El atronador crujio


12496147_10208880843487734_417060688535268735_oJusto en la esquina por la que la Placeta de San Miguel Bajo embocaba el carril de la Lona se encontraba el puesto de la Gorda. Así la llamábamos todos los niños, lo regentaba una señora mayor de pelo cano y enlutada vestimenta. La señora era viuda y tras el tranco de entrada a su casa tenía su puesto de chucherías, donde permanecía guarecida en las enaguas de su mesa camilla, al calor del bracero de cisco y picón, a la espera de la clientela. Su puesto se montaba en una especie de aparador de madera oscuro que sobre losas de barro descansaba calzado con una cuña de madera.

Chicle Dunkin

Chicle Dunkin

En él se presentaban los cartuchos de pipas, las pastillas de chicle Dunkin y Bazoka, los cromos para las niñas y junto a ellos colgados en cuerdas los encintados mixtos de crujio. En tiras de cartón los vendía aquella viuda generosa en carnes que ocultaba en un riguroso luto. 16096424La tira venía de a diez crujios, más o menos, que costaban una gorda, y las cinco tiras que venían plegadas costaban dos reales.

Miixtos de crugio

Mixtos de crujio

En aquella época eran muchas las viudas que se dedicaban a la venta de chucherías, transcurría el final de los cincuenta y principios de los sesenta y los estragos de la guerra Civil sin duda se dejaban sentir. Fueron muchas las mujeres en el Albayzín, las que perdieron sus maridos en la contienda fratricida, y que, por ser del bando perdedor, quedaron sin ayuda y sin prestación alguna. Se buscaban la vida como podían, surtían de género sus puestos acudiendo al Vesubio en la calle Calderería Vieja que hacía las veces de proveedor o mayorista.

Placeta de la Cruz Verde

Placeta de la Cruz Verde

En el entorno de mi casa recuerdo, además del referido, el puesto ambulante de la Dolorcicas en la placeta de la Cruz Verde, el de la María en la calle Pilar Seco número 14, además de aquellas que en cestas con los brazos en jarra pregonaban el género, especialmente las pipas, los chochos y el cacahuet.
Buscábamos en las calles el canto rodado o guijarro del empedrado en el lugar en que éste era más vulnerable y fácil de desprender y ya teníamos el percutor para provocar el atronador estruendo del mixto de crujio.aljibedelaplacetadecruzverde2 Los zaguanes de las casas de vecinos eran los lugares preferidos para perpetrar nuestras travesuras de niños, éstos durante el día mantenían sus portones de madera abiertos, y apostados en ellos con el oportuno mixto recortado de la tira de cartón, permanecíamos a la espera de que la descuidada vecina transitara por allí, para con pericia percutir con la piedra en la cabeza del mixto de crujio y al tiempo que se escuchaba su atronador ruido salíamos de estampida mientras a lo lejos dejábamos la sonora letanía que la pobre vecina profería. santa isabel la realEn la calle Santa Isabel, el zaguán de la casa donde vivía la Chocholana era uno de nuestros preferidos, como también el de la casa de vecinos del estrechamiento de esta calle y que se abría al anchurón del Compás del Convento de Santa Isabel, era de suelo hidráulico y con dos trancos por los que se accedía a un pequeño patio interior que distribuía los alojamientos en dos alturas de esta casa de vecinos. Justo más arriba se encontraba la casa del Luna, con su zaguán empedrado y de pared de ladrillo visto por el que se accedía también a un patio interior lindero con el tapial que separaba con el huerto del Carlos y la huerta de las monjas Franciscanas de Santa Isabel. 563383_534656449923034_952398639_nEspecial atractivo tenía el zaguán de la casa de vecinos sita al comienzo de la calle Gumiel de San José, en dicho zaguán había un antiguo pozo y lavadero según se entraba a la izquierda y el arranque de una formidable escalera a la derecha, que en su rellano principal se abría en dos dando acceso a las dos alas de viviendas de vecinos que allí moraban. Tenía poca luz, ello unido a su amplitud, la notable altura de sus techos y las columnas centrales que sostenían el entresuelo de la planta superior le conferían su peculiar aspecto lúgubre que facilitaba la reverberación proyectando cualquier sonido en un eco sostenido. CASA CALLE GUMIEL AÑO 1950Sin lugar a dudas era el zaguán preferido para hacer estallar en su interior los mixtos de crujio. Justo a este zaguán, en la parte superior de la pared izquierda según se entraba, daba la ventana del dormitorio donde dormía Antonio, confitero del obrador del Flor y Nata, que tras su nocturna jornada laboral con la crema pastelera, dormía plácidamente hasta que la traca de los mixtos de crujio, lo sacaban de los brazos de Morfeo, y una nueva letanía por el aire albayzinero camino se abría. Otro Antonio, borrachín afecto e impenitente, que anunciaba a los vientos albayzineros su generosa cogorza, con el soniquete, hoja pelleja, era victima propiciatoria de ruido atronador de los mixtos de crujio.
Recojo a mi amigo Miguel Quirantes en su casa de la Placeta del Cristo de las azucenas, embocamos por la calle Aljibe de la Gitana, una vez pasados los Guardias, llegamos a la oficina de teléfonos que allí se ubica, le preguntamos a Lola, la encargada, que si hay algo que entregar, respondiendo ésta que tiene un telegrama para entregar en un domicilio de la calle Verea de Enmedio, por la Placeta de las Minas atravesamos la puerta del Arco de las Pesas y llegamos a la casa cueva a la que se dirige el referido telegrama. Calle Aljibe de la GitanaDespués del colegio y una vez merendábamos con un cacho de pan con una onza de chocolate solíamos acudir a la oficina de telégrafos para sacar alguna propina entregando telegramas en el barrio, los telegramas solían llevar buenas o malas noticias, nunca dejaban indiferentes a los destinatarios, en el caso que relato debieron ser buenas noticias ya que la gitana sacó dos monedas de su faltriquera de dos reales cada una y nos dio una a cada uno. dos realesLos mismos dos reales que me llevaron a la puerta de la Gorda para comprar cinco tiras de mixtos de crujio. Nunca supe el contenido de aquel telegrama, pero sí que las buenas noticias en mi condición de recaero me permitieron repostar munición para mis atronadoras andanzas por los zaguanes de mi barrio.

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