Con qué ilusión se veía en el Albayzín la primera televisión


 

El azar hizo que el nacimiento de la televisión coincidiera con mi generación, evento que marcó nuestra infancia, impregnándola de emoción, aventura y misterio. Aquella caja mágica que encerraba todo un mundo nuevo de entretenimiento y diversión fue parte de nuestra niñez. A través de aquella pantalla de grueso vidrio, descubrimos un universo jamás soñado, era impensable que un simple artilugio pudiera contener tal cantidad de personajes, dibujos, paisajes y objetos. Para nosotros fue una segunda vida en “blanco y negro”.

 Los primeros televisores que aterrizaron en el  Albayzín lo hicieron en tabernas y bares, goloso reclamo para una aburrida clientela. Desde aquel momento fueron el lugar preferido de la chiquillería, con la excusa de avisar a papá, que apuraba el último trago o comprar un cuarto de vino blanco para la comida, intentábamos ver un rato la televisión. Como un poco de suerte quizás veríamos aquellos “minutos de dibujos animados” que emitían entre anuncios. De cuclillas en ese rincón fuera de la vista del tabernero, con los ojos bien abiertos, clavándose como puñales en aquella pantalla que colgaba en lo más alto de la pared, dejamos  parte de nuestra  infancia.

 En el doble fondo de nuestra memoria todavía perduran aquellos programas, series y dibujos. Nuestro articulista Miguel Vicente Prados se ha propuesto desempolvar todos aquellos recuerdos televisivos devolviéndole el brillo que en los años sesenta lucían.

Manuel Vicente Prados

 

 

Asoman recuerdos de aquellas aventuras infantiles en está gélida mañana y lo hacen por el espacio catódico y su rectangular ventana. Por aquella ventana mágica sobre un cojín en el suelo veías como en el lejano Oeste dos pistoleros se batían en duelo, día de bracero de circo y picón y frente a la televisión.

El teniente Rip, Rin Tin Tin, y Rusty

El teniente Rip, Rin Tin Tin, y Rusty

Sobre una mesa de railite en beige marrón, que se aloja en una estructura de tubería metálica negra en forma de tijera con cuatro rodaduras y una repisa a modo de bandeja sobre la que se aposenta un estabilizador y un transformador que alimentan con control el tubo de imagen, se encuentra la televisión. Se enchufa a la corriente de ciento veinticinco y en la pantalla aparece Rintintin el perro más famoso del Albayzín. En los albores de los sesenta aparecen los televisores en el Albayzín y sus alrededores.

Daniel Boone y el indio Mingo

Daniel Boone y el indio Mingo

En el bar de la Mancha Chica delante del mostrador se instala una algarabía frente al televisor, es la hora de Daniel Boone, el explorador que entre los colonos y los indios hacía la función de mediador. Existe un acuerdo tácito entre la taberna y la clientela, si se consume se ve la televisión sin tener que pagar gabela. Mi hermano Manolín y yo entrábamos en la taberna y nos disponíamos a ver con ilusión y templanza cómo se empezaba a quemar el mapa que anunciaba Bonanza, la familia Cartwright, Ben, el padre, Adan, Hoss y Joe, los hijos, a caballo salían de la Ponderosa para poner los pies en polvorosa, justo al sitio al que éramos nosotros despachados si a mis tíos se les atravesaba la cosa. Sólo el día que nuestra madre nos daba para un vaso de gaseosa o un pulevín asegurábamos la visión sin reparo a ser facturados a otro confín.

El trampas

El trampas

El día que pintaban bastos y no estaba la taberna para los televisivos factos nos dirigíamos por la cuesta María de la Miel en dirección al Teleclub del Gómez Moreno, para ver al Virginiano y al Trampas que era el personaje que más nos gustaba a mí y a mi hermano. Al día siguiente todos los niños negociábamos con las estampas siendo las más codiciadas aquellas en las que aparecía el Trampas.

Jim, Furia y Joy

Jim, Furia y Joy

Tampoco las de los personajes de Furia eran de menor relevancia y mérito pues también proporcionaban su buen rédito, Jim, el honesto ranchero de trágico pasado, Joy, el niño huérfano un tanto díscolo y alocado, y Furia, el caballo negro azabachado, tenían su valor en las estampas y su mercado.

Había muy pocas televisiones por aquella época en el Albayzín sólo las había en los negocios taberneros y en las casas de mucho postín. Era la evidencia, la elevada antena, que en aquella taberna pararse merecía la pena. En mi casa se escuchaba la posibilidad, pero era más una quimera que una realidad. Mis padres ahora que lo pienso, y así lo creo, por aquella época sólo podían expresar su deseo, más nunca pensaron, en aquella época, que la posibilidad cobrara visos de realidad. Tuvieron una vida bastante complicada y de muchas privaciones, a las cuatro de la mañana mi padre iniciaba sus madrugones y se sucedían las jornadas laborales interminables hasta las ocho de la tarde tiñendo así el rostro de mi padre de sudores y extenuaciones, de explotación laboral y de míseras compensaciones, con un jefe que como buen militar de graduación, obligaba al comienzo de cada jornada laboral a los obreros a hacer la instrucción y que por razones caprichosas suspendía de empleo y sueldo a sus operarios sin la más mínima explicación. Con tan sórdido panorama en mi casa no era previsible que pudiéramos asomarnos a la televisiva ventana.

El Séneca

El Séneca

Ni El Séneca (Antonio Martelo), pícaro andaluz iluminado por Pemán, en su mordaz reflexión podría llegar a diferente conclusión. Sólo un extraordinario acontecimiento pudiera dar final feliz a esta historia como si se tratara de un cuento. Todo era posible en el Albayzín y por eso haciendo tilín un día apareció mi abuela Mercedes con un abultado calcetín. Eran las monedas que la pobre iba una a una juntando cuando junto a mi abuelo la taberna estuvieron regentando. Mi abuelo Miguel, en una orza se empeñó como mi abuela en el mismo menester. La orza desapareció a la muerte de mi abuelo, mientras todos lloraban en el duelo. Nadie tuvo duda que fue la avaricia la que en aquella ocasión la ratería propicia y que en la casa del mayor de los yernos y su condominio se encontraba el botín de tan sonado latrocinio. Mi abuela, una vez enviudada, se fue a casa de su hija Cándida a vivir y pensó que con la televisión su profunda pena podría diluir.

Reina por un día

Reina por un día

Fue de esta manera, que con el dinero del calcetín, un día apareció el televisor por la escalera. Mi madre pensó, ese día, con su natural candidez y vital alegría que estaba junto José Luis Barcelona y Mario Cabré y que era Reina por un día.

Carta de ajuste de Televisión Española1960

Carta de ajuste de Televisión Española1960

La marca de aquel televisor fue Iberia y se ubicó en el gabinete, no podía ser otro el destino tratándose de un aparto de tan alto copete. Una funda de verde franela lo protegía durante el tiempo que la televisión no emitía. Con la sesión de tarde comenzaba la algarabía y las doce terminaba la sesión de noche, la época no daba para mayor derroche.

Cierre de emisión

Cierre de emisión

Al cierre de la emisión el escudo y el himno nacional ponían hasta el día siguiente el punto final, durante mucho tiempo para nuestro disguste se veía más de la que deseábamos la carta de ajuste. Sin ninguna dilación mi madre le ponía la funda a la televisión, ni una mota de polvo podía deteriorar aquel aparato en nuestro hogar. No había en la casa otro bien material más preciado que aquel aparato enfundado.

El hombre del tiempo, Mariano Medina

El hombre del tiempo, Mariano Medina

La VHS era la única cadena y en consecuencia la que distraía a mi abuela en su honda pena, el parte, también llamado el telediario la ponía al corriente de la que pasaba en el mundo a diario, y Mariano Medina, en hombre del tiempo, le indicaba la ropa que se tenía que poner cada vez que se dirigía a escuchar misa en Santa Isabel la Real, su sacrosanto templo. Los Estudio uno para mi padre aficionado al teatro lo convocaba la noche que se emitía delante del aparato.

Le parecía que era de destacar el papel que bordaba José Bódalo en Doce hombres sin piedad, así fue como mucha gente de su generación comenzó a amar el teatro delante de la televisión.

Con el vamos a la cama que hay que descansar para que mañana podemos madrugarse ponía tanto para mi hermano como a mí a la televisión fin, con el gracejo que la entonaba la familia Telerín, mi madre nos mandaba a la cama una vez que ya estábamos ataviados cada uno de nuestro pijama.

Historias para no dormir. Narciso Ibáñez, padre e hijo

Historias para no dormir. Narciso Ibáñez, padre e hijo

Alguna vez a hurtadillas veíamos programas con dos rombos sacando a mis padres de sus casillas, así un día pudimos ver La Zarpa o El Asfalto de las famosas Historias para no dormirque dirigía Narciso Ibáñez Serrador, aún la zarpa me sigue hoy en día evocando aquel infantil terror.

Crónicas de un pueblo

Crónicas de un pueblo

Crónicas de un pueblo, convocaba delante de la televisión a toda mi familia en comunión, aquel alcalde, cartero, alguacil y sobretodo el maestro tal vez despertaron en mí la vocación. Aún recuerdo cómo el circo visitó el pueblo de Puebla Nueva del Rey Sancho y de cómo un infante trapecista se dejó su tierna vida en la pista. Despertó en mi tal ternura que aún hoy la remembranza me evoca aquella chanza.

Caravana

Caravana

Los domingos por la tarde era Caravanala que nos ponía a todos delante de la televisiva ventana, la recuerdo con mucho cariño, no en vano en sus guiones se alternaba la ternura, con la acción propia del far west, y el humor, ingredientes muy atractivos para un niño.

El Fugitivo

El Fugitivo

Nunca entendí que aquel que no era culpable tuviera que huir cuando fue otro el que cometió un acto tan deleznable, mi moral maniquea no entendía una tropelía tan fea, y con ello me refiero al Fugitivo una serie que marcó en lo más profundo mi universo sensitivo. El Dr. Kimbale, su protagonista, se convirtió en nuestro héroe pues era perseguido por la poli por un crimen que no había cometido, y además, estando a punto muchas veces de pescar al Manco, el malo de la función y al que odiamos tanto.

Los Chiripitifláuticos

Los Chiripitifláuticos

Pero si de aquella época algo aún guardo en mi retina fue la imagen del Capitán Tan, Locomotoro, el Tío Aquiles y Valentina. También aparecían por aquellos pagos los hermanos Malasombra que eran malos, muy malos. Eran los Chiripitifláuticos los que a todos los niños nos embelesaban con sus aventuras y cánticos simpáticos.
Tampoco escapó de mi memoria el ascenso por la escalera del abuelo de la Familia Monstersdel sótano donde tenía el laboratorio en cada historia,

El Super Agente 86

El Super Agente 86

y el uso del zapatófono por el Super Agente 86con su habitual torpeza aunque siempre acababa con el entuerto con una inesperada proeza.

Pivot en el programa Cesta y Puntos

Pivot en el programa Cesta y Puntos

En el colegio Gómez Moreno la televisión también tuvo su confín, así recuerdo cómo jugábamos a Cesta y Puntos con don Joaquín, que emulaba a Daniel Vindel que como presentador junto a los alumnos de bachillerato y con las preguntas y las reglas del baloncesto hacía pasar a los televidentes un rato perfecto, si un equipo en una pregunta estaba zote, el otro tenía la oportunidad del rebote.

Con un Millón para el mejor comenzaron los concursos en el televisor. José Luis Pécker fue el culpable conductor de que en España algunos de los concursantes hicieran furor, alcanzaron la fama a nivel nacional. Entre ellos, Rafael Canalejo, alcalde de la localidad de Belmez, o Mercedes Carbó, conocida como “La mamá del millón”.

Esta década televisiva dejó una huella profunda en mi vida, que quiero dejar convenientemente cerrada cuando en una jornada acalorada una nave tripulada en la luna quedó alunizada. El comandante Neil Armstrong fue el primer ser humano que pisó la superficie de nuestro satélite el 21 de julio de 1969, durante considerable tiempo muchos albayzineros discutieron en el barrio sobre la veracidad del alunizaje en las plazas, tiendas, tabernas y demás mentideros.

El santo

El santo

Fueron más series televisivas las que sirvieron de entretenimiento, El Santo, Embrujada, Flipper, los Intocables, Viaje al fondo del Mar, a tantos albayzineros no ajenos a la escases y al sufrimiento. Mientras los niños ajenos muchas veces a la cruda realidad con dibujos animados como, Don Gato, el Oso Yogui, la Hormiga Atómica, Leoncio el León y Tristón, Maguila Gorila, Popeye el Marino, vivíamos nuestra infancia con alegría y tranquilidad. Con la puesta en marcha de la UHS, como segunda cadena, ya no se sabía a donde acudir con una parrilla de programas tan llena.

MIGUEL VICENTE PRADOS

 

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3 respuestas a Con qué ilusión se veía en el Albayzín la primera televisión

  1. Toda una hermosa evocación de aquel mundo en blanco y negro (más negro que blanco), en que todo parecía tan f´ñacil pese a la complejidad de la vida monocolor.
    He echado de menos, la mención de una serie que se llamaba “Sugarfoot”, los domingos después de comer.
    Un saludo,
    AG

  2. BERNARDO dijo:

    cestaypuntos.blogspot.com por si quieres recordarlo.

  3. Carlos Abril dijo:

    Yo tambien pondria como serie muy vista en aquel tiempo.(La casa de los Martinez)

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