LA ENIGMÁTICA “CASA DE LA ESCUELA” Segunda Parte


Espero no haber aburrido al lector con este paseo por nuestra historia más reciente, origen de la cantada idea Machadiana de las dos Españas.

Volvamos de nuevo a la entrañable casa morisca; si, la situada frente al convento de Santa Isabel la Real, por debajo del aljibe de Rey y a mitad de camino entre San Nicolás y San Miguel el bajo.

En mi cerebro retumban esos dos sustantivos Casa de la escuela. Es curioso el poder de las palabras, sonidos articulados labiles y etéreos, que se propagan por el aire, con ellas denominamos a edificios, calles, personas y eventos. Siempre hemos dicho que las palabras se las lleva el viento, son efímeras, al pronunciarse dejan de ser presente para convertirse en pasado.

En cambio los edificios, monumentos, calles y plazas, gozan de una estabilidad y consistencia de la que carecen los frágiles y gráciles vocablos. ¡Qué equivocados estamos! Suntuosos edificios, bastas fortificaciones, regias mansiones, todas sucumben al paso de tiempo, en cambio la palabra invariablemente se mantiene a flote, no hay antigüedad que las doblegue, a pesar de los años siempre lucen con el esplendor del primer día.

Esta afirmación la podemos comprobar en el nombre de las calles del legendario Albayzín. Calle Oidores, dónde está aquel palacio que fue la primera Chancillería de Granada, en la vulgar calle que actualmente lleva este nombre, nada queda de aquellas regias casas donde vivían los potentados oidores. De aquel Real y Venerable hospital de tiñosos fundado por el caballero veinticuatro  D. José de la Calle y Heredia sólo queda el nombre de la calle de la Tiña. El callejón del Gallo nos evoca el remoto y suntuoso palacio del rey Badis, sobre el que se construyó la afamada Casa del Gallo de Viento. Calle del Agua, dónde fueron a parar tus refrescantes baños.

De las legendarias minas del Padre Flores, clausuradas por impostura y engaño, sólo nos queda el recuerdo y la recoleta plaza de las Minas. Si nos lo propusiéramos esta relación nuncan tendría fin.

Lo mismo ocurrió con la famosa Casa de la Escuela, con el paso del tiempo sólo nos llegó su nombre. Difícil fue conocer la causa que le confirió el susodicho nombre, en la noche de los tiempos muchas cosas se pierden y otras se suelen olvidar, más aún cuando no quedan testigos o moradores que pudieran dar fe de lo que aconteció en tiempo pretérito.

Aquellos que me respondieron la perogrullada, a esta a casa le llamarían de la escuela porque albergaría algún centro educativo; no erraron mucho el tiro. Efectivamente según el documento que reproduzco en este escrito, en la calle Pilar Seco nº2 existió en 1.872 una escuela pública dirigida por el maestro Don José Aguilera López.

Por orden del Ayuntamiento Popular Republicano de Granada, con fecha 2 de Septiembre de 1.872 se abría en esta escuela pública, regentada por D. José Aguilera.

Escuela nocturna de adultos y artesanos, a la que pueden acudir los trabajadores de la parroquia de San José, situada en el barrio del Albayzín. Este prospecto repartido entre la población obrera de este populoso barrio, brinda a la masa trabajadora la posibilidad de lograr una instrucción y conocimientos adecuados, que los haga más libres dentro de una sociedad civil, que hace suyo los principios de la revolución de 1.868 y de la primera república. Como dice la referida proclama:…La vida de la República es la instrucción primaria, como lo es también la riqueza de los pueblos y de los individuos; es la luz que ahuyenta la oscuridad, esto es, el error, los vicios y adversas costumbres en las que nos han tenido los Gobiernos, para llevarnos de acá para allá,

Resulta interesante conocer la biografía de aquel maestro y director de nuestra Casa de la Escuela. Don José Aguilera López, nació en Guadix en 1.819, fue un francmasón entusiasta del ideal democrático y la enseñanza popular.

Tras una densa vida dedicada al estudio y la docencia. En 1.850 consigue por oposición el título de Maestro de Instrucción Primaria Superior. Abriendo ese mismo año en Granada una escuela para adultos. Fue secretario de la Junta Provincial de Instrucción Pública desde 1.850 a 1.868. Tras el triunfo de la Gloriosa fue nombrado secretario de la Junta Provincial de Primera Enseñanza.

En 1.871 por concurso oposición ganó la plaza de Maestro de la Escuela Pública del barrio del El Salvador perteneciente al populoso Albayzín. De esta manera llegó esta figura insigne a nuestra Casa de la Escuela donde creó una escuela para adultos y adultas.

Miembro de la logia “Luxe excelsens nº 7, alcanzado en 1.882 el grado tercero (Maestro Masón). Desempeñó la secretaría de dicha Logia.

Republicano progresista, fue vicepresidente del Comité Local en 1.891 y Vocal del Comité de la Unión Republicana en 1.896. Falleciendo en Granada el 10 de Enero de 1.901.

Este personaje gozó de un gran prestigio personal y profesional, fue llamado el apóstol laico de la enseñaza para los trabajadores.

Francisco Villa-Real, lo elogiaba en un artículo escrito en el periódico Defensor de Granada, haciéndolo en los siguientes términos:…espíritu nacido para el bien; trabajador incansable; liberal sin exageración de sectas; católico sin fanatismos; maestro entusiasta de la enseñanza pública, (…). Maestro de todos, ricos y pobres, hombres y mujeres, niños y adultos

Nuestro abuelo Miguel, muchos años después, en 1.940 escuchó los ecos y recibió parte de la herencia que la primera república dejó en su querida Casa de la Escuela.

Durante la década de los cuarenta la Casa de la Escuela se convirtió en una típica y masificada corrala de vecinos, en minúsculos pisos se hacinaban numerosas familias. Los inquilinos hacían la vida en el patio, corredores y azoteas, se sentía bullir la vida, niños, adultos y ancianos convivían en agradable complicidad.

Nuestro abuelo como casero y dueño de aquel peculiar enjambre de almas, no dejaba de cavilar para poder mantener en uso aquella ruinosa edificación que se le venía abajo.

La primavera de 1.943 fue especialmente  lluviosa, ingentes cantidades de mala hierba emergían de los abombados tejados, verde musgo coloreaba los carcomidos muros y penachos de higueras silvestres se agarraban desesperadamente a sus desconchadas fachadas. La densa vegetación reventaba los canalones de los descuidados tejados, las tejas se desprendían con facilidad, una plaga que terminaría por destrozar las techumbres. Al abuelo Miguel le preocupaba la situación, sabía que el próximo otoño llegarían las precipitaciones, con ellas aparecerían las filtraciones y goteras en los pisos arrendados. Toda una avalancha de quejas y amenazas caerían sobre su persona.

Nuestro ancestro como persona precavida, el mes de octubre requirió los servicios Nicolás, maestro de obras; conocedor experto de los misterios constructivos de esta finca, para arrancar la broza del tejado, aderezar las tejas torcidas, fijándolas con aquella mezcla artesanal, que preparaba como nadie.

La arena recién traída por una reata de burros desde los fértiles arenales del Darro, sería cernida con esmero, separando el grano de la piedra. En más de una ocasión vio sobre el cernedor destellos de oro, repetía con insistencia el día que me encuentre una gran pepita de oro dejo este oficio tan ingrato.

La arena cribada se iba depositando hasta terminar formando una picuda montaña, Nicolás sobre este picacho a manera de blanca nevada esparcía la cantidad precisa de cemento, a continuación remedando un volcán abría con su pala una gran boca en el centro, con calderetes de agua inundaba dicha oquedad, acto seguido y con mucho cuidado iba llenando el lago central con arena mezclada con cemento, teniendo mucho cuidado de que el agua no se fuera a derramar. Después, todo era mover con presteza aquel amasijo de fuera a dentro y de derecha a izquierda, de forma continua y sin parar.

De este proceder obtenía un mortero muy adhesivo y de gran calidad, el mejor para pegar las inquietas tejas que siempre estaban listas para desprenderse y volar.

Una mañana otoñal el abuelo supervisaba el trabajo de albañilería desde el alto torreón. Observó que uno de los muros interiores se combaba cada día más. Y dijo, mira Nicolás, a ver si podéis quitarle la panza a este muro que está a punto de estallar.

El maestro y su peón, con espiocha en mano, comenzaron a picar, no pasaron dos minutos cuando la piqueta del subalterno se coló hasta el mango en las entrañas de la pared. qué raro, qué pasa aquí, el muro se ha tragado la espiocha. Nicolás se percató, exclamando, qué raro esto, qué puede ser. Con sumo cuidado exploraron con la piqueta el bujero. Estando enfrascados en esta tarea, ven con extrañeza como toda la pared se desploma como si fuera un telón. El atronador ruido, acompañado de una polvorienta nube, lo inunda todo.

Cuando la densa niebla se desvaneció pudieron observar una profunda y negra oquedad, y destellos metálicos que destacaban entre la tupida oscuridad. Un pálpito notaron un sus desbocados corazones, sería aquello ese fabuloso y nunca encontrado tesoro moro. Siempre oyeron decir que en estas casas moras se escondían fabulosos tesoros. Estaba en el sitio adecuado, aquel torreón proyectaba su sombra sobre la legendaria calle del Tesoro.

Cuando lograron controlar su nerviosismo, entraron en aquella siniestra estancia, a tientas y con los rayos de luz que alumbraba por primera vez el escondido habitáculo, pudieron visualizar su contenido, se llevaron una gran decepción. No pudieron observar aquellos cofres repletos de plata y oro. Una infinidad de antiguas cajas de madera se apilaban de una manera anárquica, encima de ellas, cientos y desordenados casquillos de balas relucían, correajes abarrotados de munición colgaban de las cajas, y a un lado multitud de verticales y metálicos cañones de fusiles se apoyaban en la pared a manera de un largo y mortífero órgano conventual.

Los trabajadores impresionados por el descubrimiento, llamaron con insistencia al dueño, que como podéis  imaginar quedó boquiabierto. El abuelo no paraba de repetir siempre estas mismas palabras: Esto es mi ruina y la de toda mi familia, cuando se entere la autoridad, pensaran que soy un rojo revolucionario de los que tanto abundan en este barrio. Seguro que termino en el paredón y los míos en la más ínfima pobreza.

El abuelo siempre fue una persona de orden, no podía dejar de denunciar el comprometido descubrimiento. Acompañado de la abuela Mercedes, los dos enfilaron las empinadas cuestas que les llevaban al cuartelillo de la Guardia Civil. Quizás este fuera su último paseillo, se decían para sus adentros, una ida con una incierta y explosiva vuelta, dejaban atrás siete hijos y una esplendida casa.

Cruzaron con timidez el umbral del cuartelillo de las Cuatro Esquinas. El sargento Colomera era el comándate en jefe de aquel baluarte, representante del poder y el orden en este populoso barrio.

Pasa Miguel, pasa que tú eres un hombre de orden. Dijo con voz rotunda y autoritaria al ver titubear a nuestro abuelo.

Mi sargento, mi mujer y yo estamos muy preocupados, una cosa muy grande ha sucedido en nuestra casa.

Tranquilo Miguel, cuéntame.

Pues mire don Antonio, estaban los albañiles arreglando una pared y de repente se ha venido abajo.

No me digas que la pared ha caído sobre los albañiles y los ha matado.

No, no es eso, es que ha aparecido una habitación llena de armas.

Al sargento Colomera se le pusieron sus frondosos bigotes de punta.

Bueno ante todo tranquilidad. Vámonos para allá ahora mismo.

En cinco minutos el sargento Colomera y dos números de la Benemérita estaban en el torreón requisando el explosivo alijo.

Mi sargento qué me va pasar conmigo.

-Ya te he dicho que tranquilo Miguel, que este arsenal nos lo llevaremos y la autoridad ya dirá que ha de hacerse.

Fueron días de espera y zozobra para nuestro antepasado, pendiente de la puerta y mirando la calle de derecha a izquierda, siempre esperando a esa verde pareja de negros tricornios.

Una fría mañana recibe la esperada y temida noticia, tiene que presentarse con prontitud en el cuartelillo.

El abuelo llega al puesto militar totalmente entregado, para lo que quieran hacer con él, no espera buenas noticias.

Tranquilízate Miguel, las autoridades han estudiado tu caso, tu eres una persona afín a nuestro movimiento, y han visto que el arsenal que ha aparecido en tu casa es muy antiguo, lo mismo lleva ahí enterrado más de 100 años. Son armas que se utilizaban en tiempos de la primera república, total antiguallas, nada más que antiguallas, armas inútiles.

Un gran peso se quita el abuelo de encima, en su rostro se dibuja la sonrisa, el brillo vuelve de nuevo a sus ojos. Sabiendo lo bien que se ha resuelto el entuerto, tuvo la valentía de pedirle un favor al temible sargento Colomera.

Don Antonio podría pedirle un favor.

Sí, dime Miguel.

Mi hijo mayor fue sargento de cota, sirvió en infantería durante la guerra, estuvo en el frente de Alcala la Real. Y como tiene licencia de armas, pienso yo, sí se podía quedar con una de las pistolas que aparecieron en mi casa.

Ya se vera, Miguel, vente mañana con tu hijo y su lincencia de armas, le daré la pistola que él quiera.

Aun recuerdo aquel oscuro armario que llenaba el reducido dormitorio de mis padres. Debajo, a la derecha y siempre cubierta de polvo, estaba la raída maleta de cartón que contenía las pertenencias de mi abuelo. Su último atillo, su dentadura postiza y la famosa pistola republicana que apareció en el torreón de la Casa de la Escuela.

Como podemos ver la Casa de la Escuela, fue un referente de enseñanza libre y tolerante, basada en las ideas igualitarias de la Revolución de 1.868 La Gloriosa. Esta atmósfera que en 1.872 se respiraba en la casa morisca, impregnó sus muros y recintos para siempre. Quizás fuera la causa de la querencia que tiene nuestro querido primo José Miguel por la República. Pasó toda su infancia en esta instructiva casa, seguro que se contagió de estas ideas progresistas, de igualdad y libertad, donde el pueblo es soberano, no precisando de monarca alguno que reine.

Este ideario de justicia e igualad también caló fuertemente en los Vicentes, forma parte de nuestro ser, y lucharemos hasta la muerte para que siempre se haga justicia. Una vez liberados por la formación, el estudio y el trabajo, nos hemos quitado del yugo prepotente, fascista y manipulador de nuestros allegados familiares. Estamos unidos, preparados y dispuestos para luchar contra una gran injusticia y esta vez podremos decir con seguridad la famosa frase: POR NOSOTROS NO PASARAN

 

MANUEL VICENTE PRADOS

 

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7 respuestas a LA ENIGMÁTICA “CASA DE LA ESCUELA” Segunda Parte

  1. Conchi Rodríguez. Jiménez dijo:

    Genial,no dejeis de luchar nunca!!!

  2. Que miedo nos daba esa maleta, siempre volviendo la cara para no verla.Utilizando este mismo simil en la actualidad: Hay cosas, personas y situaciones que es mejor no verlas.

    q

  3. Miguel Angel Barrera Maturana dijo:

    Estupendo relato, Manuel: presentación, nudo y desenlace. Felicidades. Gracias por compartirlo. Os sigo.

  4. Marisa Campanilla dijo:

    Que bonito escribes, me encanta!!! son relatos para disfrutar, reir, llorar…amar, recordando nuestras vidas. un beso

  5. Enrique Yudes Cortés dijo:

    Me ha encantado el relato,creo que ha nadie le aburrirá su lectura,a mi personalmente me tenias intrigado desde que lei la primera parte,así por mi parte un SUMMA CUM LADE,un abrazo

  6. pili dijo:

    Vivi en esa casa desde el 1948 hasta el 1959. Me ha hecho mucha ilusión encontrar este blog y revivir buenos momentos alli vividos. Me gustaria tener contacto con Mari Trini Vicente, era mi amiga de la infancia junto con Rosa Mari de la casa nueva. Mi nombre es Pili y vivia en la esquina del patio. Espero tener respuesta pronto, saludos.

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