Globos, fantoches y mingotes: así lo viví y así lo cuento


Así lo viví y así lo cuento

Ya habían pasado los hielos y fríos invernales, pues no recuerdo rastros de los sabañones en orejas y otras zonas corporales. Tras varias jornadas de trabajo afanado, teníamos nuestro fantoche rematado. Para mí y mi compañero de pupitre ver volar representaba un hito en la tediosa jornada escolar.globos Más aún después de entonar una tonada que con una vara sobre nuestras tiernas manos fue blasonada. Que ocurrencia la mía, que la vara de almez que con tanta pericia recogí hacia unos días, me fue por Don Juan requisada y sobre mi propia piel señalada. Estaba con mi compañero Eugenio Santaella entonando palo viene palo va en forma de cantinela, y Don Juan consideró, con la vara en ristre, que debíamos acudir a la palestra y probar de la medicina que nos tenía dispuesta. La disciplina y la autoridad era por aquel entonces de la escuela su seña de identidad, y no se podía pedir a nuestros padres indulgencia, ya que cuando acudían ante nuestro maestro no le pedían precisamente para nosotros clemencia, acudían casi siempre por mor de alguna de nuestras travesuras y le espetaban al maestro que si nos portábamos mal no debía por su parte haber remilgos, ambages ni conjeturas, sino mano dura.

Recuerdo que era sábado por la mañana cuando en compañía de nuestro maestro Don Juan de la Blanca acudíamos en comandita al encuentro en el que nuestro fantoche con los cielos tendría oportuna cita. Globos-de-cantoya-ideales-para-eventos-al-aire-libre-20120927162229Tenía dimensiones que en aquel entonces me parecieron descomunales, y una amalgama de colores le daba a nuestro globo de aire caliente un aspecto que a nuestras inocentes miradas era grandilocuente. Teníamos escuela mañana y tarde todos los días menos el domingo y el jueves por la tarde. Pero fue el sábado por la mañana después de rezar el ángelus el día señalado para que nuestro fantoche o mingote surcara los aires manteniéndose con pericia y destreza a flote. Por aquel entonces había por el vuelo de fantoches gran afición, que provenía de una longeva tradición.

En rezo del ángelus no era casualidad, en la escuela del Albayzín de ayer la catequesis y el adoctrinamiento cerraban el paso al librepensamiento dando senda abierta al oscurantismo y la oscuridad. Por eso ahora me subleva la añoranza de aquellos que hoy quieren convocar los tiempos casposos del nacional catolicismo y el de las fiestas de guardar y los de a por fía con flores a María. Más aun sabiendo que de mis compañeros, Piñar, Ibáñez, Plata, Frías, Bonilla, Campos, Yudes, Benítez y así hasta treinta y cuatro alumnos más, sólo llegamos el Quirantes y yo a hacer en el Instituto Padre Suárez el ingreso. Que no me hablen hoy que esa educación significaba progreso, menos mal que de ella salí, más o menos, ileso.Colegio Gómez Moreno

Cantos y resorios por los altavoces del ángelus eran premonitorios. Llegados las manecillas del reloj al mediodía con la oración espiábamos nuestras culpas para merecer, si es que fuera menester, nuestra salvación. Con tedio y poco optimismo los chaveas afrontábamos el rezo del ángelus propio de aquella época de nacional catolicismo. Ya veníamos del canto del himno nacional cuando firmes en fila la jornada acababa de principiar. Tras el ángelus, en media hora la escuela hasta la tarde se quedaba sola, ya quedaba extinta la sesión matutina y quedábamos emplazados para que de dos y media a cinco tuviera lugar la vespertina. El sonido de una campana cantarina en su restañar señalaba el principio y final de cada jornada escolar, también recordar creo, que lo mismo sucedía con el recreo.  La campana pendía al igual que su badajo de una ventana y era un honor blandirla, ya lo creo, siempre que salíamos al recreo, honor reservado sólo para los alumnos mayores que con Don Juan Salmerón daban los últimos alientos a su escolar instrucción.31776507 El recreo era también el momento o ínterin en el que de forma gratuita nos daban un pulevín, aquella leche que en los servicios de las niñas se almacenaba sabía amarga como las tueras, sólo los polvos de chocolate le conferían un sabor más llevadero para nuestras tragaderas. En mi remembranza en el mismo régimen de la leche de gratuidad, nos daban regalos de Reyes por Navidad. Ahí, pienso yo, que comenzó mi sempiterna mala suerte, pues en habiendo regalos casi para todo el alumnado, éstos debían ser sorteados, y mira por donde, a mí me tocó la papeleta en la que ningún regalo se esconde. Esta infantil decepción me acompañó durante toda mi vida pues aún no le encuentro explicación. Si faltaba un regalo para ser regalado, cómo don Juan, aunque fuera de su bolsillo, no lo hubo sufragado.

Don Juan de la Blanca Castilla debió inspirarse en el propio José Montgolfiero a pie juntilla. Éste era fabricante de papel de Aviñón,  que observó como el humo de su chimenea mantenía en el aire partículas en elevación, y que en noviembre de 1782, construyó una bolsa de papel o seda de poco menos de un metro cúbico, la cual al llenarse de aire caliente se elevó hasta el techo de la habitación donde de él quedó pendiente. Don Juan, mi maestro, que a la cólera era muy afecto, también era proclive a la artesanía y a lo manual, y por ello con papel de seda de distintos tonos y colores, alambre para la estructura y un algodón o “guata” con alcohol  en una semana teníamos presto y dispuesto el globo volador. Teníamos sin apenas dispendio y menos aún derroche para el sábado convenido nuestro fantoche, que de esta manera se denominaba esta artesanía manufacturera.

Con qué ilusión nos disponíamos a estos artesanales menesteres, pues el resto del tiempo permanecíamos estabulados mientras nos instruían en fatuos e inútiles saberes. 76_an__os_de_historiaEstábamos estabulados en pupitres de madera con su agujero para el tintero y que en filas estaban enfrentados a los encerados. Pizarras y pizarrines utilizábamos los alumnos más alevines. Afanados con el aprendizaje de la lectura y escritura y las cuatro reglas, el triángulo del Ojo del Dios justiciero que todo lo sabía y que todo presidía insuflaba en nuestro espíritu libre el socorrido miedo.enciclopedia_2grado_ANTONIO_ALVAREZ El Ojo de Dios que más que nada inspiraba temor atemperaba el ánimo inquieto del alumno más trasto, y era de destacar su omnipresencia, pues tanto en el catecismo, como en los cuadernos Rubio o la enciclopedia Álvarez no daba abasto.1736522-antigua-pintura-de-los-ojos-de-dios-norte-de-italia Recuerdo como, para la mente inquieta de aquellos que en las clases de grandes ventanales de madera recibíamos instrucción, la parte trasera de las pastas de los cuadernos Rubio y de las libretas despertaban nuestra imaginación, las tablas de multiplicar en ellas no podían faltar, y sobre todo la orla donde éstas estaban enmarcadas y que con motivos de la selva y animales salvajes quedaban exornadas. Todo este material era el único arsenal didáctico para llegar al conocimiento que tanto interesaba en aquella época al poder fáctico. Una época en claro oscuro que sobre nosotros dejó un legado pacato y timorato, pero doctrinal seguro.

Nuestro globo aerostático se compuso de un gran número de tiras de papel, que pegadas adecuadamente, formaban una bolsa o vela multicolor sin uso de troquel. En cuya parte inferior terminaba en una boca circular reforzada con alambre fino, por la que se introducía el aire caliente que de la torsía de algodón alcoholizado procedía. Saber, Don Juan de la Blanca, sabía que podía ser peligroso el fuego de la susodicha torsía, pero a pesar de ello por el callejón de las Campanas fuimos en dirección al mirador de San Nicolás en tropelía.plaza de san nicolas Las salidas fuera del Gómez Moreno no eran frecuentes, una visita a las Cervezas Alhambra para ver in situ el sistema de producción y el regalo de una regla de madera para la ocasión, o la visita a Uniasa que en un terrero por aquel entonces Camino de Ronda se emplaza, y que tenía como aliciente un botellín de batido de sabor a fresa, chocolate o vainilla para cada potencial cliente. Éstas, las salidas, ayudaban a salir de la monotonía de la escuela en su día a día.

Aquella breve salida, aunque efímera, a mí nunca se me olvida. Por aquel entonces a la chavalería nos gustaba mucho el ruido de los mixtos de crujio, comprados en el puesto de la Gorda o la Dolorcicas, y la explosión de latas con carburo que sorprendían al gentío. Con qué enorme ilusión nos dispusimos insuflados por estos antecedentes, a contemplar cómo por mor del fuego nuestro fantoche superaría los vientos batientes, surcando el cielo ajeno a la gravidez, y perdiéndose en la lontananza a los ojos de mi niñez.

El Frías por ser más alto fue él que sujetó al fantoche sobre lo alto de banco, mientras don Juan sacó del paquete de caldo de gallina, su mechero de yesca con el que prendió el alcohol del nuestro fantoche volador. Tras un breve instante, lo que duro el inflado del velamen flotante, nuestro globo empezó su majestuosa elevación dejando escapar en cada uno de los presentes una sincera exclamación. El fantoche se alejaba en su navegación cada vez más de nuestra visión, hasta que de repente, un role del viento inició su trayectoria descendiente.iphone feb2011 087 Dejaba su estela de humo como un avión a reacción, hasta que sobre la masa vegetal del entorno alhambreño se precipitó nuestro fantoche sin remisión.

Primero visualizamos el humo, más tarde las llamas y sus fulgores, momento que aprovechó Don Juan para urdir con avidez la urgente retirada entre sollozos, nervios y estertores. En tiempos de escuela y maestros del nacional catolicismo, aprendí un sabio aforismo, niños vámonos para la escuela que me ha dao un escalofrío y además aquí el pescao ya está vendio.

El diario Patria y el Ideal, al día siguiente, ponían al personal al corriente, incendio en la masa forestal del conjunto Nazarí, se desconoce la causa del mismo, lo que no es cuestión menor o baladí. Hoy desde este literario parapeto me atreví a desvelar el guardado secreto.

  MIGUEL VICENTE PRADOS

 

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Una respuesta a Globos, fantoches y mingotes: así lo viví y así lo cuento

  1. Nuevo blog sobre temas granadinos: Granada recuerda sus cosas. Una mirada a las placas conmemorativas que aparecen en las fachadas de nuestras calles, en los vestíbulos y patios de edificios institucionales.

    http://granadablogs.com/granadarecuerdasuscosas/

    Saludos,

    AG

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