El atronador crujio


12496147_10208880843487734_417060688535268735_oJusto en la esquina por la que la Placeta de San Miguel Bajo embocaba el carril de la Lona se encontraba el puesto de la Gorda. Así la llamábamos todos los niños, lo regentaba una señora mayor de pelo cano y enlutada vestimenta. La señora era viuda y tras el tranco de entrada a su casa tenía su puesto de chucherías, donde permanecía guarecida en las enaguas de su mesa camilla, al calor del bracero de cisco y picón, a la espera de la clientela. Su puesto se montaba en una especie de aparador de madera oscuro que sobre losas de barro descansaba calzado con una cuña de madera.

Chicle Dunkin

Chicle Dunkin

En él se presentaban los cartuchos de pipas, las pastillas de chicle Dunkin y Bazoka, los cromos para las niñas y junto a ellos colgados en cuerdas los encintados mixtos de crujio. En tiras de cartón los vendía aquella viuda generosa en carnes que ocultaba en un riguroso luto. 16096424La tira venía de a diez crujios, más o menos, que costaban una gorda, y las cinco tiras que venían plegadas costaban dos reales.

Miixtos de crugio

Mixtos de crujio

En aquella época eran muchas las viudas que se dedicaban a la venta de chucherías, transcurría el final de los cincuenta y principios de los sesenta y los estragos de la guerra Civil sin duda se dejaban sentir. Fueron muchas las mujeres en el Albayzín, las que perdieron sus maridos en la contienda fratricida, y que, por ser del bando perdedor, quedaron sin ayuda y sin prestación alguna. Se buscaban la vida como podían, surtían de género sus puestos acudiendo al Vesubio en la calle Calderería Vieja que hacía las veces de proveedor o mayorista.

Placeta de la Cruz Verde

Placeta de la Cruz Verde

En el entorno de mi casa recuerdo, además del referido, el puesto ambulante de la Dolorcicas en la placeta de la Cruz Verde, el de la María en la calle Pilar Seco número 14, además de aquellas que en cestas con los brazos en jarra pregonaban el género, especialmente las pipas, los chochos y el cacahuet.
Buscábamos en las calles el canto rodado o guijarro del empedrado en el lugar en que éste era más vulnerable y fácil de desprender y ya teníamos el percutor para provocar el atronador estruendo del mixto de crujio.aljibedelaplacetadecruzverde2 Los zaguanes de las casas de vecinos eran los lugares preferidos para perpetrar nuestras travesuras de niños, éstos durante el día mantenían sus portones de madera abiertos, y apostados en ellos con el oportuno mixto recortado de la tira de cartón, permanecíamos a la espera de que la descuidada vecina transitara por allí, para con pericia percutir con la piedra en la cabeza del mixto de crujio y al tiempo que se escuchaba su atronador ruido salíamos de estampida mientras a lo lejos dejábamos la sonora letanía que la pobre vecina profería. santa isabel la realEn la calle Santa Isabel, el zaguán de la casa donde vivía la Chocholana era uno de nuestros preferidos, como también el de la casa de vecinos del estrechamiento de esta calle y que se abría al anchurón del Compás del Convento de Santa Isabel, era de suelo hidráulico y con dos trancos por los que se accedía a un pequeño patio interior que distribuía los alojamientos en dos alturas de esta casa de vecinos. Justo más arriba se encontraba la casa del Luna, con su zaguán empedrado y de pared de ladrillo visto por el que se accedía también a un patio interior lindero con el tapial que separaba con el huerto del Carlos y la huerta de las monjas Franciscanas de Santa Isabel. 563383_534656449923034_952398639_nEspecial atractivo tenía el zaguán de la casa de vecinos sita al comienzo de la calle Gumiel de San José, en dicho zaguán había un antiguo pozo y lavadero según se entraba a la izquierda y el arranque de una formidable escalera a la derecha, que en su rellano principal se abría en dos dando acceso a las dos alas de viviendas de vecinos que allí moraban. Tenía poca luz, ello unido a su amplitud, la notable altura de sus techos y las columnas centrales que sostenían el entresuelo de la planta superior le conferían su peculiar aspecto lúgubre que facilitaba la reverberación proyectando cualquier sonido en un eco sostenido. CASA CALLE GUMIEL AÑO 1950Sin lugar a dudas era el zaguán preferido para hacer estallar en su interior los mixtos de crujio. Justo a este zaguán, en la parte superior de la pared izquierda según se entraba, daba la ventana del dormitorio donde dormía Antonio, confitero del obrador del Flor y Nata, que tras su nocturna jornada laboral con la crema pastelera, dormía plácidamente hasta que la traca de los mixtos de crujio, lo sacaban de los brazos de Morfeo, y una nueva letanía por el aire albayzinero camino se abría. Otro Antonio, borrachín afecto e impenitente, que anunciaba a los vientos albayzineros su generosa cogorza, con el soniquete, hoja pelleja, era victima propiciatoria de ruido atronador de los mixtos de crujio.
Recojo a mi amigo Miguel Quirantes en su casa de la Placeta del Cristo de las azucenas, embocamos por la calle Aljibe de la Gitana, una vez pasados los Guardias, llegamos a la oficina de teléfonos que allí se ubica, le preguntamos a Lola, la encargada, que si hay algo que entregar, respondiendo ésta que tiene un telegrama para entregar en un domicilio de la calle Verea de Enmedio, por la Placeta de las Minas atravesamos la puerta del Arco de las Pesas y llegamos a la casa cueva a la que se dirige el referido telegrama. Calle Aljibe de la GitanaDespués del colegio y una vez merendábamos con un cacho de pan con una onza de chocolate solíamos acudir a la oficina de telégrafos para sacar alguna propina entregando telegramas en el barrio, los telegramas solían llevar buenas o malas noticias, nunca dejaban indiferentes a los destinatarios, en el caso que relato debieron ser buenas noticias ya que la gitana sacó dos monedas de su faltriquera de dos reales cada una y nos dio una a cada uno. dos realesLos mismos dos reales que me llevaron a la puerta de la Gorda para comprar cinco tiras de mixtos de crujio. Nunca supe el contenido de aquel telegrama, pero sí que las buenas noticias en mi condición de recaero me permitieron repostar munición para mis atronadoras andanzas por los zaguanes de mi barrio.

Publicado en Sin categoría | Deja un comentario

En recuerdo a nuestro amigo, MARIANO ANTEQUERA LEIVA


MARIANO ANTEQUERA LEIVA

MARIANO ANTEQUERA LEIVA

Este 20 de septiembre  de 2015, quedará  grabado en mi memoria como un día muy triste. Me acaban de arrebatar un trozo de mi infancia  y adolescencia. -Amigo Mariano, por qué te has ido para nunca volver, no es lógico, si tu eras el más joven de la pandilla, el más fuerte, el más grande en estatura y sobre todo en corazón. Admirábamos tu porte, tu valor al enfrentarte con los  problemas, siempre con sencillez y sin complejos, alegría nunca te faltó, fuiste el amigo de todos nuestros amigos, y la persona generosa y bondadosa que siempre nos ayudó.

Esta misma mañana me decía mi hermano Miguel: “Tienes que publicar el escrito que le he dedicado a Mariano, está pasando una mala racha y seguro que le hará feliz”. Pero esta vida frenética que me ha tocada vivir, nunca te deja ni un minuto para respirar. Y ahora  lamento  haber llegado tarde, cómo fui incapaz de  sacar un rato libre. Lo siento mi querido Mariano, sé que tu bondad me sabrá perdonar. Tengo la certeza que desde el cielo, liberado del yugo del espacio y del tiempo, te reirás al leer esta peculiar historia. Seguro que nos estarás esperando para retomar aquella inacabada partida de canicas, para  volver a volar detrás  de los aros, para salir a piropear a las niñas albaicineras y para volver a reencontrar esa amistad que un día cambio nuestras vidas.

Nunca te podré decir adiós, solo sabré decirte, hasta siempre Mariano.

Tu amigo Manolo.

En San Miguel un membrillo hace justicia

Cuando solo hay un pensamiento y una única verdad, la oficial, se transita por el tiempo con la impresión de que nada cambia, de que todo sigue igual. Así recuerdo yo el Albayzín de mi infancia, en lo cotidiano estable y previsible,veranos tórridos y gélidos inviernos, sin tránsitos intermedios, las tiendas y puestos de siempre y los vecinos de toda la vida acompañaban cada día de mi existencia. Poca opinión y manifestación del libre pensamiento entre los vecinos del barrio. El diario Patria y el Ideal trasladaban el acontecer en su versión oficial y salvo algún hecho o acontecimiento extraordinario la rutina, el tedio y el hastío se apropiaba de lo diario. El Lute, delincuente y fugitivo con frecuencia aparecía en el parte de Radio Nacional de España o en el Telediario de la época, para romper la monotonía, le cayeron dos años y tres días por el robo de tres gallinas que hizo por necesidad. A las páginas de deportes se asoman los dueños del cuadrilátero del momento, de allende de los mares con su boxeo ágil y elegante vino Pepe Legrá y cautivó a un público ávido de triunfos patrios, con la nacionalidad española llegó a ser campeón mundial del peso pluma enardeciendo al gentío huérfano de reconocimiento fuera de nuestras fronteras. Pero fue el onubense Pedro Carrasco con su pundonor en aquellos combates con Nando Ramos el que mejor sirvió al régimen de la época para vender la apertura del país tras su secular aislamiento internacional, consiguió la gran gesta de ser por méritos propios campeón mundial del peso ligero. El morrosco de Cestona, José Manuel Urtaín, tuvo una carrera meteórica en los pesos pesados, pero con las dudas que nunca afectaban a Pedro Carrasco, llegó a conquistar el cetro europeo y ligó una racha impresionante de victorias consecutivas por KO, aunque siempre sujetas a la sospecha por la debilidad de los púgiles contrincantes. Las copas de Europa del Madrid, Eurovisión y las veladas boxísticas eran los blasones que se exhibían en busca del sentimiento patrio y reconocimiento exterior. En la televisión Española, la única que existía en aquel entonces, eran frecuentes las retrasmisiones de veladas pugilísticas que nos convocaban delante del televisor.

El televisor Iberia y su correspondiente estabilizador de tensión, situado en la torreta metálica que le daba altura y que servía para facilitar su visión en tabernas y bares del Albayzín, congregaba a los albayzineros deseosos de triunfos y victorias que nos sacaran del ostracismo y la rutina que presidía del devenir del día a día.

Los niños de aquellas época y de aquel albayzín al que me refiero, éramos inmunes a la rutina y al desaliento y buscábamos en cada día su afán, nuestro requiebro a la monotonía llenaba de aventura los sórdidos días de dictadura.

La afición por el deporte de las doce cuerdas también colonizó nuestro barrio. Nuevamente al amparo de la asociación de padres de alumnos “Amigos para un escuela mejor” y del Teleclub, dos iniciativas culturales que partieron del Colegio Nacional Mixto “Gómez Moreno” y que supusieron un gran revulsivo para el barrio dinamizando la vida sociocultural del mismo. Darían amparo a los púgiles que surgieron en el Albayzín.

El propósito de estas iniciativas no era otro que ofrecer a los alumnos egresados de la escuela alternativas al peligroso vagabundeo por bares y plazas. En aquella época pocos eran los alumnos que seguían estudios terminado su periodo escolar. Para muchos era la calle el futuro que les esperaba. Una oferta sociocultural amplia y diversa se puso a disposición de los adolescentes del barrio, cultura general, francés e inglés, dibujo y mecanografía, conferencias y tertulias sobre temas de actualidad, cursos de formación dentro de la escuela de padres, viajes y excursiones, colonias veraniegas, visitas a monumentos histórico-artísticos, concursos infantiles y juveniles de arte, festivales folklóricos, representaciones teatrales y deporte.

Muy recordadas fueron las excursiones al Charcón utilizando el añorado tranvía de la Sierra, me veo en una de ellas trepando por la lajas de pizarra junto a la estación de Maitena y con tan mala fortuna que en uno de mis apoyos se desprendió una piedra que fue a impactar en la persona del padre de don Miguel Carrascosa, mi inocencia me hizo reconocer el fortuito incidente que se saldó con su correspondiente pescozón. Igualmente recuerdo las excursiones a la sierra de la Alfaguara con su correspondiente parada y contemplación del nacimiento de agua de la fuente de las Lágrimas en el paraje de fuente Grande en Alfacar, para luego saciar la sed en la próxima fuente del Morquil. La excursión al río en el paraje del Molinillo sin duda fue una de las más recordadas, todo el cuerpo actoral del grupo de teatro de la Asociación de Padres “Amigos para una escuela mejor” celebraba el reciente éxito del primer premio en el certamen de teatro que se celebró en 1966 en el Seminario Menor con la aplaudida obra de los hermanos Álvarez Quintero titulada “Los Mosquitos”. Las labores para hacer con piedras una poza en el río que sirviera para el baño de todos los allí congregados en una jornada de calor propia de la canícula estival. Y la colocación de las botellas de Sanitex, junto con las cajas de madera repletas de quintos de cerveza Alhambra y las sandias y melones, bien afianzadas con piedras en las zonas del río en las que el agua seguía la corriente buscando el mayor frescor, sin duda fueron vividas por el que suscribe con la pasión propia de la más intrépida aventura.

Las colonias veraniegas organizadas en el Colegio Gómez Moreno fueron también otra iniciativa interesante en el barrio. Ningún paraje serrano ni costero fue el escenario donde éstas se celebraron, aunque en ellas no faltó el típico chiringuito playero. En el centro del patio, superando el muro que separaba el patio de los niños del de la niñas, del colegio se enclavó un chiringuito con puntales de chopo y cubierta de cañizo, que se usaba para servir los desayunos, almuerzos y meriendas. Y cómo no, para ubicar las hamacas de madera y lona que se utilizaban en las obligadas siestas coloniales ¡con qué fastidio vivía esas interminables siestas caniculares! Los baños no podían faltar en una colonia veraniega, en fila de a uno, los Frías, los Campos, los Plata, los Ibáñez, los Quirantes, los Yudes, los Rodríguez, los Sola, y cómo no los Vicente, entre otros muchos, pues acudíamos a la colonia todos los hermanos de cada familia, nos dirigíamos por el callejón de San Cecilio en dirección al albercón de la huerta adenda al Colegio del Ave María de San Cristobal, no albergo de aquella experiencia buen recuerdo pues a pesar de estar medio llena, en consecuencia medio vacía,por poco en ella me ahogo. Mi experiencia en aquellas colonias veraniegas en mi barrio no estuvieron a la altura de las expectativa que éstas despertaron en mi, pues al horario rígido, orden y disciplina de su funcionamiento se unía el paso por las aulas para hacer tareas escolares, y claro está, era más de lo mismo, cuando el verano lo entendía yo como un tiempo de asueto, holganza, y sobre todo de juego sin horario.

Pero sin lugar a duda, fue el deporte la pieza clave en esta labor de búsqueda de alternativas a la calle y sus peligros. Así surge el equipo de baloncesto del Teleclub Albayzín, cuyo delegado fue Gómez y uno de sus jugadores franquicia el tristemente fallecido Antonio Franco, quien otrora sería jugador de la actual ACB, no el balde este modesto equipo de nuestro barrio fue el germen del C.B. Oximesa, que posteriormente sería el C.B. Granada. También estaba presente el balompié, con partidos memorables en los campos de los curas en las huertas del Seminario Mayor de la Cartuja y en el Pinar de San Miguel el Alto.

Y ¡cómo no! el boxeo, que tanta difusión tuvo en nuestro país en aquella época, buscó su acomodo en nuestro barrio. Así junto a la cochera de la vivienda aneja al colegio que tenía Miguel Carrascosa, Director del centro escolar, una luminaria permanecía encendida mientras que los pupilos de David Sola se ejercitaban en el noble arte del boxeo, con las manos vendadas daban sus golpes directos y crochet al saco de arena, mientras otros redoblaban el punching y los demás hacían carrera continua en el patio de recreo del Gómez Moreno. Era el entrenamiento después de la jornada laboral de cada día, que duraba hasta que Dueñas, el conserje del colegio, apagaba la luz y las mujeres de la familia Fandilas terminaban la limpieza del grupo escolar.

El entrenamiento se intensificaba en los periodos previos a la fecha fijada para el combate, y próximo estaba en aquel septiembre de 1966, ya que para las fiestas de San Miguel se celebraría en la plaza de San Miguel Bajo una interesante jornada de boxeo. En ella se convocaban dos combates estelares en los que intervenían dos púgiles del barrio. Los hermanos Antequera Leiva serían el mejor reclamo para el barrio. Antonio en la categoría del peso pesado y Paco en el peso medio. Ambos nacieron en la casa que se ubica en el número 28 del Camino Nuevo de San Nicolás, en la placetilla sin nombre que allí se ubica, junto a una carbonería (hoy, justo en el enclave referido, se localiza la afamada heladería San Nicolás-Mirador de San Nicolás), más tarde la familia se trasladó al número 26 de la misma calle, donde nacería el menor de la saga Antequera-Leiva, acristianado con el nombre de pila de Mariano, amigo de infancia y para siempre del que suscribe. Estos apellidos no eran muy comunes en el Albayzín y así era debido a que el padre de la saga remanecía de la calle Carnicería en el cercano barrio del Realejo y su madre, Carmen Leiva, de la localidad de Guadix. Los avatares de la Guerra Civil la trajeron al Albayzín y otros menesteres que tenían que ver con su talle y belleza dieron certeros argumentos para que Antonio matrimoniara con ella. Junto a los tres referidos, Carmen, la niña de la casa, conformaba la prole del bien avenido matrimonio y muy querido en el barrio.

Cual Quijote y Sancho se relacionaban los dos hermanos con el boxeo, Antonio más prosaico albergaba en el boxeo una forma de obtener algún dinerillo proveniente de la bolsa de cada peleay de paso salir del anonimato que la cotidianeidad de la vida le reservaba. Mientras que Paco, más idealista, observaba el boxeo como un deporte espectacular, real, autentico, emotivo, épico, poético, duro y sensible al mismo tiempo, repleto de biografías de personajes únicos en su especie, el boxeo para él era un deporte sincero y noble. Dos personalidades distintas que se corporeizaban en dos físicos y dos maneras de boxear que también lo eran. El boxeo tosco y contundente de Antonio nada tenía que ver con el más ortodoxo, académico y estilista de Paco, el primero buscaba la vía rápida para poner lo antes posible fin a la pelea, mientras que Paco más estratégico adolecía de ese instinto vehemente que pusiera pronto el punto y final a la pendencia. Con estás credenciales se presentarían el 29 de septiembre ante sus vecinos en la recoleta plaza de San Miguel Bajo. Paco con serías posibilidades de luchar por el entorchado regional y de éste poco trecho quedaba para el nacional.

Por San Miguel el Albayzín adquiere una impronta especial, se viste de fiesta en honor a su patrón y los albayzineros miran al cerro del aceituno al que acudirán en romería en su condición de romeros. Recién estrenado el otoño, cuando septiembre llena las plazas de puestos de membrillos, acerolas, almecinas y majoletas y de niños afanados con sus canutos de caña en dirimir sus hostilidades con los huesos de almecina que a modo de proyectiles usan para zanjar todo tipo de rivalidades.

Al alba, al clarear el día, la diana floreada de la banda de cornetas y tambores anuncia al barrio que ha llegado el día del patrón. Antonio Pintor la dirige con maestría, reclutando chaveas del Gómez Moreno, del Ave María y Salvador y entre ellos su hijo Emilín. Ante las tascas y tabernas hay parada obligatoria y una vez interpretada la pieza pertinente, ésta se adereza con un higo chumbo y una copilla de aguardiente. El veranillo de San Miguel acude fiel a su cita y provoca el sofoco de los montadores del ring o cuadrilátero, término más castizo, que en la plaza de San Miguel para ese menester se concitan. Doce cuerdas y un suelo de lona son los elementos esenciales, así pensábamos todos los niños que presenciábamos el montaje para los vespertinos combates estelares, la entrada sería libre, por ello las sillas de tijera se amontonan en espera del acontecimiento.

Había en el Albayzín otras plazas con vistas espectaculares, San Nicolás o la de Carvajales, otras para aprovisionar de vituallas y todo tipo de víveres, como la Plaza Larga, otras para la distracción como la de Aliatar con su cine que cubría esa función, y otras para la comunicación y el transporte, como la de las Cuatro Esquinas que para bajar a Graná el siete así lo hacía posible a todas las vecinas. Pero la más festera y recoleta era la de San Miguel como placeta, no cabe duda que a ello contribuía toda la vecindad que se nucleaba en la casa de la Lona, en la Corrala, casa del Luna, etc. donde muchas familias vivían en comunidad. Tres elementos le daban su personalidad singular a esta plaza albayzinera, su Iglesia, su aljibe y cómo no, su errante Cristo de Piedra. Siete calles confluyen en la plaza, rara singularidad, Oidores, Cauchiles de San Miguel, Cascajal, Carril de la Lona, Callejón del Gallo, Callejón del Aljibe y la principal de Santa Isabel que le daban su carácter social, plaza abierta a la vecindad y a las relaciones vecinales, que le confieren su carácter y uso festero.

Erigida sobre una antigua mezquita la omnipresencia de la iglesia de San Miguel contempla la Plaza de su nombre y a su vez se constituye con su torre campanario en vigía para señalizar su ubicación en el Albayzín cuando es contemplada desde cualquier punto de la ciudad. (Es una de las parroquias albayzineras proclamadas por los Reyes Católicos gracias a la Bula obtenida del Papa Inocencio VIII para aquellos territorios ganados a los musulmanes que databa del15 de Octubre de 1501.Las dos fases de su construcción extienden su ejecución de 1528 a 1556 año de su finalización. Fue atendida en su inicio por los Hermanos Trinitarios y muy concurrida por la feligresía, no en balde fue muy poblada esta zona del barrio debido a su proximidad de la Audiencia, como así lo atestigua la calle Oidores que fue la calle que albergaba las viviendas de estos servidores de la justicia en la Real Chancillería. Su valor arquitectónico es innegable uniéndose de modo muy armónico dos estilos, el mudéjar que queda patente en los dos tramos de la cubierta de su única nave y el renacentista de sus portadas. Sobresale por su valor artístico su artesonado ochavado, con pinturas renacentistas de temas vegetales, que cubre la capilla mayor. El conjunto se completa con las capillas góticas laterales que conservan valiosas y singulares pinturas murales.

Y resta el tercer elemento del ajuar de la plaza que antes constaté como trilogía, me refiero al Cristo itinerante, al Cristo errante, que de la plaza ejerció de caminante, de esquina en esquina lo vi moverse como si el responsable del ramo le tuviera una especial inquina. Cristo de piedra y también de las grapas o de las lañas por mor de los tumultos propios, como diría el poeta, de las dos Españas, en la segunda República quedó hecho añicos. Y que para sus penas muy pocos lo reconocen como Cristo de las azucenas. Cristo anunciante del lugar sagrado que consagra a sus espaldas y que no supieron interpretar los urbanistas de nuestra ciudad por sus innumerables tumbos que ha dado en la singular plaza.

Quiso el azar que el Cristo pétreo fuera el juez, por su ubicación, del combate que tendría lugar al atardecer en la festividad de San Miguel. Quedaba así anunciado en toda la cartelería que en bares, tascas, tabernas puestos y tiendas se repartía. Pues el ring se montó en el centro de la plaza, escorado hacia la fachada principal de la iglesia dejando al crucificado en una posición central del graderío principal del espectáculo pugilístico.

Íbamos hacia San Miguel muy dirigentes, presumiendo de que nuestro amigo Mariano era el hermano chico de los combatientes. Con nuestros canutos de caña y cucuruchos del almecinas en la puerta del Carmen de Santa Marina estábamos convocados una hora antes del evento, no fuera que nos quedáramos sin asiento. Por la calle Gumiel asoma nuestro amigo Jesús con un descomunal membrillo que por su calibre muy bien pudiera ser una zamboa. Ya estábamos todos, mi hermano Manolo, Mariano, Jesús y yo mismo, dispuestos por la calle Santa Isabel a buscar el acomodo en el boxístico foro. Recalamos en la quinta fila de sillas, buscando que la distancia al cuadrilátero nos permitiera, por nuestra estatura, una visión segura para no perder detalle de lo que aconteciera sobre la lona en cada combate. Justo a nuestras espaldas quedaba el horno y la lechería pronto quedaba el aforo completo con todo el vecindario que allí concurría, era grande la expectación que el evento había suscitado en el barrio.

Y llegó el combate estelar, agitando los puños y enfundado en su bata blanca sube al ring Paco Antequera, el púgil local, que concita todo el ánimo vecinal. Paco, persona noble donde los haya, tanto en su vida personal, como en él boxeo,que concibe como un deporte noble en el que se compite no para humillar al contrincante, sino para estratégicamente medirse con él. Así lo dejó de manifiesto en este combate, iban pasando los asaltos mostrando su superioridad técnica y supremacía física, pero sin embargo no remataba la faena. Sus vecinos incondicionales gritaban ¡¡¡NOKEALO!!! Pero Paco, fiel a su estilo y condición, permitía que su adversario se rehiciera una y otra vez, refugiándose entre las cuerdas o permitiendo que se abrazara a él, buscando aíre y resuello. La pelea llegaba al final y Paco no terminaba de rematarla a su favor en forma definitiva a pesar de su superioridad. Jesús aplacaba sus nervios por el resultado incierto dándole mordiscos al membrillo, mientras los demás tirábamos de nuestro cucurucho de almecinas, guardando a buen recaudo los huesos.

Una vez terminado el combate, el aforo de la plaza quedó en suspense en espera de la determinación de los jueces, que no podía ser otra que dar a nuestro vecino Paco Antequera como ganador a los puntos. Mucho tardaron en dar el veredicto y éste cuandopor fin se produjo sembró el descontento y la desaprobación manifestada con una soberana pitada y el grito unánime de ¡¡¡tongo, tongo!!! No daban crédito, habían decretado combate nulo. En esta tesitura se estaba, hasta que desde el graderío surge un objeto que con tino, buscado o no, impacta directamente en la cabeza del árbitro del combate. Al tiempo que todos los allí presentes dirigen su mirada acusadora hacia nuestra ubicación, de la que nuestro amigo Jesús había desaparecido por arte de birlibirloque al igual que su membrillo que descansaba sobre la lona del ring. Antes de que cayera sobre nosotros el peso de una acusación popular, a todas luces no merecida, y se echaran sobre nuestras personas, Mariano dijo, vámonos que aquí no pintamos na, salimos a escape como alma que lleva el diablo, por Cauchiles, Oidores y Santa Isabel, cada uno en una dirección, no en balde éramos avezados en esta cuestión. Aquel membrillo de gran calibre que salió inocente de la calle Gumiel, terminó por San Miguel erigiéndose en la mano de nuestro amigo Jesús, en el membrillo justiciero, que dejó KO al árbitro del combate.

El Cristo pétreo de las Azucenas fue testigo de este acontecer que relato y el membrillazo cosas de niños le debió parecer.

Este sucedido que traigo a colación en su remembranza pudiera haber acontecido en otros barrios y otros lares y cabría preguntarse qué es lo que lo hace singular. Así me lo plantea mi cuñada Manuela, y la respuesta tal vez sea el patrioterismo albayzinero que hace de lo propio lo mejor del mundo entero, o tal vez sea el rico legado histórico de un barrio que torna vivencias banales en historias singulares. Y puede que haya algo de las dos posibilidades y que nuestras vivencias de infancia pudieron ser similares a las infancias de otros barrios y lugares, aunque lo que le dio la idiosincrasia a nuestra infancia y su acontecer son los siglos de historia que envuelven los escenarios donde éstas sucedieron. Pasar junto a la calle Oidores nos retrotrae cinco siglos atrás pues sus moradores fueron algunos de los dieciséis Oidores de plantilla que desde 1587 desarrollaban en la Real Chancillería de Granada su función de oír a las partes durante la fase de alegatos de los procesos judiciales. O en el mismo enclave de la Plaza de San Miguel embocar por el callejón del Gallo en el que se ubicaba la casa del Gallo del Viento en cuyo tejado hubo una veleta singular, según la Leyenda de Washington Irving, sobre la cual una figurilla de bronce que representaba a un caballero con lanza, giraba no hacia donde soplara el viento, sino, “mágicamente”, hacia el lugar de donde venía el enemigo, señalando y previniendo cualquier amenaza que se cerniera sobre Granada. Y cómo no, la Casa de la Lona que el mismo enclave de la plaza evoca aquella antigua fábrica de velas de lona para la Marina del siglo XVI, y que pasó a ser casa cristiana de vecinos.

Y por todo ello será que el acontecimiento del membrillo justiciero que guardo en mi memoria, con el devenir del tiempo será del Albayzín parte menor, pero al fin y al cabo, parte de su historia.

El epílogo, que nunca hubiera querido escribir, va dedicado a mi amigo Mariano, en su memoria, que es la mía, ya que compartimos juntos la mayor parte de nuestra historia. Pronto madrugaste para emprender tu despedida, pronto nos dejas huérfanos de tu presencia. Se nos han quedado tantas tareas pendientes que ahora solo me queda aferrarme a todo lo que juntos vivimos. Has sido en el buen sentido de la palabra bueno, como dijo un día el poeta. Tu alegría, tu fuerza, tu bondad y buen talante me las quedo, no habrá ninguna parca que me la arrebate. Y por eso, ahora que regreso de visitarte en el cementerio, te añoro tanto que no encuentro consuelo. Sólo me queda la esperanza de que en el cielo Albayzinero vayas ideando en nuestro Huerto del Carlos todo tipo de travesuras para que cuando allí nos reencontremos nada se nos quede pendiente, puesto que juntos estaremos con el único límite de la eternidad. Hasta siempre y por siempre amigo del alma. El mundo en el que habito tras tu ausencia queda menoscabado en humanidad.

Miguel Vicente Prados

Publicado en Sin categoría | Deja un comentario

El boton de nacar


180_69150010

Don Emilio

Don Emilio, el mèdico de los pobres y humildes en el Albayzin de los sesenta

En el Albayzín de los años 60 del siglo pasado, en materia sanitaria las cosas eran muy distintas de lo que son hoy día, los remedios caseros, mejunjes y las más o menos inauditas soluciones en los distintos males que aquejaban a la gente estaban a la orden del día, siempre que la cosa no fuese muy grave.

La carencia de seguro de enfermedad de parte de la población dejaba a este paisanaje desprotegido ante cualquier contingencia de ámbito sanitario, naturalmente que había hospitales, que había médicos buenos, abnegados y altruistas que aunque eran de pago mitigaron en gran parte las carencias de un barrio eminentemente pobre. Para ellos, fieles a su juramento hipocrático cualquier vida humana era preciosa. La verdadera dimensión de un genuino ser humano la da su sencillez y humildad que son pilares de la sabiduría y este cóctel engrandece a la persona ante los ojos del mundo.

casa-calle-gumiel-1970

La casa donde se desarrollo la historieta del ” boton de nacar”

 

Esta narración es un pequeño botón de muestra que muestra a modo de pincelada, como se actuaba ante cualquier problema de salud, yo doy fe de la veracidad de esta historia que por más lela y absurda que fue no tuvo otra finalidad que aliviar el malestar de un ser querido.

Imagen1

José Marín Fernández y María Gómez Franco; tios de Jesus Expósito

 

casa_callegumiel_m

Escaleras interiores de la casa de calle Gumiel de San Jose

Aquella mañana hubiera sido como cualquier otra, el radio casete tenía puesta una cinta de Jorge Negrete y sonaba aquella canción que decía; “estas son las mañanitas que cantaba el rey David, hoy por ser día de tu santo te las cantamos a ti “. Mi tía María había ido a por leche para el desayuno, mi madre estaba levantando a mis hermanos pequeños y mi padre pues no se donde estaba para que voy a engañaros. Los niños estábamos preparando las cosas para el colegio cuando mi tío Pepico, el semanero del Albayzín le dijo a mi madre, Conchi, mira a ver lo que tengo en este ojo que me molesta muchísimo, mi madre después de dar un vistazo al ojo y no ver nada contestó, pues yo no veo nada, a lo que espetó mi tío pues a mi me está haciendo la puñeta. A esto que llego mi tía con la leche para el desayuno, y mi madre le dijo, mira a ver a mi hermano que se le ha metido algo en un ojo y no le deja vivir, mi tía contestó como era ella, “Pepito ven para acá que en dos soplidos te voy a dejar como nuevo”, a estas alturas mi tío tenía el ojo como una berenjena de tanto restregarse.

tios con jesus

De izquierda a derecha: Francisca Marín Fernández,María Gómez Franco, Jesús Expósito Marín y José Marín Fernández

Después de mirarle el ojo y soplarle siete u ocho veces Pepito tenía el ojo cada vez peor, y dispuesta a aliviar a su marido a toda costa le dijo a este, “tu no te preocupes que esto lo arreglo yo en un periquete” y se fue diligente al cajón de la costura y cogió un pequeño botón de nácar de los que tenían ellas para los puños de las camisas, y le dijo a su marido “anda Pepito métetelo en el ojo y veras como sale la miguilla que tengas”, cuando mi tío comprendió lo que le había dicho, dio un fuerte respingo y alejándose con los brazos extendidos le dijo “pero tu estás loca has perdido las pocas luces que te quedan”, a lo que ella replicó segura de sí misma, que lo había experimentado cuando vivía en el Tocón de Quéntar y había resultado perfectamente. El objeto extraño se alojaba en uno de los diminutos agujeros del botón de nácar como por arte de magia y después salía por el lagrimal por arte de birlibirloque, a estas alturas  mi tío se veía con un parche en el ojo y éste perdido para siempre. Víctima de la desesperación y como queriendo hacer que desapareciera todo de un plumazo cogió el botón y lo introdujo en su ojo izquierdo, pasaron unos minutos y el ojo estaba muy perjudicado y del botón ni rastro, empezó a ponerse nervioso, un sudor frío pobló su frente y no hacía otra cosa que pasarse las manos por la nuca al tiempo que se sentaba y levantaba del sillón como un autómata para luego medir a grandes zancadas el largo de la habitación.

padres jesus2

Los padres de Jesús Expósito; Jesús Expósito Martinez y Concepción Marín Fernández

Mi tía al verlo también empezó a ponerse nerviosa  pues ella había sido la inductora de aquella extraña maniobra y temía ser blanco de sus iras. Mi tío empezó a largar, quien me mandaría a mi hacerte caso, como me pase algo te vas a enterar, mira que si se me pasa el botón al cerebro y me deja hecho un vegetal, se había metido en un túnel y no divisaba salida, exclamaba, no te doy una paliza porque apenas puedo verte, pasaron unos minutos más y aquello se convirtió en un verdadero drama.

Mi tía lloraba, los niños lloraban  y los vecinos asustados por la algarabía no hacían otra cosa que llamar a la puerta para ponerse a disposición de la familia para lo que hubiera menester, Pepico no hacía más que repetir histérico “quién me mandaría a mi hacerte caso, quién me mandaría a mí hacerte caso”, a lo que ella respondía, “pero sí es un método probado” a lo que el replicaba “sí en las muñecas de Famosa”. Conforme el tiempo transcurría el tono de voz se fue elevando y todos estaban congregados en mi casa, incluso las clientas de una peluquería que había en la escalera de enfrente. Entre todos determinaron llevar a mi tío al hospital más cercano, una cosa inexplicable para mi fue la sonrisa solapada de algunos vecinos, nunca me lo pude explicar.

madre jesus2

Concepción Marín Fernández

Mientras mi tío se acicalaba y mi tía se vestía para la ocasión en un movimiento brusco al atarse los zapatos del maltrecho ojo izquierdo del individuo agobiado, se desprendió un pequeño botón de nácar con algo negro alojado en uno de sus diminutos agujeros. Fue como si todo el peso del mundo desapareciera en un instante, dando un suspiro, se quedó muy quieto en el sillón como el obrero que vuelve a casa después de un extenuante día de duro trabajo. A partir de ahí todo se fue calmando, los vecinos se fueron marchando cada cual a su casa, nadie osaría por un tiempo al menos referirse en tono jocoso a aquel incidente, aunque con el paso del tiempo fue objeto de burlas y chanzas, la mañana culminó con un platillo de higos chumbos y un cuartillo de aguardiente para los adultos.

Mi tío no fue a cobrar por el soponcio y el ojo aún muy averiado, y mi tía estuvo todo el día más cariñosa que nunca, en fin amigos aunque esta historia es verdadera y tiene un final feliz por favor no la repitáis nunca en casa, nos haréis un inmenso favor.

 

 

Postdata: cuando llegó mi padre y se enteró de lo ocurrido comentó a mi tío “Compadre para habernos lisiao, casi nos cuesta un disgusto”.

Jesús Expósito Marín

Publicado en Vivencias en el Albayzín | 1 Comentario

La infancia, mi patria. Recuerdo en blanco y negro


11057314_1616187985325322_2143035308302709783_n

Lechero de los años sesenta

Temprano, de buena mañana, mi madre me prepara en un cacico de porcelana la leche caliente que trajo ayer el lecherillo de la calle del Agua, Juan era su nombre y tenía la vaquería en la calle Larga de San Cristobal, venía al anochecer con dos cántaras de leche en su bicicleta Orbea. Mi madre solía comprarle medio litro, Juan la dispensaba con su jarrillo de esa medida, tenía también la medida del litro y el cuartillo. Juan ¿no estará aguada? ayer poco sabor tenía, le espetaba mi madre, a lo que Juan el lecherillo respondía, qué cosas tiene Cándida, si es leche recién ordeñada, con sus calostros y nata. A mi madre siempre le gustó la nata. Juan vertía la leche en el cazo que mi madre le acercaba y echaba un generoso chorreón más por el agravio relatado.

Desde arriba de las escaleras sabíamos que quién venía era el lechero, desprendía un aroma característico, sus botas, su zariana (siempre la misma) y su gabardina impermeable de los día de lluvia, olían a vaca y a cabra a partes iguales y ello delataba su presencia. Mi barrio en mi infancia olía a cabra, eran muchas las que al clarear el día partían junto al pastor de camino a la Golilla, a San Miguel el Alto o al camino del Monte, para pastar y al atardecer ser devueltas por el mismo a su dueño en su domicilio. A cambio de dos reales o por un litro de leche en el ordeño llevaba el pastor las cabras a pastorear. Mi madre la hierbe dos veces, porque parece que las fiebres maltas andan por ahí, según mi madre la hija chica de la Chocholana tiene unos calenturones por mor de la fiebres maltas y el niño pequeño del tinte, de la Tontopeos, también está apuntado a la calentura.11705232_1616188031991984_6506859672282356377_n

san-miguel-ac3b1os-60

Plaza de San Miguel años sesenta

De buena mañana en mi casa olía a café de cebá hecho a pucherete, con sus correspondientes granzas en el colador abollado de aluminio, mi madre me servía la leche sola con azúcar en un tazón desportillado por el uso y con las mismas me daba seis reales para comprarme, de camino al instituto Padre Suarez, una cuña de chocolate en el despacho de pan de la Carmela en San Miguel bajo, junto al horno de San Miguel. Me la envolvía en papel y yo le buscaba un hueco en la bolsa de deporte junto a los libros de latín, lengua, matemáticas y política o FEN (Formación del Espíritu Nacional) y el pantalón corto azul y la camiseta verde de tirantas. Las zapatillas de la Perdiz ya las llevaba calzadas, todo ello para la hora de la gimnasia. Echaba por el carril de la Lona, en aquella época su piso era de tierra y trochaba por los terraplenes que unían este carril con el del Zenete para desembocar en la cuesta de la Alhacaba. Recuerdo que mi padre me decía que en estos terraplenes, tiempo ha, había un huerto y que en tiempos de la guerra cayó una bomba quedando destruido, justo al lado del Carmen de las Maravillas. En diez minutos, no más, trasponía desde el despacho de pan y lechería a la puerta del instituto, a mis once años mis talones daban en mi trasero cuando de correr se trataba. Acabada mi jornada escolar, regresaba a mi casa siguiendo otro itinerario, no me gustaba pasar por las mismas calles transitadas a la ida, así cruzando el Arco de Elvira, embocaba por la calle Elvira para subir por la cuesta de Abarqueros. Antes bebía agua en el singular Pilarejo de las Angustias que en dicha calle se ubica. En el arranque de la cuesta los borrachos se oreaban al sol en la puerta de la tasca que allí se ubicaba, junto a ellos las sábanas blancas lavadas con añil en los tendederos en bolaera y también tendidas directamente en el suelo. No sé por qué, pero me imponían los borrachines, alguno incluso yacía a todo lo largo sobre el empedrado suelo, durmiendo la pea que con tanta tenacidad y empeño había pillado.

cristo de las azucenas

Cabras en la plaza del Cristo de las Azucenas

Gente tremendamente humilde habitaba las casas que se alineaban en su margen izquierda según se subía por la escalonada y empinada cuesta, mi afán de contarlo todo me llevaba a terminar en lo alto de ésta con la cifra nada desdeñable de cincuenta y cuatro escalones, la mayoría de ellos se agolpaban al final. Numerosos perros intimidan con sus ladridos mi marcha hasta el punto de abalanzarse hacía mi oliendo mi miedo, niños llenos de churretes y con la cola al aire se entregan a la lúdica faena, mientras que uno de ellos es aupado por su madre sentada en una silla de anea al tiempo que se sube el saquito dejando al aire libre su pecho al que se aferra vorazmente el párvulo chavea. Esta escena era muy común en un Albayzín plagado de niños y madres lactantes.

385565_252558474797438_100001298637260_622880_424379797_n

El Carril de la Lona

1517685_180819418791867_1509690220_n

El pilar de la calle Elvira

En la década de los cincuenta el barrio alcanzó su cenit poblacional, cerca de veintiocho mil almas moraban en estos lares, que insuflan por calles, callejuelas, callejones, cuestas, adarves, plazas, placetas, bullicio y gentío desde las claras del día hasta la noche cerrada. La verdad es que no sé que me hacía transitar por esta cuesta tan poco hospitalaria. Tal vez mi afán aventurero, ya que con mi edad, poco me había adentrado en la trama urbana del barrio y mucho menos de allá abajos, el entorno de la Mancha Chica era mi mundo conocido, los demás territorios eran peligrosos, de ello se ocupaban nuestras madres con historias y leyendas de casas del miedo, manos negras, moros bereberes, tíos del saco, traperos y espectros ultramundanos varios. El miedo siempre actúa como remedio al atrevimiento y la osadía propia de la infancia.

En ese afán aventurero, en vez de llegar directamente a la placeta de San Miguel, en un requiebro en la marcha desembocaba en el Zenete y de ahí hasta llegar al cruce con la calle Beteta, que dejaba expedito el paso por Marañas hasta la calle Cruz de Quirós cuya primera bocacalle a la derecha me deja en Bocanegra y de ésta a la calle Cascajal donde está el obrador del mejor de los pasteleros del Albayzín, me refiero al del Coronel, nunca supe por qué todo la gente en el Albayzín se refería a él con este apelativo, se barruntaba que en la Guerra tuvo ese rango. Ahora bien, si lo fue en el bando Nacional o en el Republicano tampoco lo supe, la Guerra Civil no era tema de conversación en le barrio, cada cual sabía del pié que cojeaba su vecino, y simplemente en lo referente a este tema callar era lo más prudente, no fuera que el tiro te saliera por la culata.

CUESTAMARAAS_ALBAYCIN90

Cuesta Marañas

Lo que no admite discusión es su fama en el barrio como buen confitero, sus tartas y pasteles son reconocidos en todo el barrio y allá abajos también, eso es lo que me convoca a pasar por el tapial de su obrador, traspaso bajo la higuera que se ubica a la entrada del obrador, que actúa como panal de rica miel a los ojos de la mosca, le imploro el rico manjar y el Coronel, con sus calzones con tirantes y su escueta camiseta de tirantes que a duras penas cubre su generosa tripa, un azafate colmado de recortes pone a mi disposición. Ya tenía la merienda para mi y mis hermanos. Una recua de burros enjaezados a la arriera y en hilera embocan desde la placeta de San Miguel Bajo, la calle Cascajal, vienen cargados de ramas de pino con sus piñas para la tahona que allí se ubica.

cuesta_abarqueros

Cuesta de los Abarqueros

santa isabel la real

Calle Santa Isabel la Real

Toda reata que se precie tiene su arriero y su perro custodio ¡¡¡maldita sea!!! del gruñido ha pasado al ladrido y de ahí se arranca a por mi, sobre mis maltrechas tórtolas inicio una huida que me deja junto a la hiniesta torre campanario de la Iglesia de San Miguel.

A su izquierda, en la recacha que se ubica en la zona de la plaza delimitada por el aljibe, la tasca del Lara y el Cristo de Piedra, los soleados domingos, Juan Granizo, el guacho, pone el bombo de su lotería a rular y canta con arte los números, la alcayata, la casa de los locos, los dos civiles, el abuelo, … mientras los vecinos sentados en trancos y sillas de anea van poniendo chinos y huesos de aceituna sobre los ajados cartones al tiempo que apuran un chato de vino, Carmencita y Angelitas las hijas del guacho y Rafaela reparten y recogen los cartones.

img170

Procesiòn de la Aurora

Sobre la escalinata que da acceso a la entrada lateral de dicho templo se afanan miembros del cuerpo de zapadores de la brigada del infantería del Córdoba Diez en la construcción de la rampa que permitirá el Jueves Santo al Cristo del Perdón y a la Virgen de la Aurora bajar a Granada en su Estación de Penitencia a la Santa Iglesia Catedral. Disponen los sacos terreros que permiten equilibrar y nivelar la tablazón que a modo de celestial pasarela permitirá a los titulares de la Ilustre y Venerable cofradía procesionar sus pasos en penitencia a allá abajos. Quedó extasiado y absorto ante la brega de los zapadores, este Jueves Santo portando un cirio en la mano pasaré por esa rampa, conseguí las diez pesetas que me permitieron pagar la papeleta de sitio. José Pedro, el hijo de Pepe y la Carmela, los del horno de San Miguel, me dio la túnica de sarga blanca, el cíngulo rojo y el capillo que conforman la uniformidad de penitencia de mi corporación nazarena.

72405_435241626550135_451142974_n

Plaza de San Miguel

Mi madre tuvo que afanarse con el papel de estraza y la plancha de hierro macizo recién sacada de la lumbre para quitarle las manchas de cera y dejarlo limpio como la patena. Ayer comenzó la primavera y estamos a las puertas de la Semana de Pasión, el Albayzín es muy pasionista, pero sobre todo es de la Aurora.

Es la hora de comer, enfilo Santa Isabel y me hallo en el caminillo de San Nicolás frente a la puerta de mi casa, al pasar por la casa del Luna, veo que las vecinas, una de ellas la Malagueña, están quitando la lata que utilizan de chimenea para la buena combustión del carbón y circo de sus braceros y con la rasera y un cartón lo cogen para llevarlo a la mesa camilla de sus hogares. La primavera se nos presenta fría en el barrio, el bracero sigue teniendo uso y los cinamomos en el tapial del Huerto del Carlos apenas dejan ver las primeras yemas.

img

Papas al ajo pollo

Mi madre viene de la tienda de la carbonera de la calle Gumiel de San José, trae un litro de aceite a granel y media docena de arencas para acompañar las papas en ajopollo que tenemos para el almuerzo. Nunca supe el por qué del nombre de esta comida, pues por mucho que movía y removía las papas el pollo por ningún sitio aparecía.

Miguel Vicente Prados.

Publicado en Vivencias en el Albayzín | 2 comentarios

SAN NICOLAS, UN MOSAICO DE PEQUEÑAS HISTORIAS


barrio-de-albaicin_510044En el  mismo centro de ese poliédrico barrio, entre verdes aristas y mil blancas caras, luce desde 1524 la Iglesia de San Nicolás. Emplazada en lo más alto de la Alcazaba Cadima preside en todo momento la vida en el Albayzin; esbelta y siempre blanca fue una de las primeras iglesias que se levantaron tras la conquista de Granada. La fatiga de la guerra y la penuria económica no fue óbice en la evangelizadora obsesión de la católica reina. 422270_261245267320776_997176239_nSi consultáis las múltiples guías de Granada, siempre se os dirá que la iglesia de San Nicolás tiene escaso valor artístico, pero somos muchos los que discrepamos en tal asunto. A medio camino entre un gotiquillo tardío y un mudéjar desvaído, la iglesia es un claro exponente de la arquitectura morisca del barrio, graciosa y humilde hunde sus cimientos en lo que fue la antigua aljama de la vieja alcazaba.

IGLESIA DE SAN NICOLAS

Iglesia de San Nicolás

El maestro Rodrigo Hernández junto a los sabios consejos de los alarifes albaicineros, dirige las obras que comienza  en 1501 y tras un febril trabajo constructivo culmina en el año 1522.

Plaza de San Nicolas 1922.Acuarela de Aperley

Plaza de San Nicolás 1922.Acuarela de Aperley

IGLESIA DE SAN NICOLAS

Iglesia de san Nicolás, con su nueva puerta clasicista a finales del siglo XIX.

Llama la atención  su pretendida sencillez, de planta rectangular y con una sola nave sin capilla mayor, se divide en  cuatro tramos  por arcos ojivales, los dos tramos de la cabecera están cubiertos por bóveda de  piedra, mientras  que los  pies están cubiertos por una armadura de madera, en los laterales al cobijo de los estribos de los grades arcos nace cinco airosas capillas por cada lado. La puerta principal es un arco apuntado que se sitúa en los pies, y  también existe otra entrada accesoria de igual factura localizada en su costado septentrional.La noche del 21 de febrero de 1828 un rayo cayó sobre el templo, produciendo un importante incendio que causo grades daños en la estructura y en su patrimonio artístico. Posiblemente para darle solidez al edificio se cerraron las antiguas puertas, abriéndose una nueva de estilo clasicista que mira a los palacios nazaríes. Adosada al ángulo izquierdo de los pies de la iglesia, emerge con naturalidad, desde 1543 su blanca torre que remeda los alminares hispano-musulmanes, decorada con  escudos del Arzobispo Niño de Guevara se ha convertido en uno de los iconos paisajísticos del barrio.

PLAZA DE SAN NICOLAS CON SU CRUZ ANTIGUA

Plaza de San Nicolás con su antigua cruz

La iglesia realizada en ladrillo, forma un conjunto de volúmenes limpios y sencillos, donde el rojo almagra de sus aleros e imposta perfila y da vida a  sus encalados muros y tapiales.

-El 12 de agosto de 1931 viviste la noche más triste de tu dilatada vida, un grupo de jóvenes y enajenados anticlericales te pegaron fuego por los cuatro costados, con asesinas hachas violentaron tu sólida puerta, te fueron arrancando confesionarios, bancos, estera e imágenes para hacer en el centro una gran pira que ardió como la tea.

10703535_277219712489352_8597193931287125335_n

La iglesia tras el incendio de 1931

Las llamas te devoraron las entrañas, viste como se derretía el oro de tus retablos, y como tus santas imágenes se convertían en  ingrávidas pavesas, por tus amplios ventanales el negro humo salía a borbotones. Presenciaste como tu santo titular fue profanado, mutilado y finalmente arrojado a un balate, también viste como se derrumbaba  la sobria cruz que siempre presidió tu plazoleta. La pesadilla duró toda la madrugada y al amanecer sólo quedó en pie una negra torre y unos tambaleantes muros perimetrales. Fue una aciaga noche de verano, de la que todos los granadinos no dejaremos de arrepentirnos. 300728_2563485804349_1170218818_33136936_1939379065_n La iglesia de San Nicolás se convirtió en un solar abandonado que fue utilizado como cantería y vertedero. Durante la guerra civil se limpió el solar y se realizaron algunos trabajos de consolidación. Durante la posguerra también se realizaron esporádicamente algunos trabajos de rehabilitación, hasta quedar totalmente techada en 1942. En una tercera etapa  impulsada y financiada en parte por la cofradía de Santísimo  Cristo de la Misericordia  se retomaron los trabajos de restauración que concluirán con la apertura de la iglesia al culto en 1985, pasando a depender de la parroquia de San José y siendo su párroco el sacerdote, escritor y poeta don Juan Sánchez Ocaña.

En su dilatada historia la  iglesia de San Nicolás ha sido mil veces herida de muerte, pero siempre ha sabido resurgir de sus propias cenizas para ser el inmaculado emblema de todos los albayzineros. Nos contaba Francisco Izquierdo, con su característico desparpajo, que todos los santos tienen peana, pero que la de San Nicolás es formidable y vaya razón que tenía el escritor albaicinero. Una maraña de calles que suben y bajan para siempre llegar al mismo sitio, un desorden ordenado que va formando un rosario de tejadillos, azoteas, cipreses y floridos rosales que culmina en la plaza de de San Nicolás, con  esa soberbia cruz que con tanto acierto nos obsequio Gallego Burín “El alcalde de Granada”.27538112   Para los creyentes, el interior del templo encierra lo extraordinario, pero su exterior no es menos sobrenatural, se asoma a esa explanada que es la plaza de San Nicolás, bautizada con buen criterio como el balcón del Albayzín. Fantástica vista donde, de un verdinegro nacen rojos muros que crecen para transformarse en doradas torres y ricos palacios; a la izquierda en un segundo plano el blanco Generalife, agazapado y siempre temeroso del gran macizo helado, mira de reojo a la Alhambra; y a la derecha en el profundo llano se encuentra la trajinante y voraz ciudad con sus ruidos y contaminación, sin dejar de engullir a esa serena vega, que cubierta por un azulado velo parece ajena a su fatal destino. 734956_400693466684566_1692830167_nEl 6 de diciembre se celebra el día del bendito San Nicolás de Bari, los  granadinos de finales del siglo XIX se preparan para subir en romería al alto Albayzín. Labriegos de la vega junto a señoritos de la ciudad, unos descalzos, otros con cirios y los más con sus exvotos bien apretados entre sus manos, escalan con júbilo las torcidas calles que les llevarán a la anchurosa plazoleta sobre la que descansa la morada del Santo Bueno. Los peregrinos van ocupando los duros poyos de piedra, mientras descansa, disfrutan de las espléndidas vistas, y los más se entretienen en cuitas ajenas al evento. Puestos de barretas, de bollos y aguadores que con cristalinos vasos venden el agua celestial del aljibe de San Nicolás. 10246497_650042758377035_7279788114285207027_n En 1970 el escultor Salazar realiza una soberbia talla del Santo  que colocan en el altar mayor. Relegando la antigua imagen “San Nicolás viejo, el milagroso” a una capillita. Decisión que no agradó a los albaicineros que lo consideraban más milagrero, como lo atestigua las paredes de su capilla que estaban completamente abarrotadas de exvotos.  Afán Ribera desde su carmen de las Tres Estrellas nos deleita con la historia de aquella joven, vecina de de la calle Oidores, de preciosa melena, envidia de todas las mocitas del barrio. Un día a su novio lo llamaron a filas y tuvo que embarcar para Cuba. La desolada muchacha tuvo un inquietante pesadilla, soñó que su prometido se estaba ahogando en un mar embravecido, y en el último instante se aferró a su larga cabellera salvando la vida. Tanto le afecto la onírica angustia que un día se cortó la trenza y como exvoto  se la ofreció a San Nicolás el Viejo.

SAN NICOLAS MAYO 1933

Plaza de San Nicolàs en mayo de 1930

Pasados unos meses corrió la noticia que los licenciados habían desembarcado en Santander, todo el mundo augurando una dulce boda, dio su enhorabuena a la casadera. Pero la historia tenía guasa, el intrépido galán sí que se agarró a los encrespados pelos de una mulata de la Habana. La desesperación de la pelona novia fue grande, lo mismo que su venganza, hubo palabras, arañazos y la desengañada se trajo entre sus uñas un buen manojo de rizos mas bien lanudos que sedosos. Cuenta las malas lenguas que se los colocó a manera de tupé para cubrir la desnudez de su cabeza. Y pasadas unas semanas los arrancados rizos aparecieron colgados junto a los suyos en la capillita de San Nicolás milagroso.

62281_109999489163623_24942607_n

El aljibe de San Nicolàs, cuadro de G.Aperley

Se puede decir que junto a la Virgen de las Angustias es San Nicolás el santo más querido, y prueba de ello es la manifestación religiosa que se realiza cada día 6 de mes y durante todos los meses del año, devoción que se ha ido trasmitiendo de generación en generación. Cuando quemaron la iglesia los peregrinos seguían acudiendo a visitar al santo en la vecina parroquia de  San José. Los que hemos vivido en el Albayzín aún recordamos a nuestras abuelas y madres cuando cada seis de mes asistían con fervor a la novena de San Nicolás. El San Nicolás que a mí me toco vivir fue el de los años sesenta, pasado el tiempo casi todos coincidimos en que fue durante la infancia cuando realmente conocimos la felicidad.

312442_241687845866275_3668655_n

El aljibe de San Nicolás y los alumnos de Colegio Gòmez Moreno

La plaza de San Nicolás fue mi segunda casa, sitio de juegos y encuentro de amigos, en sus agujereado poyo he pasado muchas horas de mi vida, aún recuerdo la primera calada a ese clandestino cigarrillo comprado a medias, el crujir de las pipas, el retumbar de los petardos, el pedir prestada una bicicleta para dar una vuelta, las vivencias de mi amigo Mariano cuando un día acompañando a su madre al misterioso estudio de Apperley, pudo admirar cientos de cuadros de mujeres desnudas, y aún siento el vuelco en mi estomago al mirar aquella niña de pelo largo y falda plisada. El tumbarse boca arriba sobre los fríos bancos y ver un cielo cuajado de estrellas, un tiempo para soñar y poder coger el futuro con las manos.

BONITA FOTO DE UNA QUERIDA Y LLORADA VECINA

Bonita foto de una querida y llorada vecina

-Aquella antigua puerta clausurada de la iglesia que nos servía de frontón;  la inclinada explanada de enfrente, lugar adecuado para practicar el fútbol y romper los “gorilas” de la temporada. Ese pilar de dos caños, adosado al aljibe, que tantas veces  refrescó nuestra sedientas fauces. Abrevadero de lujo para burros, perros, gatos y otros animales. La resbaladiza bóveda del aljibe, que con esfuerzo introduciendo los dedos y las punteras entre los ladrillos tratábamos de escalar y coronar la cima, y a la postre desbancar a ese niño más hábil que nosotros, que pisándonos las manos y con malas artes nos dificultaba la ascensión. 422731_288916317828320_100001298637260_713638_1951564230_nTodos estamos orgullosos de ir a las escuelas de San Nicolás. Pobre Gómez Moreno que siempre se quedó olvidado en el dintel de la puerta de nuestra querido colegio. Fue la plaza de las pinturas al aire libre, la de los castillos de fuegos artificiales, la de música y verbenas, la de los turistas extravagantes, la de eventos imposibles, la del puesto de membrillos y almencinas, la de esa vieja con raída cesta de mimbre y siempre repleta de chucherías, la del solitario junto a su farola, la del soñador, la de los rodajes de cine y la de los buenos vecinos que se reúnen en torno una fresquita sangría, la del bebé con su abollado tacatá, la de las modistillas, la de la abnegada madre que cuida a su prole, la del padre que se aísla de la rutina familiar, la del borracho que bebe para olvidar, la de las parejas que buscan la penumbra y la del viejo que siempre tiene frío.

11

Alrededor de una fresca sangria

Así fue la plaza que yo conocí. Muy diferente a la que vivieron mis abuelos, mis padres, mis hijos y la que disfrutarán futuras generaciones, pero en todas las épocas no lo dudéis este buen Santo que un día llegó al barrio para quedarse, sabrá proteger y velar los sueños de todos los albayzineros.

430923_2634962171480_1560859691_n

Lugar de meditacion

MANUEL VICENTE PRADOS

Publicado en Historia del Albayzín | 8 comentarios

AMOR RIFEÑO 1921 ( Primera parte)


AMOR RIFEÑO 1921

albaicin

Esta historia pudo desarrollarse en cualquier lugar del barrio, los nombres de los personajes no quedaron registrados en la reseña periodística, aunque en la base fue real.

 

1921.

Esta es la historia de un hombre, de un albaicinero que en tierra extraña, solo, desesperado y cautivo en mitad de una guerra cruel y despiadada halló la felicidad, y la de una mujer generosa que dejó familia, religión y patria para vivir una historia de amor con un soldado que luchaba contra su pueblo.

Plaza del Salvador año1920

Plaza del Salvador año 1920

 

La que en otro tiempo había sido mezquita mayor albaicinera se encontraba repleta de gente, El Salvador era un bullir de vecinos dispuestos a dar la enhorabuena a los contrayentes. Amina que era como en realidad se llamaba la novia, pasó a llamarse María, al tomar la religión de su futuro marido, Bartolomé, calderero en sus años mozos.

maric3a0_fortuny_-_the_battle_of_tetouan_-_google_art_project

Guerra de Marruecos

 

De 1859 a 1860, España había estado en guerra con el sultanato de Marruecos en la que se llamó la primera guerra de África o de Marruecos, que se saldaría con una gran victoria española, habrían de pasar 51 años para que España estuviera en conflicto con esta parte de África. Del 8 de Junio de 1911 al 27 de Mayo de 1927 España estuvo en guerra junto a la república Francesa contra la república del Rif, norte de Marruecos formada por una confederación de tribus rifeñas, en lo que se llamaría, segunda guerra de África.

Adolf_Schreyer_-_1_Arab_Horsemen_On_The_March

Tribus rifeñas

 

 

En 1919 Francia cedió a España el 5% del territorio que administraba unos 20.000 Km. cuadrados lo que dio origen al protectorado español, de 1912 a 1921 las cabilas del norte de África lucharon más o menos unidas pero sería en 1921 cuando nacería la república del Rif que agruparía a más de 45 tribus rifeñas de ahí hasta 1927, fecha de su disolución por el ejercito español, que se desencadenaría una guerra sin cuartel.

cargaalcantara

Carga de la caballería española

 

Ante la nula evolución de la guerra en Marruecos y la continua sangría que generaba, el comandante de infantería Millán Astray llegó a la conclusión de que hacía falta una fuerza de infantería ligera de intervención rápida y profesional que supliera las tropas de reemplazo a imagen de la legión extranjera francesa. Así nació el tercio de África, el tercio de Marruecos o simplemente la “legión” que desde 1921 a 1927 actuaría en ella poniendo punto y final a esta guerra.

7768765

Millán Astray

 

En el Albaicín granadino la vida fluía plácida, Bartolomé se crió en la calle jugando con sus amigos, todas las calles albaicineras estaban dentro de su radio de acción de Fajalauza a San Cristóbal, Plaza Larga, San Nicolás y Plaza de San Miguel Bajo donde contaba con muchos amigos y el Zenete donde vivía su abuela materna. La necesidad de la familia requirió que ingresara en un taller para aportar algo de dinero a la casa, después del breve paso por la escuela. Fueron días de alegría y juergas con sus compañeros de trabajo, después lo llamarían a filas y todo cambió, se estaba desarrollando una guerra y la patria lo necesitaba, así es como se encontró metido en aquel avispero.

724px-Fantasia_Arabe_-_Arturo_Michelena

Caballería rifeña

 

 

Poco más que instruirlo en el manejo de las armas y fue enviado a África, él sabía muy bien el desastre que son las guerras pero ahora lo vivía en primera persona. Marchas agotadoras siempre con el miedo a un ataque enemigo que conocía mucho mejor el terreno, preparaba emboscadas y aparecía y desaparecía como salido de la nada. En uno de esos ataques su compañía entera cayo en poder del enemigo mediante una hábil maniobra envolvente de éste. Nunca más supo de sus compañeros de armas.

regulares_ultimrec

Ejército español

 

El había sido hecho prisionero de guerra y quedaba en manos de un personaje principal de una de las tribus, lo llevaron a una celda que más que una celda era un corral de ganado y allí quedó encerrado, al cabo de un día se presentó el jeque Cabileño y le dijo: “ has tenido mala suerte, y has caído en mi poder no esperes de mi ninguna benevolencia, estarás aquí preso sin comida ni agua y dentro de una semana si no has muerto, yo te daré muerte con mis propias manos”, y como había llegado se fue.

36479840

Bartolomé

 

 

A eso de las doce de la noche cuando toda la casa estaba a oscuras de improviso sintió como abrían la puerta y un escalofrío recorrió todo su cuerpo, cual no sería su sorpresa cuando vio entrar a una mujer portando un candil en una mano y un saco en la otra. “No temas soldado vengo a remediar tu desesperación y le ofreció comida y una cantimplora”, al principio el receló un poco pero luego comió con avidez los alimentos bebiendo grandes tragos de agua.

14371513103_1c5eafc44a_m

Amina

 

 

Ella le dijo “no temas nada de mi estoy en esta casa quería ayudarte, vendré todas las noches, hasta mañana” y se fue. Ella no era otra que la hija del jeque que mientras su padre y hermanos dormían había decidido ayudar a aquel soldado que tan digno y apuesto le había parecido cuando lo traían a su aldea rodeado de rifeños fusil en mano.

792347_f520

Calabozo rifeño

 

Los días pasaban en soledad y el tiempo para pensar era mucho, recordó las noches de verano al fresco en la plaza de San Nicolás, los vecinos en sus sillas de anea en las puertas de sus casas en animada charla, aquel día en el que contando historias de miedo se les hizo de día y como la Alhambra emergía de las sombras como un barco varado en mitad de la Sabika, unos juegos infantiles y las veces que su madre le reñía por llegar con los pantalones rotos de tanto tirarse a rastras desde lo alto del aljibe.

 

Todo esto terminaba cuando llegaba ella con la comida y el agua, así un día tras otro hasta que se cumplió la semana y el jeque se presentó, al ver que no había mermado mucho y estaba lejos de la muerte, sospechó que alguien había ayudado a aquel hombre pero sospechó de todos menos de su hija Amina y mandó poner guardias en la puerta.

4653217672_3bb5ab6f9f_m

Jefe Cabileño

 

Desde aquel momento fijó fecha para su ejecución, mañana por la mañana con la salida del sol y se marchó.

Su hija estaba detrás de la puerta y oyó la exclamación de su padre, más guardó silencio. Durante la noche al llegar Amina a la hora de siempre, pero hacerlo por un hueco camuflado en la parte posterior de la estancia, Bartolomé se sobresaltó, más al adivinar la silueta de Amina el sosiego volvió a su cuerpo.

 

afuertes01

Amina

Ella le dijo que había estado tras la puerta cuando su padre ponía fecha a la hora de su muerte y ahora venía a ofrecerle un trato, estaba dispuesta a dejarlo escapar y a librarlo de una muerte cierta si la llevaba a España y se casaba con ella, a Bartolomé les pareció que no tenía nada que perder y si mucho que ganar además aquella mujer tenía algo que le atraía como un imán y aceptó.

Amina traía consigo ropa rifeña, agua y comida suficientes para varios días de viaje, así que no dudó un momento de que Bartolomé aceptaría el trato en la quietud de la noche sigilosamente y sin hacer ruido salieron por el agujero de la parte posterior de la estancia que había sido testigo de los juegos infantiles de Amina y sus hermanos y se alejaron de la casa.Viajaban de noche y se ocultaban de día por temor a que alguien los reconociera, ella como buena conocedora del país, hacía de guía, algunas veces escuchaban ruidos extraños y se quedaban inmóviles tras alguna roca, al fin llegaron a la costa y el mar se presentó ante ellos en toda su inmensidad. Pensaron nunca podremos atravesarlo, cuando de pronto divisaron una columna de jinetes rifeños……………….CONTINUARA

 

JESÚS EXPÓSITO MARÍN

9630689392_492dde2cfd_m

Partida hacia España

 

Publicado en Historia del Albayzín | Deja un comentario

AMOR RIFEÑO 1921 ( Segunda parte)


479754_114669678696604_210299748_n

Pensaron, nunca podremos atravesarlo, cuando de pronto divisaron una columna de jinetes rifeños, el miedo a ser descubiertos y enfrentarse a una muerte segura los llevó a adentrarse en el mar, para nadar y nadar sin volver la vista atrás, desesperadamente como si les persiguiera el mismísimo diablo, cuando se dieron cuenta no divisaban tierra alguna, de súbito Amina observó una aleta en el agua y gritó desaforadamente, al instante Bartolomé giró la cabeza y dijo, no tengas miedo es un banco de atunes atraído por esta concentración de pesca. Un barco pesquero se disponía a lanzar sus redes cuando divisaron a los dos náufragos y los subió a bordo. Se pusieron ropa seca y contaron al capitán del barco ni más ni menos que la verdad, después de 30 días de pesca regresaron a su base que no era otro que el puerto granadino de Motril, allí descansaron para seguir su ruta a Granada donde le esperaba su vergel albaicinero.

Puente verde sobre el Genil, años 20

Puente verde sobre el Genil, años 20

Marcharon a la capital entre carros gracias a la hospitalidad de unos buhoneros que los dejaron acomodarse en uno de ellos, y cruzaron el puente que llamaban romano sobre el  río  Genil. Allí se despidieron de los buhoneros, siguieron hacia Puerta Real para visitar a la virgen de las Angustias, a Bartolomé se le llenaron los ojos de lágrimas, el run run de gentío estaba por doquier y el ir y venir de tranvías era constante, Amina admirada por tal espectáculo no dejaba de mirar de un lado a otro atónita, subieron por la calle Reyes Católicos con todos los toldos de las tiendas extendidos debido a los rigores del verano granadino.

Calle Reyes Católicos

Calle Reyes Católicos

 

Al final de la calle divisaron la Gran Vía a la izquierda con sus bancos, cafeterías, cines y sus opulentos edificios, hubieron de recorrerla casi en su totalidad para luego torcer a la derecha y por una bocacalle desembocar en la plaza del triunfo donde la Puerta de Elvira pareció decirle !Ya estás en tu barrio! Subieron apenas 20 pasos para entrar en el Zenete y abrazar por fin a su abuela materna. 

Él la presentó como su prometida y le habló de donde era ella y las circunstancias de su encuentro y del amor que ahora los unía, decidieron que Amina quedara allí en aquella casa y de inmediato marchara a ver a sus padre, a grandes zancadas subió la cuesta de Alhacaba en la Plaza Larga y se encontró a un gran amigo que sorprendido lo recibió con un fuerte abrazo.

Carril de la Lona

Carril de la Lona

 

La alegría fue tremenda y tanto la madre como el padre derramaron lágrimas de alegría, después de la euforia de los primeros momentos y que todos se hubieron calmado se impuso el sentido común, las noticias que

Gobierno Militar

Gobierno Militar

habían recibido decían que se encontraba prisionero, la primera decisión fue presentarse en el gobierno militar, allí quedaron perplejos de que un soldado español que rezaba como prisionero de guerra hubiera conseguido escapar y corriera a presentarse a las autoridades. En el intervalo de tiempo transcurrido entre su apresamiento y su viaje al Gobierno militar su reemplazo había sido licenciado y la legión se había hecho cargo de su sector, por lo cual ya era un civil más.

Plaza Larga

Plaza Larga

Subió a toda velocidad a dar la noticia a sus padres y al mismo tiempo a hablarles de aquella mujer a la debía su vida, y él ahora le dedicaría la suya, sus padres intentaron convencerlo de lo poco viable de sus intenciones al fin y al cabo ella está ilegalmente en España, más ante la tozudez de su hijo, entre todos tendrían que buscar una solución, después de hablar con el párroco del Salvador decidieron que el matrimonio era esa solución, algo visto con buenos ojos por los enamorados.

Calle de San Luis

Calle de San Luis

 

Amina siguió viviendo en casa de su abuela materna, hablaba con fuerte acento rifeño, salía muy poco a la calle e intentaba pasar desapercibida. El matrimonio debía celebrarse lo antes posible, con la mayor premura y en poco tiempo todo estaba preparado, él consiguió de nuevo su viejo trabajo en el taller de calderería y ella había preparado el ajuar, mientras alquilaban una casita enfrente de la iglesia de San Luis, el matrimonio se celebró en el Salvador, multitudinario y alegre, fue la culminación de un amor de película digna de Rodolfo Valentino.

1458554_10200154796630893_1044438712_n

 

 

En el Albaicín granadino se habló mucho tiempo de este gran acontecimiento, no se yo si pervive en el barrio el recuerdo de aquella extraña pareja. El matrimonio se celebró en 1920, han pasado muchos años pero puede que alguien en algún lugar haya oído esta historia contada por sus mayores, si no es así, yo os la cuento para disfrute de todo

                                 FIN

 Firmado:

Jesús Expósito Marín

Publicado en Historia del Albayzín | 1 Comentario