TRES, SIEMPRE FUERON TRES


  Cuando principio y fin se confunden  podemos asegurar que estamos llegando al final. Esta formidable casa morisca de nuestros desvelos, fue edificada bajo la influencia del Islam, hace ya más de cuatro siglos. Pronto los vencedores impusieron su cruz y la casa se cristianizó, soplaban vientos de radical intolerancia, con el tiempo la moral se relajó, llegó la ilustración, la desamortización, la república, y la dictadura con su pátina de religiosidad, también vio pasar la democracia con sus partidos políticos, conoció la emigración y en la actualidad vuelve  a dar cobijo a la fe del Profeta. Aquella que profesaban los que hace muchos siglos la construyeron. Dice una antigua tradición morisca “Y los hijos del Profeta, en Tetuán la santa, y en Mequinez la invencible, legan á sus primogénitos las llaves de las casas que habitaron sus antepasados en este barrio, seguros de que llegará un día en que volverán á tomar posesión de sus hogares”.

Esta mañana Najib Lauragli el nuevo inquilino, representante de la fe y cultura árabe, con mucha  afectación me dio la noticia y el pésame de la muerte de mi tío Pepe. Desenlace que aunque esperado por la edad, no dejo de sorprenderme. Reflexionando sobre el acontecimiento, subía los destartalados escalones que conducen a la casa de mi madre, Cándida, cuando de repente temblaron los muros de la casa morisca, sus formidables cimientos cimbraron de lado a lado, la casa se estremeció al oír la noticia, con este fallecimiento desaparecía el último bastión del trío tabernero. Evento que ponía punto final a una etapa de pasiones, envidias y venganzas, como nunca se habían visto. Quizá  este trío patético se vuelva a reencontrar en otro lugar, y aunque en este nuevo escenario, da lo mismo una alpargata que un zapato, seguro que son capaces de refundar la taberna celestial.

Turbado por el acontecimiento no tengo mas remedio que contaros una historia, que aunque algunos la tilden de leyenda, os puedo asegurar que lo que me dispongo a narrar fue auténtica verdad.

Nuestra casa morisca afligida por la pérdida del difunto trío tabernero, nos devela un secreto bien guardado durante siglos. Ella también formó parte de un esplendoroso trío. La triada la constituía tres magníficos inmuebles de augusta factura, tres auténticas joyas en la Alcazaba Cadima.

Entre las amontonadas casas de este barrio, que van formando estrechas y caprichosa calles, sobresalían estos preciados tesoros, que durante siglos brillaron con luz propia dentro y fuera del Albayzín.

Las tres maravillas de la arquitectura andalusí tenían una característica en común, fueron diseñadas por el mismo alarife, compartieron los mismos materiales, mano de obra y dedicación.

Por cercanía la que primero voy a describir, se situaba justo enfrente de nuestra casa morisca, a no más de 20 metros, le llamaban la casa del callejón de Santa Isabel la Real.Num.2. Según antiguos legajos que podemos consultar en los ricos archivos de la Casa de los Tiros, en el siglo XVII se levantó una casa-palacio en el número dos del callejón de Santa Isabel la Real. El edificio constaba de tres cuerpos de alzado, y un torreón en el que se abrían dos arcos de medio punto. La fachada quedaba protegida por un alero de zapatas. La puerta daba paso a un zaguán rectangular, con techumbre de madera adintelada formando casetones.

El patio era cuadrilongo y antes de su destrucción solo se conservaba un pórtico adintelado apoyado en una columna toscana de piedra de Elvira, con una sencilla zapata de madera. Los otros lados del patio debieron presentar pórticos similares que luego fueron cerrados para ganar espacio. Todos ellos se cubrían con techumbre similares a las del zaguán. La escalera se situaba en el lateral izquierdo y tenía cubierta adintelada. Por ella se subía a la planta principal, que se abría al patio mediante galerías que fueron cerradas con tabiques y ventanas. En el ángulo izquierdo del patio todavía se elevaba un cuerpo más, con galería adintelada y con pies derechos y zapatas lisas.

Como podemos observar fue casi idéntica a nuestra casa morisca, compartía el mismo diseño y trazas. Esta gemela de nuestra casa mudéjar fue demolida por sus propietarios a finales de mil ochocientos.

La parcela donde se emplazaba esta casa, fue adquirida por las religiosas de la Merced, administradoras del  Orfanato femenino de Nuestra Señora del Pilar. En el se alzó un edifico a manera de voluminoso pabellón rectangular de dos plantas, rodeado por dos hileras de simétricas ventanas, las del piso superior enmarcadas en arcos de medio punto formando un precioso festoneado, la construcción terminaban en una gran terraza.

Coronada por dos torreones o miradores perfectamente adosados en el tercio medio de los lados mayores. Una galería formada por cinco grandes arcos comunicaba ambos torreones y dividía la terraza en dos partes desiguales. En esta construcción residían las niñas del orfanato. Este robusto inmueble tenía poco valor arquitectónico y representaba un barrera visual que impedía el disfrute del extraordinario paisaje, también padecía de continuas filtraciones del agua de lluvia, por ello y con buen criterio fue demolido en 1983, en su lugar se construyeron una serie de pequeñas casas, más funcionales y acordes con el entorno, y que se adaptaban mejor a las necesidades de las residentes.

La tercera casa morisca fue construida un poco más lejos, precisamente en la cercana y recoleta Cuesta de Maria de la Miel. Esta calle a principios de mil novecientos tenía un aspecto ruinoso, llena de escombros que aquí y allá formaban grades montones, se veían las casi derrumbadas puertas y ventanas de sus viejos edificios; por cierto algunas conservaban preciosos patios de grandes y volados corredores, de talladas zapatas y centrados por surtidores o albercas genuinamente moriscas.

Los propietarios de estos edificios, con muy buen criterio y excelente sentido, hicieron desaparecer aquellos vertederos, y ocuparon su lugar con minúsculos jardines, levantando a lo largo de la cuesta, blancos tapiales donde se abren pequeñas cancelas, que dan ingreso a las reedificadas casitas. Era un espectáculo el o ver como los rosales y enredaderas se deslizan formando una florida escala de color.

Al final del primer tramo de esta calle, formando un rincón, antes de salir al cruce del carril de San Nicolás, existió hasta los años veinte, nuestra tercera y más pequeña casa morisca, que se llamó la casa de la Columna, ésta constaba de tres cuerpos de alzada y una fachada muy estrecha, en el piso bajo se abría un arco apuntado, en el principal un pequeño balconcito y en el superior una galería entre pilares de ladrillo con una balaustrada de madera. El nombre de la casa le venía dado por una columna andalusí que había en su misterioso y amplio zaguán.

Esta austera edificación fue la hermana pobre del trío mudéjar, pero sin embargo una las casas más famosas del legendario Albayzín, poseía varias y misteriosas leyendas. El novelista de temas granadinos D.Manuel  Fernández y Gonzales, recoge una de estas extrañas historias.

Cuentan que en tiempos de la Santa Inquisición habitaba dicha casa una bellísima joven llamada Maravillas, en unión de su tía, viuda de cierto golilla muerto alevosamente en una encrucijada por oler cosas que más le valiera dejar.

Próxima estaba Maravilla a contraer matrimonio con Diego Lujan, un honrado artista que deseaba sacar a la moza del lado de su tía, pues es de saber que la seña Rita, como le llamaba la gente, la acusaban de bruja a pesar de que a todas horas a través de las rejas de la casa se oían tenues ruidos de medallas y rosarios mezclados con el susurro de cristianas oraciones, amen de que todas las mañanas se la veía ir a la primera misa de Santa Isabel la Real; pero como cuando la gente se empeña en una cosa se salen con la suya, se dio tal pábulo a las murmuraciones, que intervino el Santo Tribunal y detuvo a la seña Rita para someterla a interrogatorio.

Sola y horrorizada quedó Maravillas, y dicen que, aprovechando esta coyuntura y la de estar el prometido ausente de la ciudad, Félix Pastrana, rico, calavera, galán y pendenciero, que andaba loco por conseguir a cualquier precio la belleza extraordinaria de la joven, de acuerdo con unos bribones disfrazados de esbirros sacaron a Maravillas de su casa, engañada, con el pretexto de llevarla ante su tía para ciertas aclaraciones; dejose conducir la pobre niña, y llegados que fueron a cierta casa, aplicárosle un narcótico y así triunfo el deseo miserable de Félix, quien una vez saciado, hizo conducir a Maravilla en una silla de mano, abandonándola aletargada en el portal de su casa.

Cuando al día siguiente la seña Rita fue absuelta por no haber prueba contra ella y medio muerta llegó a su domicilio, encontró a su sobrina enferma y deshecha en llanto, enterándose de lo que había ocurrido, y unidas las dos en un abrazo lloraron con amargura su desgracia.

De regreso Diego, forzosamente hubo de enterarse de lo ocurrido, y envenenada su alma por la pena que amargó su existencia y la de su amada, juro indagar y vengarse de aquel que para siempre lo había hundido en la desesperación, y cuenta la crónica que una mañana amaneció Félix asesinado a la puerta de la casa, y junto a el, clavado en el muro con el puñal que le dio muerte, un papel escrito que decía, “Se ha hecho justicia”.

Cuando los alguaciles fueron a tomar declaración a los habitantes de la casa, encontraron esta vacía, y nunca más se volvió a saber de ellos.

Y ahora, amigo lector, si te ha sido poco interesante mi relato, no me culpes de esto, pues solo te conté lo que yo oí.

A principio de siglo XX esta casa sufrió varias reformas que la desvirtuaron. En 1925 finalmente fue reedificada sin que nada quedara de su anterior fisonomía.

Como podemos ver, de aquel trío deslumbrante solo queda nuestra querida casa morisca. Los Vicentes siempre la defenderán de aquellos que no saben su belleza apreciar, de los incultos y avaros herederos, de los especuladores inmobiliarios, y de la telebasura que la quisieron comprar.

Desde la Casa Morisca:    Manuel Vicente Prados

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Historia del Albayzín. Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a TRES, SIEMPRE FUERON TRES

  1. Muy curiosa la leyenda. Supongo que es la casa de pozo Seco, de la que ya has hablado antes. Me encanta este blog.

    AG

  2. Perdón por el despiste: Pilar Seco, quería decir.

    • mivipra dijo:

      Estimado Alberto, Gracias. A esa casa me refiero, pero la leyenda se desarrolla en la Casa de la Columna sita en la Calle María de la Miel, justo a cincuenta metros de la anterior.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s