La envenenadora del Albayzín


envenedadora

La justicia en el siglo XVII. La envenenadora del Albayzín

Esta historia nos queda muy lejana pero nos da una idea de cómo era la justicia en aquel siglo XVII e incluso en el XVIII, afortunadamente las cosas cambiaron para mejor.

En las casas que constituían la parroquia de San José vivían cristianos viejos linajudos y de abolengo, uno de ellos residía en la calle del mismo nombre, estaba casado con una muchacha que no pasaría de los 18 o 19 años, agraciada, de buena planta y muy devota.

Iglesia de San José

Iglesia de San José

Más como las cosas carnales entre hombre y mujer no ha tenido nunca enmienda y más bien media el diablo entre ellas prendose la joven esposa de un mocetón bien plantao que frecuentaba dicha iglesia e incluso a veces hacía de sacristán ayudando al sacerdote en los servicios religiosos. El se dedicaba al negocio de la carne, tenía en la calle de las Tablas un bonito establecimiento. Aquel muchacho se dio cuenta de inmediato de las intenciones de aquella señorita por sus miradas insolentes y turbadoras, ella comparaba aquel buen mozo con su marido que peinaba canas y tenía la piel resquebrajada, siempre dando ordenes a diestro y siniestro en un ordeno y mando perpetuo cosa que para ella no era nada agradable.

Al comparar a su marido con aquel hombre se le antojaba el mismísimo Arcángel San Miguel en todo su esplendor. La Iglesia les ofrecía la tapadera perfecta para esconder su idilio, había que ser prudentes y llevar el asunto con mucha cautela y discreción. Siempre supo el muchacho que por la juventud de la chica ésta era soltera y no sospechaba siquiera que estuviese casada y mucho menos la identidad de su marido, de haberlo sabido ni siquiera se habría acercado a ella, la cual sabedora de la situación de aquel hombre llevaba la iniciativa en aquella furtiva relación.

Carniceria

Carnicería

Como su marido gozaba de una excelente salud de hierro urdió un plan macabro para poco a poco ir eliminándolo y casarse con el carnicero, le fue suministrando cada día una pequeñísima dosis de un veneno que no causaba la muerte inmediata, pero que suministrado a lo largo del tiempo y sin síntomas aparentes de enfermedad deterioraba el organismo y producía sin remisión el fatal desenlace. Las primeras veces sintió el marido un leve dolor pasajero y apenas si le dio importancia, más a medida que pasaba el tiempo el enfermo fue decayendo. Mientras tanto los ya amantes se dedicaban despreocupadamente a los temas de la carne, ella con toda la maldad del mundo observaba como su marido caminaba hacia una muerte irremediable. Los galenos trataron de averiguar el mal que lo aquejaba más nadie pudo dar con un veredicto, la cautela y discreción con que llevaron el asunto fue proverbial pues nadie sospechó nada de esta truculenta historia, aunque algunos feligreses de la parroquia habían visto algo raro, todo para ellos iba como la seda.

Plaza Nueva

Plaza Nueva

Ya los encuentros en la parroquia habían dado paso a una pequeña casita que tenían los señores cerca de las Eras de Cristo en las afueras de la capital. En mayo de aquel año el linajudo señor de la casa falleció y para entonces el joven amante sabía del matrimonio de la joven y se alarmó, pero sigamos con nuestro relato.

Eras de Cristo

Eras de Cristo

Vistió de negro la viuda, se organizaron las misas y se hizo el funeral y entierro digno de un príncipe, poco después del sepelio se fueron cimentando las primeras sospechas de amigos del difunto, también de rancio abolengo, que elevaron las mismas al Alcaide del crimen.

La joven viuda era la beneficiaria del testamento del señor y obviaba a dos hijos habidos de un anterior matrimonio que el señor amaba sobre manera y también tomaron cartas en el asunto. Todas las miradas y sospechas se posaron sobre la viuda.

Entierro

Entierro

Los enigmas de la muerte sin aparente causa salvo por un deterioro general de nadie se explicaba y el inexplicable testamento no hacían más que incrementar las sospechas. La joven viuda hacía esfuerzos ímprobos en parecer atribulada y compungida, el galán en cuanto se enteró del embrollo desapareció de la faz de la tierra arrendando el negocio y dejando su casa intuyendo la terrible atrocidad que había cometido su amante.

La denuncia que ante la inquisición se presentó después aseguraba que fue en la iglesia donde se cimentó la traición según algunos feligreses habían declarado anónimamente y por eso era esta institución la encargada de investigar el crimen.

Calle las Tablas

Calle las Tablas

Se procedió a detener a la joven y como persistía pertinazmente en proclamar su inocencia se paso a aplicar la tortura que se llevó a cabo en los lóbregos calabozos que la institución tenía cerca de la parroquia de Santiago, a poco de empezar los mismos y ante los múltiples y dolorosos castigos a los que fue expuesta estalló al fin abrumada por el dolor insoportable. Declaró que había sido víctima de algún conjuro o encantamiento que nubló su razón y perturbó su conocimiento, no pudo dar más detalles, también reveló la identidad de su amante, aunque se sabía que era el carnicero que era muy conocido, por otra parte todo aquel que lo conocía coincidía en que de haber sabido las intenciones de ella no hubiera permitido que ocurriera.

La envenenadora

La envenenadora

La inquisición buscó por todas partes más desapareció sin dejar rastro, ante la falta del supuesto cómplice sobre el que asentar la mano todas las culpas recayeron sobre la mujer, en este punto la inquisición entregó a la muchacha al Alcaide del crimen pues el delito era penal y no se había cometido contra la Iglesia.

Se la declaró culpable de la muerte de su marido pasando a dictar sentencia , se la condenó a ser encubada junto a un perro y un gato y ser lanzada dentro de la cuba al río Genil, si la reo seguía con vida después de esto sería sometida a garrote vil en Plaza Nueva. El día en que tenía que llevarse a cabo la ejecución la gente había acudido y concentrado en el Puente Genil había gente de todos los barrios de Granada y era costumbre en los siglos XVII y XVIII que estas ejecuciones públicas concentraran a gran cantidad de gente, unos para denostar al reo y otros para congraciarse con él y apenarse de su situación.

calabozos

calabozos

En febrero de 1614 se llevó a cabo la sentencia, todos quedaron atónitos ante una dama tan bella y de tan buenas partes, todo se llevó a cabo como se había pensado, fue encubada y lanzada al río para hacer justicia, la cuba fue arrastrada por las turbulentas aguas del río Genil, más como quedó varado en unos árboles se procedió a sacarlo, como vio la justicia que la mujer aunque muy dañada seguía con vida fue llevada en un carro a Plaza Nueva donde se la ató a un poste y se le aplicó el garrote vil.

Así era la justicia en los siglos pasados en nuestra Granada y en el Albayzín por supuesto, la inquisición siguió campando en España a sus anchas hasta el primer tercio del siglo XIX como un brazo más del poder del estado.

Río Genil

Río Genil

Jesús Expósito Marín

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3 respuestas a La envenenadora del Albayzín

  1. juan luis dijo:

    Muy bonito el relato de la envenenadora del Albayzin

  2. Pepe dijo:

    me gustan estos relatos

  3. relato escalofriante por la manera de dar muerte en aquellos tiempos.Un Horror, muy bien relatado

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