Crónica familiar


Algunos dirán que fue mentira, otro que lo que aquí se cuenta es la verdad, mas yo os digo que en esta historia cualquier coincidencia con la realidad, solo será el fruto de una mera casualidad.
Nos encontramos en la Granada de 1926, en una sociedad anclada en el pasado, que sueña con unas reformas políticas que acabe con las grandes diferencias de clase.
Nuestros lejanos abuelos maternos Miguel y Mercedes formaron la típica familia numerosa de tiempos atrás, sus siete hijos eran una bendición de Dios y regalo para su economía. Fueron épocas que criar a un niño no suponía gasto alguno, donde comen dos, comen cinco o siete y además la ropa pasaba de un hermano a otro, la formación era corta, a los 11años ya podían trabajar, colaborando con la economía familiar. Para nuestros antepasados tener muchos vástagos era una gran inversión y una rentable seguridad económica. Como han cambiado los tiempos, con el que esfuerzo que supone hoy en día sacar un hijo adelante,
El clan habitaba plácidamente en la localidad de Jun, pueblecito cercano a Granada, Miguel trabajaba en una fábrica de ladrillos y Mercedes bastante tenía con la crianza de tan numerosa prole.
Nuestro ilustren abuelo tuvo la suerte o desdicha “nunca se sabe” de tocarle la lotería sin jugar. De la noche a la mañana, un suceso cambiaría su vida. Una tía de su mujer, poseedora de una gran fortuna muere de repente sin herederos. La abuela Mercedes como una de las sobrinas directas recibe una importante suma de dinero.
En la vida suceden muchos acontecimientos, pero muy pocos trazan el cursos de ella, y este fue uno de ellos. Miguel se vio inmerso en una difícil encrucijada: invertir el capital heredado en la fabrica, donde trabajaba como encargado, convirtiéndose en un socio accionista o destinar ese dinero en la compra de una finca urbana, viendo de esta manera de las rentas de unos alquileres, como un autentico señorico.
Como hemos comentado anteriormente, nuestro ascendiente vivía en una sociedad marcada por la existencia de una gran diferencia de clases, había una clase alta, que no trabaja , viviendo solo de las rentas” los señoriítos”, a nuestro abuelo le seducía pertenecer a este selecto grupo de elegidos. Apoyado por la abuela Merche, se decidió por la aventura de cambiar de clase social. Esta gran equivocación, se convertiría en la semilla de un árbol que comenzó a crecer derecho y robusto, pero por causa de egoísmos, envidias y factores ajenos se dividió en múltiples ramas, que nunca se pudieron encontrar, unas dieron buenos frutos otras solo vanos y las mas frutos envenenados.
Miguel compra una esplendida finca urbana en el populoso barrio del Albaicin, situada en la calle Pilar Seco, ésta se encuentra adosada a otra propiedad vecina con entrada por el Camino Nuevo de San Nicolás.
Los vendedores le informan, que estas dos fincas pertenecen a una sola propiedad, pero por problemas de herencia se tuvo que dividir en dos y en estos momentos por razones familiares, urgía su venta completa, por lo tanto se le haría un buen precio (La historia se repite, como vemos hace 80 años los antiguos propietarios de la casa morisca sufrieron el mismo mal que nosotros en la actualidad, somos como un pequeño arco dentro de una gran circunferencia).
El patriarca, sin saberlo recoge el testigo de la discordia y la guerra fraticida, no puede rechazar tan ventajosa oferta, decide comprar la finca entera. Aunque el precio de la adquisición es superior a lo previsto, no le importa, será capaz de realizar un gran esfuerzo de austeridad y apretarse el cinturón una vez más. (Aquí vemos otra virtud inherente de los que hemos vivido en la Mancha Chica, sacrificarse, vivir con penuria y miseria, para poseer una gran finca, que sea el blasón de su poderío y progreso en esta vida.
Convencido de haber realizado una gran compra, el Abuelo Miguel junto a su agraciada familia, enfilan las primeras rampas de la cuesta la Alhacaba, que pasando por el carril de la Lona y calle de Santa Isabel la real, le conducirá a su formidable atalaya. Se siente como un autentico rey nazari, ya tiene su reino y los inquilinos de la finca sus agradecidos súbditos.
Todo es una fiesta, ha llegado al barrio de los reyes moros, una gran familia, que será un referente de buena hermandad, de señorío y resuelta economía, el gran Miguel, es un eficiente administrador, controla hasta la última perra gorda, dirige con mano firme su reino. La abuela Merche más dada al las relaciones públicas, apariencias y fantasías, sabe darle un toque de glamour a esta influyente familia.
La economía del reino de Miguel se basa en las exiguas rentas de los pisos en alquiler, y la taberna familiar, que el abuelo bautiza como de “La Mancha Chica”.
Pocos ingresos y muchos gastos, pero lo importante es la apariencia. (Los de la Mancha Chica también sabemos mucho de apariencia, somos unos auténticos maestros, algunos, tan perfecto que parecen camaleones).
Los propietarios del reino de la “Mancha Chica”, se creen unos privilegiados, posen una gran finca, cuando la mayoría de sus vecinos no tienen ni casa propia, hacinándose varias familias en un par habitaciones.
La familia vive con gran inquietud la preguerra, tienen miedo a que triunfe el comunismo y se le arrebate lo que ellos se merecen. Sin remedio la contienda estalla, el gran Miguel está aturdido, él siempre ha defendido la propiedad privada, “porque la tiene”. Pero sabe que vive en un barrio de rojos. Menudo problema, mas no importa, ahí está su querida esposa Mercedes La abuela era una autentica joya de la tragicomedia, lo misma encarnaba el papel de la Pasionaria, que el de doña Carmen Polo de Franco, sabia nadar y guarda la ropa. Una autentica celebridad en el arte de aparentar, disfrazar y enmascarar, supo rodear todos los acontecimientos de su vida de un halo de señorío inconfundible. Yo he tenido la suerte de escuchar la historias de la abuela, era una autentica contadora de cuentos, os aseguro que era impresionantes, sus historias eran fascinantes, cualquier hecho trivial lo sabia recubrir de una atmósfera de misterio y fantasía que te dejaba fascinado y enganchado hasta el final. Hasta el mismísimo Kent Follet es un aprendiz a lado de aquella querida abuela Mercedes.
Durante los tres años que duró el enfrentamiento bélico, Granada se mantuvo fiel al bando Nacional, la guerra pasó por el Albaizyn, a hurtadillas, a pesar de ser un barrio de izquierdas, solo se produjo algunos tiroteo, la quema de varias iglesia y alguna pasada de la aviación republicana. Acontecimientos de poca importancia comparándolos con las tremendas batallas que se libraron en el resto de España.
El uno de Abril de 1939, Franco pronuncia la famosa frase “españoles la guerra ha terminado”. Miguel escucha con satisfacción esta proclama, han ganado los suyos, los que defienden el orden y la propiedad privada. Cree que entraremos en un periodo de prosperidad y desarrollo. Sin darse cuenta que comenzaba a vivir uno de los periodos más nefastos de nuestra historia, la temible “Posguerra”.
La familia Prados Peregrina, afronta esta época de escasez, hambre, miseria y represión, lo mejor que pueden, la abuela mercedes hace volar su imaginación, y aprovecha todo lo que cae en sus manos, cuece la cáscaras de haba, añade agua a la leche, aparecen las famosas papas en bicicleta, las tortitas de harina, el abrigo raído se transforma según la temporada que toque en chaquetón, pantalón, etc., hasta terminar formando parte del gran edredón de invierno. Nada se ha de tirar, todo puede servir (Aquí nace esta costumbre que tiene la familia de guardarlo todo, posteriormente se le denominara síndrome de Diógenes).
En el hogar familiar (que conocen perfectamente los Vicentes, pues coincidimos en el espacio aunque no en el tiempo), la vida continua y los problemas también, los niños que se quedan con hambre, la ropa se le ha quedado pequeña, las riñas, los celos, las comparaciones y todas esas cosas que son normales entre hermanos, que con el paso del tiempo se olvida. Pero en la Mancha, esto no caduca, nunca se olvida y todo crece y se magnifica.
Paquita se ha hecho una mujer y parece que coquetea con un íntimo amigo de su padre. Son cosas de niña piensa él, que relación puede haber entre una persona de mi quinta y una niña en la edad del pavo. Pues si la hubo, y con su buen amigo su hija se casó. En aquella época de machismo era frecuente que el hombre fuera bastante mayor, el hombre buscaba la lozanía y belleza de la mujer joven, y la adolescente la estabilidad social y económica de un hombre mayor. De esta manera la primogénita abandona el hogar familiar.
El mayor de los varones también llamado Miguel, continúa en el clan familiar, se convierten en un referente de honestidad y bien hacer. Apoyado por sus padres lo quieren convertir en el autentico sucesor del abuelo, valía y entrega a la familia no le falta, pero desgraciadamente este vaticinio no se cumplirá, su reinado será breve y caerá destronado por la envidia y el egoísmo.
Miguel II es un hombre respetuoso, cariñoso, tolerante pero algo tímido, le cuesta abandonar el calor del hogar familiar. Pero como al poeta de triste aliño indumentario, recibió la flecha que le entregó cupido y amo, hasta que la muerte se llevo a su futura esposa. Por ser una persona de grandes sentimientos, aceptó o se enamoró de la hermana de su gran amor. Con la que fue feliz y tuvo unos buenos hijos que su ejemplo supieron seguir. Con esta segunda boda, se desligan del núcleo familiar los dos hermanos mayores, que debido al aislamiento espacial y sentimental se mantendrán al margen de las injusticias, envidias y luchas fraticidas que en la casa morisca se han de practicar.

CONTINUARA…

Manuel Vicente Prados

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