EL ALBAYZIN Y SUS BRUJAS


 

PANDERETE 1

Sucedió durante los cambiantes años sesenta, en el número cuatro de la calle Pilar Seco se situaba la casa de la Escuela, era una de tantas mansiones señoriales que no tuvo más remedio que reinventarse, y tratar de albergar a un proletario barrio que cada día era más grande y más pobre.

Fue  durante una corta y fría tarde de invierno, una extraña atmósfera inundó el barrio, un silencio sepulcral que súbitamente se rompe junto a unos desconcertantes alaridos me hicieron estremecer. Con mucho miedo y poca decisión, piso con sigilo los mamperlanes de la escalera que me conducen al ventilado torreón. Un cielo encapotado presagia una horrible tormenta; el viento silba con rabia, se desgajan las copas de los árboles, no dejan de chillar las veleta y mientras, la mortecina luz de las cristianas hornacinas desfallece.

CASA DE LA ESCUELA

CASA DE LA ESCUELA

A lo lejos una compacta y oscura mancha se agita, como negros abanicos no para de palpitar sembrando el desasosiego en la zona. No cabe duda, se trata de un suceso que desde tiempos inmemorables y cada cien años se vuelve a repetir. Desde los subterráneos más insondables, desde aquellas olvidadas grietas que cubre la trepadora hiedra, no dejan de aflorar las protagonistas de esta horrible noche. Tapadas por renegridos mantos y a caballo de voladoras escobas, las brujas de todo los tiempos, se remontan por el aire; describen silenciosas e imposibles curvas por la cuenca del Darro, alrededores de la roja colina  y por las torcidas calles del Albayzín. Poco a poco se van congregando en las plazas más principales, después se divide, y mientras unas penetran en ciertas casas del  Albayzín, chupando la sangre a los niños y ejecutando sus maleficios, otras bajan a Bib-rambla, y recorriendo la vega visitan sus  blancos pueblos. Tras realizar tan magna felonía, unas tras otras se concentran en una alta meseta, que coincidiendo con el punto más alto del Albayzín, le llaman El Panderete de la Brujas; todas ellas reunidas celebrarán un siniestro aquelarre, entregándose a una danza diabólica y obscena que durará hasta que el gallo vuelva a cantar.

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Sobre el pardo manto de las pérfidas brujas, aun se respira el polvo de aquella Granada Nazari, la ciudad de las mil torres, la Damasco de occidente, que languidece y se desmorona tras el férreo asedio que le inflige las huestes cristianas. Sus invencibles murallas cobijan a un pueblo hambriento, medroso y desahuciado que sin remedio acepta su infortunio.

Fuera, en el real campamento de Santafe, los católicos reyes ultiman su maquinaria de guerra, están  prestos para conquistar esa Granada que lentamente se desgrana. Los jóvenes e intrépidos donceles castellanos añoran ganar méritos en esta cristiana contienda, no cesan las escaramuzas y las refriegas contra un enemigo que se defiende con obstinación. A la cabeza de de esta pléyade de ambiciosos y valientes soldados figura Gonzalo Fernández de Córdoba el que sería después de las campaña de Italia El Gran Capitán.

EL GRAN CAPITAN

EL GRAN CAPITAN

Una fría mañana de enero Don Gonzalo hastiado por una desesperante quietud, decide junto a sus dos escuderos alejarse de los reales de Santafe. No había trascurrido más de media hora cuando se tropezaron con una nutrida patrulla de agarenos, que  como cada día vigilaban los extramuros de la ciudad. Los dos escuderos sucumbieron ante la desigual liza, el gallardo caballero dando mandobles a diestro y siniestro logró escabullirse a lomos de su caballo, llegando hasta el cerro de Dinadamar, hoy la Golilla de  Cartuja; desde allí sus ojos vislumbraron a la perla de Occidente Granada.Estaba tan cerca que podía oír la algarada de los soldados moros que a tropel salían para terciar en la refriega. Mas el intrépido caballero tuvo la desgracia de ver morir a su caballo, herido de muerte el fiel animal dejó solo a su amo. Al tiempo reparó que dos de los moros que le acometieron por la mañana, le habían seguido con ansias de recuperar su presa, y además el grueso de la patrulla no tardaría en llegar. Gonzalo escondido en una encina se encomendó al Padre Eterno y aguardando la ocasión; cuando se le acercaba un robusto negro que montaba un fogoso corcel, tuvo la habilidad de lanzarle una certera azagaya que lo derribó en el acto. Ágil como un depredador montó rápidamente en el caballo, cambiando de esta manera su suerte, pero debido al número, seguía siendo clara su desventaja. Estando en tan apretada situación tuvo la fortuna que pronto acudieron varios jinetes cristianos en su socorro. Fueron el caballero Pulgar y alguno de los suyos que regresaban de la diaria escaramuza. Los aracenos asustados ante las lanzas cristianas huyeron en estampida y los dos caballeros se fundieron en un apretado abrazo; Gonzalo prometió que en ese mismo lugar levantaría un monasterio para dar gracias a Dios por haberle salvado la vida. Concluida la conquista de Granada el insigne Gran Capitán hizo pública esta hazaña y su voto de levantar en este paraje un espléndido monasterio.

Cartujos laborando

Cartujos laborando

La Cartuja Paular de Segovia, en plena expansión, acuerda en 1945 con el remanente de sus rentas, fundar otra nueva Cartuja. Para ello se comisiona al Padre Juan Padilla, prior de la Cartuja de las Cuevas de Sevilla y visitador de la Orden. El cartujo conocedor de la promesa del Gran Capitán, y después de siete años de inútiles instancias, logró del ilustre personaje la donación de las huertas de los Abencerrajes y la Alcudia de Aynadamar, situada al pie de la Golilla, para la construcción de un nuevo monasterio, y a cambio de que éste fuera su futuro panteón. En  1513, bajo la supervisión del Padre Padilla comenzaron las obras, cuando los trabajos estuvieron lo suficientemente adelantadas, el visitador junto a unos monjes se instalaron para seguir de cerca la febril actividad.

Por aquellos tiempos la hechicería y herejía se adueñaba del Albayzín, el Tribunal de la Santa Inquisición no cesaba de abrir nuevos procesos y realizar ejemplares autos de fe.

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Hacía unas semanas que aparecieron tres monjes degollados en sus celdas, algunos creían que tan deplorable acto podría ser obra de renegados moriscos, pero la gran mayoría lo tenían claro Cosas de hechiceras y nigromantes.

Un sábado del mes de septiembre, el padre Padilla se recogió bastante tarde. Había estado largo tiempo inspeccionado los trabajos que los alarifes ejecutaban en la futura Cartuja, y satisfecho por lo adelantado de la obra, se retiro a su celda sumamente cansado…

Las preocupaciones le roían el alma, le atormentaba el desarrollo que estaba adquiriendo la hechicería en el barrio. Precisamente aquella misma mañana había presenciado, cerca de las obras, la detención por parte Santo Tribunal de dos mujeres acusadas de brujería.

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El sueño y cansancio fueron capaces de vencer los quebrantos vividos esa jornada. Quedando sumido en un profundo sopor, de repente, un extraordinario resplandor iluminó su habitación, le despertó bruscamente, ante sus ojos diez brujas con sus negros mantos y respectivas escobas danzaban alrededor de su camastro.

El buen hombre quiso incorporarse, pero una bruja vieja y desdentada con el palo de la escoba le atizó un certero golpe en el pecho; derribado sobre la cama y lleno de  mortal angustia, el fraile intentó ponerse de pie, pero una pelirroja y rolliza bruja depositó unas enormes posaderas sobre sus piernas, quedando inmovilizándolo por completo. Iba a gritar cuando otra bruja que llevaba un horrible sapo en las manos dejó su danza infernal e introdujo el pegajoso anfibio en la boca del Visitador.

Por fin, una nueva bruja de blancas carnes y profundo mirar, de un salto se colocó sobre el pecho de su víctima, y pudo de esta manera continuar su danza ancestral.

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Asustado y lleno de terror, se lanzó hacia la ventana para pedir auxilio. Atónito se quedó, no podía dar crédito a sus ojos, la vecina meseta irradiaba una gran claridad, a través de una siniestra colmena se transparentaba la figura de un diablo de fuego, mientras las brujas danzaban de aquí para allá, y algunas agotadas de tanto volar se posaban sobre el borde del panderete infernal…

Súbitamente el diablo erguido sobre la meseta se fija en el padre visitador, y convocando a todas sus brujas, levanta su cetro señalando al monje que sin remedio intenta escapar. .

Al Padre Padilla debilitado por tanta emoción, no le da tiempo de hacer la señal de la cruz, y se desploma sobre el pavimento. Fueron muchas horas en la que en esta situación permaneció. Presa de un extraño sopor, creía ver como diablos, brujas y fantasmas danzaban y se batían en obsceno y escandaloso ritual. Por fin todo termino…

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A penas despunta el día siguiente, manda que fuese exorcizado ese escabroso lugar, y no contento con esto, decide que, aunque los trabajos de la Cartuja estuvieran muy avanzados, trasladar su construcción a un lugar más alejado de este maléfico paraje.

El cambio de ubicación, molestó y mucho al Gran Capitán, hasta tal punto, que decidió romper su compromiso con los cartujos. Al poco tiempo se produce su muerte (1515) siendo enterrado en el monasterio de San Jerónimo.

Las obras de la Cartuja en su nueva ubicación se reanudan e 1516, durando su construcción tres siglos, sin que, al cabo de ellos, se finalizara totalmente.

CARTUJA DE GRANADA

CARTUJA DE GRANADA

Todavía al pie del Paderete de las Brujas podemos ver gran cantidad de restos pertenecientes a la primitiva edificación. Esa antigua Cartuja que por extraños y obscuros conjuros, para bien o para  mal, nunca pudo ver la luz.

Como siempre detrás de la  nueva y barroca Cartuja, recortada por un limpio cielo azul, se alza esa meseta cortada perpendicularmente por el sur y occidente. Con su montículo semiesférico en el centro, que nos remeda un tosco sombrero; nuestro Gómez Moreno le da gran importancia y lo identifica como un túmulo de origen celta.

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Suponemos que el nombre de Golilla y Panderete se debe a su aspecto, vista desde algunos sitios nos recuerda aquel adorno de ciertos curiales, mientras que desde la distancia se reduce y se asemeja a un pequeño pandero

Por allí vimos más de una vez a un infantil Miguelin Ríos, que desde su casa en Cartuja, cada día enfila la pendiente del camino de San Antonio, ascendiendo por tortuosas veredas y salvando peligrosos balates siempre logra coronar los altos parajes de la Golilla. Aun recuerdo su enhiesta figura sobre un ribazo, con sus inquietos rizos azotados por el viento y clavando su mirada en una lejanía donde el malva y el amarillo se funden en un rojo horizonte.

MIGUEL RIOS

MIGUEL RIOS

Los que llevábamos pantalón corto hace más de cincuenta años, aun recordamos aquellas familiares excursiones a la Golilla, las papas a lo pobre con pimientos verdes; la pipirrana, la casera con vino; la fresquita sandia enfriada en el del pilar del chorrillo; la ligereza de nuestra piernas, trotando por las inclinadas y caprichosas veredas, respirando aromas de hinojo y tomillo; el recoger del suelo la negra aceituna sin confundirla con la  desagradable cagarruta caprina; el llenar el sudoroso botijo con agua fresca del chorrillo y buscar en el olivo la rama apropiada donde poder atar el incansable mecedor.

Los mayores siempre nos aleccionaban no os acerquéis al monte sombrero, es muy peligroso, está minado y podéis caeros en alguno de sus profundos pozos. Al pasar cerca de este extraño montículo, siempre tan solitario, tan inerte e inhóspito, un sentimiento de temor, de curiosidad y desconcierto hacía que aunque quisiéramos evitarlo no dejáramos de mirarlo de reojo ¿Qué clase de raros misterios podría encerrar este ocre y triste monte del sombrero? ¿Por qué durante muchas generaciones fue un lugar maldito? ¿Despertará algún día su genio maléfico y castigará a esos cretinos que un día osaron clavar en sus entraña una horrible antena de telefonía?………………………

Granada, al fondo el monte Sombrero "El panderete de las brujas"

Granada, al fondo el monte Sombrero “El panderete de las brujas”

 

        MANUEL VICENTE PRADOS

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3 respuestas a EL ALBAYZIN Y SUS BRUJAS

  1. eugenio roman dijo:

    Maravilloso tu relato como siempre …me encanta leer estos escritos , desde mi ignorancia te animo a que los imprimas en un libro todos y que los podamos tener en las manos como Libro que eso no tiene comparación con las redes .

  2. Marisa Campanilla dijo:

    Es una maravilla, como siempre todo lo que escribes nos transporta a nuestros origenes. Gracias por este regalo. Mil besos

    • lia lima oliveira dijo:

      siempre las mujeres.. brujas, envenadoras.. me pone los pelos de punta todas esas histórias ? no hai ninguna história en que un hombre es bujo y tan malo? un saludo

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