EL CORPUS DE AYER


Cuando el calor aprieta durante los últimos días de mayo, obligándonos a buscar la estrechas y sombreadas calles, un pálpito y emoción embarga a todos los granadinos, presiente la llegada de esa fiesta tan deseada que es el Corpus. Una atmósfera cálida y embriagadora nos envuelve, trasportándonos a esa infancia que nunca muere.

Años infantiles que como ladrones asechan para aflorar a la mínima ocasión; en un instante nos colocamos el pantalón corto y las sandalias recién estrenadas para corretear por las empinadas calles del Albayzín. Aquella alcancía de barro donde hemos ido echando monedas durante todo el invierno llega a su fin, con emoción tras un certero golpe de martillo veíamos estallar la hucha en mil pedazos y una lluvia de duros, dos reales, pesetas y perras gordas lo inundaban todo. Seguimos soñando con la coloreada y gran nube de algodón que mancha nuestra nariz;  la foto familiar a la grupa del caballo de cartompiedra y aterciopelado pelo negro, siempre tocados con sombreros de cartón y papel.

La fresquita Mirinda que saboreábamos en la barra de una ruidosa caseta;  las duras barretas que mamá nos compraba en la Menorquina,… una infinidad de recuerdos que como tesoros guardamos celosamente un nuestro corazón.

La fiesta del Corpus con la que hemos crecido posee una dilatada tradición, forma parte de nuestro carácter e idiosincrasia granadina, por unos momentos trataremos de trasladarnos al Corpus del Ayer:


El Corpus fue y será la fiesta granadina por antonomasia, instituida por los Reyes Católicos, según cedula fechada en 1501, donde se establecieron cuantiosos impuestos a la ciudad  para  sufragar los gastos de esta importante fiesta. Así mismo, se impuso una contribución a las alquerías de la vega, que deberían traer en las vísperas de la fiesta juncia para alfombrar las calles que habría de recorrer la procesión, también se ordenaba a los vecinos moradores de esta ciudad, que por donde pase la procesión entolden puertas y ventanas lo mejor que pudieren, y que limpien y barran sus pertenencias, se obligaba a todos a oír misa entera, castigando aquellos que dicho día hicieran ferias y mercados, y se instaba a los comerciantes a que no tuviesen sus tiendas abiertas.

Con estas órdenes, cumplidas fielmente, llegó a ser una  fiesta imponente y de general solemnidad

El recorrido de la procesión era el siguiente: Bib-Rambla, Pescadería, calle de los Mesones, Bib-Rambla, Zacatín, Plaza Nueva, calle de Elvira, pilar del Toro, calle de la Cárcel,  finalizando en la Catedral. El itinerario se hallaba fastuosamente adornado, destacando los bellos altares levantados por los vecinos. En fachadas y balcones se lucían notables tejidos moriscos, que conservaron la tradición árabe.

La procesión era más barroca que la conocemos hoy en día, además de infinidad de gremios y comisiones, desfilaban los diablillos, gitanos, alegorías y carrozas, así como el carro que trasportaba el ambulante teatro, en el que se realizaban juegos escénicos durante el trayecto y en los altares que servían de descanso. También eran famosas las celebres zambras compuestas por los vecinos de los pueblos limítrofes.

Los caballeros veinticuatro se afanaban  para que cada año todo resultara más vistoso.

La plaza de Bib-Rambla se levantaban faustosisimos catafalcos, primorosamente decorados por los más renombrados pintores locales, también se encuadraba el centro de la plaza con arcos de laureles y liadísimos jardines, siempre coronados con innumerables y vistosas fuentes.

Con el tiempo este exuberante ornato y solemne religiosidad ha ido perdiendo fuerza, haciéndose la celebración más popular y castiza,

Continuando en tiempos pretéritos, evocaremos algunas escenas típicas del Corpus granadino durante la primera mitad del siglo XX

El  miércoles víspera de la procesión, a las siete de la mañana Granada se despertaba súbitamente al son de una gran diana  militar.

La mañana se torna frenética, aún faltan los últimos toques; todavía está a medio colgar el toldo protector; un enjambre de obreros perfilan los últimos adornos; los trenes van llenando de forasteros la población. Una muchedumbre se apretuja frente al Ayuntamiento  o se acordonan en las calles de tránsito. Caracolean los caballos de la guardia municipal haciendo anchura. Se está organizando en la plaza del Carmen la Pública, que a las doce del mediodía desfilará por las calles de Granada.

El cortejo lo forman: Batidores de la Guardia Municipal con sus relucientes trajes de gala, los gigantes inician su andar majestuoso, sus brazos desgonzados no dejan de girar en un movimiento incierto; los cabezudos que van repartiendo botijiles golpes a la gente menuda, arremolina a la inquietante multitud; la banda de música con acompasadas partituras pone ritmo a la mañana, los empelucados timbaleros y palafreneros, los heraldos, los reyes de armas, y el coche que porta el escudo de la ciudad, siempre rodeado de imberbes pajecillos.

Por fin aparece la Tarasca, es la reina del día, oscilando sobre el verde dragón, con su brazo extendido como una funambulista, tiene una mueca de sonrisa eterna, rebosando elegancia y juventud. Cerrando el cortejo la banda y escolta de la guardia municipal, con sonoras marchas y estampidos de pólvora, la cabalgata señala las calles que el día siguiente recorrerá la procesión

La Plaza de Bibarrambla está adornada con escudos y banderolas, a un lado se edifica un precioso y artístico altar, presidido con los retratos de los Reyes Católicos. A este recinto acuden todas las clases sociales para leer las tradicionales Carocas. Bajo los farolillos de papel, se colocan las instructivas y moralizadoras quintillas que satirizan los vicios y errores de la comunidad.

El Jueves reluce más que el sol, a las diez en punto de la mañana, la esplendorosa y solemne procesión del Santísimo Corpus Cristi, desfila por las calles que se cubren de juncia y otras plantas aromáticas; a los balcones adornados con vistosas colgaduras se asoman las mujeres granadinas, vistiendo sus mejores trajes de verano, luciendo preciosas bandas o guirnaldas de rojos claveles, que cruzan su pecho y adornan sus peinados.

En esta procesión además de todos los elementos de la Pública, desfilan los niños de ambos sexos de las Escuelas del Ave María, con cruces,  flores y su banda de música; las mangas de las Iglesias de los pueblos de la Vega y de las catorce parroquias de la capital.

En todas figuran los sacerdotes adscritos, presididos los de cada parroquia por su Teniente portando la elegante capa pluvial  y a su lado dos clérigos con alba, dalmatita y cuellos altos.

La penúltima es la parroquia de la Colegiata, con su numeroso Clero y Hermandad, siendo la última, la parroquia Catedralicia del Sagrario, con su numerosa y distinguida Cofradía del Santísimo.

Luego siguen las Corporaciones, los heroicos bomberos y los jefes militares de las guarniciones, acólitos, sacristanes, seminaristas, los seises, cruces, ciriales y turíbulos, los Capellanes Reales, los Beneficiados, y Canónigos con ricas capas pluviales bordadas en ramos de oro y puesta sobre los hábitos de oficio, músicos y cantores, y por fin la Custodia, sobre su carro triunfal, con frontales de tisú, con ricos manteles en el altar, llenos de flores, las tradicionales espigas y racimos de uvas; cuajado de luces, y en lo alto la custodia, de oro macizo y esmaltado de pedrería, y sobre el viril la Hostia Consagrada, a la que rodean todos los párrocos de la capital y de los pueblos cercanos.

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Siguen al Trono, el ilustrísimo Deán como celebrante, el venerable Arzobispo, el Ayuntamiento, los Gobernadores Civil y Militar, la guardia municipal y la guardia de orden público.

Cierran la carrera, fuerzas de infantería. La caballería se sitúa en la plaza del Carmen, en la Gran Vía, y la artillería en Puerta Real.

En estos festejos son notabilísimos, la iluminación eléctrica de los bosques, paseos y jardines de la Alhambra, las combinaciones artísticas de la Carrera del Genil, Paseo del Salón, Bomba y jardincillos, donde constituyen un espectáculo fantástico y maravilloso.

También se celebraban Conciertos en el Palacio de Carlos V, interpretados por las más renombradas orquestas; certámenes, exposiciones; carreras de caballos, tiro de pichón.

La famosa feria de ganado en el Paseo del Violón, amenizada por la música del Hospicio. Los principales ganaderos de la provincia, traen hermosos ejemplares para la venta,  realizándose muchas transacciones en toda clase de ganados.

Muchos eventos y tradiciones hicieron  historia en aquellos años, hoy en día muchos de ellos se conservan y los que han tenido peor suerte siempre vivirán en nuestro recuerdo.

   MANUEL VICENTE PRADOS

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3 respuestas a EL CORPUS DE AYER

  1. Nicolás Palma dijo:

    Precioso, como siempre de una fidelidad y viveza impresionantes. ¿Para cuando algo de la “Casa de la Lona” (cuantas casas y familias la componían) “El Corralón” “El Huertecillo” …

    • Marisa Campanilla dijo:

      Hola Nicolás, tu eres de la Lona? pues yo tambien estoy muy interesada en noticias y vivencias de allí, sobre todo de los años 50 y 60.
      Miguel, rey eres un genio!!! un abrazo

  2. bessere welt dijo:

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