.

 

 

Solo Dios sabe lo que hubiera acontecido aquella Nochebuena, si los moriscos del Albayzín se hubieran levantado a la voz de Farax, o si hubiese llegado los restantes monfíes, que a causa de la nieve no pudieron atravesar la sierra.

Como vemos en esta narración, aquella noche pudo cambiar el curso de la historia, la fallida sublevación del Albayzín pudo ser el principio de una nueva conquista de los seguidores del profeta o la aniquilación de los moriscos y la destrucción total del Albayzín.

 

MANUEL VICENTE PRADOS

 

 

 

 

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