2 DE ENERO DE 1940, DIA DE LA TOMA


2 DE ENERO DE 1940, CONMEMORACIÓN DE LA TOMA DE   GRANADA

En la fría mañana granadina de 2 de enero, los moradores de la casa morisca se asoman a las azoteas, balcones y alto torreón. Saludan a la torre de la vela, que como la proa de un barco varado emerge en un bosque de brumas, llegando el mediodía, se verá su silueta bien perfilada sobre la blancura de Sierra Nevada, el atardecer la bañará de increíbles rojos anaranjados, pero cuando llega la noche, este baluarte despliega todo su embrujo. La campana de la vela se pierde en las tinieblas, para ser el único sonido,  que en las tranquilas noches de verano entra a sus anchas por las caprichosas callejuelas del barrio, arrullando el sueño del albayzinero. Mientras que en las sombrías noches de invierno, cuando el viento aúlla, el son de la campana parece recoger ecos lúgubres, del no muy lejano cementerio de San José y al  estremecer de unos cristales, o al golpear de una puerta olvidada, o al colarse por las rendijas de una vieja ventana, parece agitar terrores de pesadillas a dormidos y desvelados.

La Torre de la Vela se llamó también de la Campana, es la torre de la Alhambra de mayor dimensión. Su planta mide 16 metros de lado y alcanza una altura de 26,80. Su base es maciza, en la planta baja se localizaba las mazmorras y un silo, tiene cuatro pisos con arcos apeados que determinan galerías cubiertas con varias bóvedas. Estaba almenada, pero el terremoto de 1.522 le arrancó sus defensivos apéndices. El nombre de la Torre de la Campana le viene porque presenta una espadaña, donde se colocó una campana por orden de los reyes Católicos, localizándose en un principio en una esquina de la terraza, para ser trasladada posteriormente al centro de su facha occidental. Regula con su sonido nocturno los riegos de la vega.

Desde aquí podemos extender nuestra mirada sin obstáculos, por los cuatro puntos cardinales. A la derecha la pintoresca silueta del Albayzín, con sus dentellones que forman las torres de San Cristóbal, San Miguel el Bajo, Santa Isabel la Real, San Nicolás, San Gregorio, San Luis y El Salvador, que parecen flotar en un mar de chumberas y cármenes floridos, a la derecha el cerro de San Miguel el Alto, con su zigzagueante cerca de Don Gonzalo, y debajo ese barrio troglodita de las Cuevas del Sacromonte, hábitat de esos nómadas y pintorescos gitanos. Más abajo, las escuelas del Ave María, fundadas por el buen hombre y eminente pedagogo don Andrés Majon. Allá lejos, la venerable Abadía del Sacromonte, cargada de historias casi apostólicas.

Pero siempre de día y de noche, tanto en invierno como en verano, el son de esta querida campana de la Vela, es amado por los oídos y los corazones de los albayzineros.

De ahí la copla:

Quiero vivir en Granada

porque me gusta el oír

de la campana de la Vela

cuando me voy a dormir.

Y es verdad, la campana que toca a diariamente, con breves intervalos, desde las horas de las ánimas hasta el alba. Nos gusta oírla cuado vamos a descansar, cuando la cama nos llama, y ya entre sábanas y esperando que el sueño nos venza. Qué agradable es la campana de la Vela, cuando su lengua de bronce, lanza a los cuatro vientos sus pregones nocturnos, avisando a lo labradores de la vega sus horas de riego.

Uno de los días más importantes para el granadino, es el dos de enero, fecha de la toma de Granada, fin de una reconquista que duró casi ocho siglos.

Tras un férreo sitio de la ciudad por parte de las tropas cristianas. La entrega de Granada se anticipó al 2 de Enero de 1492. Esos días, al amanecer las tropas de los Reyes Católicos aguardaban engalanadas, y prestas para entrar en la ciudad.

Tres sonoros cañonazos fueron la señal. Cuando se dispararon desde la Alhambra, el cardenal Mendoza, y Gutiérrez de Cárdenas, seguidos de 3000 infantes avanzaron hasta reunirse con Boabdil, que les esperaba en la puerta de los Siete Suelos.

          La comitiva cristiana entró en Granada y Boabdil fue a reunirse con el rey Don Fernando a quien le dijo:

          “Tuyos somos, rey poderoso y ensalzado, éstas son, señor, las llaves de este paraíso; recibe esta ciudad, que tal es la voluntad de Dios.” Y tomando las llaves, el Rey cristiano, contestó:

          “No dudes de nuestras promesas, ni te falte el ánimo en la adversidad; lo que te ha quitado la suerte, nuestra amistad te lo resarcirá.”

          Mientras Abén Comixa hacia entrega al Cardenal Mendoza de toda la fortaleza de la Alhambra, y en la Torre de la Vela fue colocada una cruz de plata maciza, regalo del Papa Sixto IV. Todo sucedía a los gritos de “Granada, Granada por los reyes Don Fernando y Doña Isabel”.

          Acto seguido, Fernando e Isabel entraban triunfalmente por la puerta de la Justicia, siendo esperados y vitoreados por la muchedumbre-

Las mocitas casaderas ese día suben por la asfixiante escalera que les llevará a la torre de la Vela, y con mucha fe tiran de la cuerda, haciendo doblar la campana que cuelga de la elegante espadaña. Según la tradición la muchacha casadera que hace sonar la campana, se casará antes de terminar el año. Y si la leyenda no se cumple, siempre se habrá disfrutado de una de la las más maravillosas vistas de la ciudad.

Siendo siempre la protagonista de esta efemérides, nuestra querida torre dela Vela. Baluarte alhambreño, donde el conde de Tendilla, tremoló el histórico pendón de los reyes Católicos, hace más de cuatro siglos, tremolación que con el correr de los tiempos se trasladó al corazón de la ciudad, precisamente al balcón de la casa Consistorial. Desde aquí, el edil más joven de los que constituyen la Corporación, es el encargado de dar los tres gritos que contesta el pueblo.

-¡Granada!
Ante ello el pueblo congregado replica:
-¿Qué?
Nuevamente el edil prosigue gritando:
-¡Granada!
Vuelven a contestar los granadinos:
-¿Qué?
Y de nuevo:
-¡Granada!
los granadinos otra vez:
-¿Qué?
A continuación el edil, dice:
-Por los ínclitos Reyes Católicos D. Fernando V de Aragón y D.ª Isabel I de Castilla, ¡Viva España!
Contestan los granadinos:
-¡Viva!
Vocifera nuevamente el edil:
-¡Viva Franco
Los granadinos:
-¡Viva!
El edil:
-¡Viva Franco

-Los granadinos:
-¡Viva!
El edil:
-¡Viva Granada!
Los granadinos:
-¡Viva

Su ritual es bastante simple, pues los actos conmemorativos no hacen sino girar en torno a la tremolación del pendón, dado por Fernando el Católico a la Capilla Real para la conmemoración de la fiesta del 2 de enero. El pendón que se tremola no es, a pesar de lo que se piensa vulgarmente, el que portaban los ejércitos cristianos a su entrada en Granada en 1.492, pues aunque éste se conserva, está muy deteriorado y permanece custodiado dentro del Tesoro dela Capilla Real. El que se enarbola durante la festividad, realizado en damasco carmesí y en el que figuran las armas de Aragón, Sicilia, León y Castilla, y a pesar de que es muy similar al anterior, es sin embargo del siglo XVII, por lo que aún teniendo un gran valor histórico, no es de la importancia y significado de aquel otro más antiguo.

Una representativa comitiva sale de la casa morisca, dispuesta a ser testigo de los actos que se celebran en la Granada del 2 de enero de 1940. La noble representación, la comanda, el arrogante Pepe, con rictus de soberbia, barba bien rasurada y vistiendo un traje azul marino con finas rayas blancas, y zapatos bien lustrados es todo un dandy. Este personaje comprende bien lo que significa la toma, efectivamente, con el tiempo veremos como se apoderara, ladrillo a ladrillo de la finca morisca, tomando el pelo tanto a propietarios como a legítimos descendientes. A su lado con fino abrigo negro, encontramos a su novia, que con empaque pisa con garbo los estropeados empedrados de la calle Gumiel. También baja la cuesta Merche con sus tirabuzones rubios, parloteo jovial y cogiendo por el brazo a la enigmática Marina, todo un referente de de belleza albayzinera.

Ambas se cubren con abrigos que parecen de estreno, pero tienen más de un lustro, las hábiles manos de la abuela Mercedes han sabido darle la vuelta al paño, auque la disposición de los bolsillos delata su antigüedad. Y unos pasos por delante vemos a la pequeña Cándida, enlvuelta en un raído chapetón de sus hermanas. Corriendo y saltando parece un abrigo con patitas.

Tras pasar por la cuesta de San Gregorio el Bético, enfilan la calle Calderería vieja, a la atura de de la tienda “el Vesubio” giran a la izquierda, tomando la nueva Calderería que le harán desembocar en la Plaza Nueva. Desde esta plaza tan popular, vislumbran la empinada cuesta de Gomerez, que los conducirán a la misma Alhambra. Con paciencia y no poco esfuerzo van ascendiendo nuestro queridos parientes, Cándida a mitad de cuesta aligera el paso y correteando es la primera en llegar a la puerta de la de las Granadas de Carlos V, cruzando el arco adyacente de la derecha, encuentra la cruz de piedra que inicia la inclinada cuesta de tierra, que nos llevará al magnífico Pilar de Carlos V,  antesala  de la fortaleza  alhambreña. La infantil Cándida sentándose en la base de la cruz, espera a sus hermanas. Al llegar el grupo presume de lo agusto que se encuentra, mientras los demás siguen caminando. Esta nueva cuesta que han de subir, posee un encanto especial, cubierta por una cúpula de hojarascas, ocres, amarilla y anaranjada, que tamiza una luz que tímidamente desciende hasta besar el suelo, es abrazada por sendas acequias donde el agua fluye a gran velocidad provocando un rumor singular.

La pequeña de la familia, recoge del suelo una caduca hoja, con cuidado la deposita en la caudalosa corriente de la acequia, y observa como desciende sobre las turbulentas aguas, pero llega un momento que casi la pierde de vista, trata de evitarlo, corriendo paralela a ésta. Sus hermanas se mofan de la ocurrencia, saben que los metros que baje, los tendrá que subir. Cándida, vuelve la mirada, comprobando que cada vez se aleja más de sus hermanas. Pronto desiste en el empeño, volviendo a subir la dura cuesta.

La comparsa albayzinera, está a punto de cruzar los arcos de la puerta de la Justicia, entrada principal de la joya nazari. Marina observa una marca horadada en el contrafuerte del primer arco, se trata de la  huella en forma de herradura. Un hombre de edad, que pasaba por este lugar, le llama la atención el hallazgo de las mocitas. Y con tono de fabulación les comenta el origen de tan extraño descubrimiento. Existe una leyenda que dice: En época del esplendor árabe, se aseguraba que Alá, premiaría con la posesión de esta fabulosa construcción, al súbdito que pudiera llegar con su mano a tocar la llave, que con tanta precisión se encuentra esculpida en la dovela central del segundo arco de la monumental puerta. Un arrogante caballero moro, convencido de poder tocar la preciada llave, todo decidido, saltó con su brioso corcel, tocando efectivamente la llave, pero durante la bajada, de tan magna elevación, el caballo clavo su herradura en el muro, cayendo violentamente el jinete, que tuvo la desgracia de desnucarse en el instante.

Todos quedaron atónitos ante el presente relato, mas continuaron su camino, llegando a la puerta de la torre de la Vela situada en el segundo piso. Ascienden por una rampa de grandes escalones que les llevará hasta la misma azotea de la torre de la Vela. Una vez allí, sienten la brisa que se cuela entre la Sabica y el Albayzín. La vista es espléndida, pero han llegado hasta aquí para cumplir un tradicional ritual. Pepe y María quieren pasar por la vicaria este año, y según dice la sabiduría popular, la mocita casadera que toca la campana de la vela el día dos de enero se casará antes de que termine el año.

Pero el que de verdad va a dar el campanazo es el gran Pepeán, con este casamiento, como el devenir del tiempo nos dirá, vendrá la opresión, las envidias, las quimeras, y sobre todo se darán las condiciones para que en un futuro la casa Morisca viva los años más inciertos de su historia.

Desde la torre de la Vela, observando y no perdiendo nunca de vista la casa morisca. Manuel Vicente Prados

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Una respuesta a 2 DE ENERO DE 1940, DIA DE LA TOMA

  1. Al leer esto me acuerdo mucho de nuestra madre y de nuestra infancia

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